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Opinión
Etiquetas:   Presos de la libertad  

Los problemas del ludópata

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
sábado, 8 de julio de 2006, 01:44 h (CET)
Una mujer de Barcelona ha acaparado todas las portadas de los medios de comunicación en los últimos días, debido a su afición a conseguir dinero asesinando a mujeres mayores. Primero hacía amistad con ellas, y cuando subía a sus pisos, terminaba con sus vidas para robarles e irse a jugar con el dinero a las máquinas tragaperras. Eso nos ha contado todas las páginas de sucesos.

Remedios, la presunta asesina, ha sorprendido a todos su círculo de amistades. Todos sus vecinos, amigos y compañeros de trabajo se han mostrado muy sorprendidos por la noticia. De ser la persona más simpática, amable y trabajadora del mundo, que en público incluso reprochaba su actitud a las personas que jugaban en las tragaperras de su trabajo, ha pasado a ser una ludópata y asesina en serie.

Tal vez, y sólo tal vez, no tenga la culpa de todo...la mente humana es muy compleja, es posible que este triste suceso nos haga recapacitar a todos. Incluso me atrevería a decir que, quizás, la enfermedad del juego que ha desarrollado Remedios ha sido buena parte de culpa el Estado. Ese que recauda miles de millones cada año en la lotería que juega la gente, con más ilusión que realidad… excepto unos pocos.

No somos pocos los españoles, y me incluyo, que cada semana sellamos un boleto de lotería que nos permita salir de la mediocridad, del trabajo temporal y poder aspirar a una vivienda digna. Algunos desde la apuesta mínima de un euro hasta verdaderas barbaridades en forma de “apuestas seguras”, a fin de desmontar un sistema casi perfecto, con más gastos que beneficios. Es entonces cuando algunas personas se obsesionan, se gastan el sueldo mensual en el juego y arruinan a sus familias en el mejor de los peores casos. Los casos más extremos son por ejemplo el de Remedios, que ha terminado asesinando para conseguir dinero e ir a jugárselo, como el drogadicto que roba para curar su mono.

Espero que haya un antes y después de esta oleada de asesinatos. Por una parte se debería mejorar sustancialmente la calidad de vida de la gente mayor, en ocasiones demasiado abandonados a su suerte. Y después tratar de solucionar el problema del ludópata, un negocio autorizado por el Estado, y empezar a retirar de los bares las ruidosas y molestas máquinas de perder dinero. Es posible que al gremio de la hostelería no les haga mucha gracia, pero que es más importante, ¿el beneficio de unos pocos o la desgracia de muchos otros?

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