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El G-8 ya tiene decidido casi todo

Dmitry Kosirev
Redacción
viernes, 7 de julio de 2006, 01:57 h (CET)
Aunque queda poco más de una semana antes del comienzo de la reunión en la cumbre del G-8 en San Petersburgo (15-17 de julio), ya se puede decir que ésta se ha realizado. Ello se hizo claro tras el encuentro preparatorio en el que fue coordenada definitivamente su agenda.

Fue en la reunión celebrada en Moscú, en el palacete de Spiridonovka, perteneciente al Ministerio de Exteriores de Rusia, por los cancilleres de Rusia, Italia, Alemania, Gran Bretaña, Japón, Francia, Canadá y EEUU y el titular de Exteriores de Austria, país que actualmente preside la Unión Europea. Por primera vez en la historia del G-8, el encuentro transcurrió bajo presidencia de Rusia, y también va a ser Rusia la que presida la cumbre.

Al G-8 lo llaman “club”, pero en realidad el Grupo tiene todas las características de una pletórica organización internacional. La diferencia consiste en que el club sólo celebra periódicamente reuniones, mientras que la organización funciona durante todo el año, y las reuniones en la cumbre son parte de gala de tal labor.

El G-8 es interesante tanto por sus sesiones de ministros de Hacienda y otros miembros de Gobierno, las que se organizan durante todo el año, como por sus “filiales”. Por ejemplo, existe un grupo de representantes de las Academias de Ciencias nacionales, el que consulta a los líderes del G-8 en cuestiones de la lucha conjunta contra las epidemias y en temas de educación; o también el Foro internacional de organizaciones no gubernamentales, el G-8 Civil 2006, que estuvo sesionando en Moscú entre el 3 y el 4 de julio.

Todos estos foros están elaborando ideas, que luego se incluyen en los documentos finales de la cumbre anual. Dichos documentos en esencia representan en sí compromisos de realizar uno u otro programa de acciones, que asumen voluntariamente los ocho países del Grupo. Su cumplimiento es un asunto de honor para ellos.

En lo que concierne a los documentos finales, Rusia en su condición de presidenta ya a comienzos de invierno preparó proyectos de documentos en todos los temas fundamentales que se debatirán en la cumbre. Luego los proyectos en cuestión fueron analizados por los ocho Gobiernos. La reunión de los ministros de Exteriores que acaba de celebrarse en Moscú puso punto final al debate. Tran la conclusión de la cumbre el Ministro de Exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, informó que están coordinados los documentos de la reunión en la cumbre del G-8 en los tres temas prioritarios: seguridad energética, enfermedades infecciosas y desarrollo de la enseñanza pública.

Como un auténtico diplomático, Lavrov añadió: “Hemos entrado en la fase decisiva de la preparación de la reunión en San Petersburgo”. Según él, los documentos están coordinados “en general”. No hay otra manera de decirlo hasta que al pie de dichos documentos no pongan sus firmas los ocho líderes del G-8. Pero en la historia de este foro y la mayoría de los demás son contados los casos de introducirse enmiendas cuando quedan apenas unos días hasta la firma.

Pues ya se sabe que como resultado de la reunión en San Petersburgo se emitirán tres declaraciones conjuntas sobre los temas mencionados, así como sobre los problemas de corrupción, el desarrollo del comercio y los productos falsificados. En cuanto a estos últimos temas, también está coordinado todo, dijo Lavrov.

Anteriormente, al conceder una entrevista él señaló que el objetivo del encuentro de ministros consiste en “aligerar” la agenda de la cumbre. O sea que a los líderes del G-8 les debe quedar tiempo para debatir también otros problemas: de Irán, Oriente Próximo y otros. Pero todavía puede decirse mucho respecto a lo coordinado y “casi firmado” y hasta sostenerse debates. Unos ejemplos de esa “diplomacia de matices” se dieron en la reunión de Moscú, en su tema clave, el de energía.

Rusia se manifiesta a favor de introducir reglas únicas para todo el mundo en el mercado energético. El país seguirá garantizando firmemente los suministros de agentes energéticos, como lo hacía a lo largo de los últimos 40 años, pero también quiere que se le garantice lo seguro de la demanda. “No hemos infringido ningún contrato ni por un gramo, ni por un milímetro cúbico, y queremos que ello se justiprecie y que tengamos clientes también fiables”, dijo Lavrov.

La secretaria de Estado de EEUU, Condoleezza Rice, al parecer, dijo lo mismo, pero en realidad habló de otra cosa: de que debe garantizarse el acceso abierto a recursos energéticos a través de los mecanismos de mercado y que hace falta mantener suministros de agentes energéticos en pie de tales mecanismos, sin guiarse por motivos políticos.

Es fácil notar que Moscú se refiere de hecho a las garantías de estabilidad mutuas que deben dar los Estados, a la responsabilidad que debe asumirse a o largo de toda la cadena suministrador-cliente- país de tránsito; mientras que Washington habla de los mecanismos de mercado llamados a garantizar el acceso a los recursos energéticos.

Según manifestó Rice, los documentos de este tema preparados para la reunión en San Petersburgo satisfacen a las dos partes( bajo éstas se entienden Rusia como suministradora de agentes energéticos, y los demás miembros del G-8 como clientes). Sólo queda ver cómo va a realizarse en la práctica lo acordado.

Presentan interés las palabras de Rice “países industrializados” que figuran en las manifestaciones que ella hizo en Moscú, hablando de aquellos Estados que necesitan agentes energéticos. Es que durante los últimos años, en la ideología del G-8 se acentúa la atención que sus miembros dedican a otros países, que no son del “club”. Además, Rusia mantiene en ello una posición quizás aún más activa que otros. Los líderes de los principales de esos países –China y la India– estarán presentes en la cumbre, casi por tradición.

No cabe duda alguna de que las decisiones que se tomen en la cumbre respecto a las cuestiones de epidemias y enseñanza pública estarán orientadas a los intereses y necesidades de los 190 y pico países del mundo. Queda por ver cómo el G-8 logrará hacer lo propio con el problema más candente, el energético.

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Dmitry Kosirev, para RIA Novosti.
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