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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El metro de la muerte

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 7 de julio de 2006, 01:57 h (CET)
Comenzaba la primera semana de las vacaciones de verano, las rebajas atraían a la gente hacia los grandes almacenes y el centro de la ciudad aparecía engalanado con banderas vaticanas junto con algunas donde los disidentes hacen saber a Benedicto XVI que ellos no le esperan. Muy poco recordaban que ese 3 de Julio se cumplían nueve años de una tragedia que también puso el nombre de Valencia en las primeras páginas de la prensa. Nueve años antes 18 trabajadores de los astilleros valencianos habían muerto mientras trabajaban en la construcción de un buque. Ahora la tragedia iba a superar la anterior. En esta ocasión 4l personas han dejado su vida entras las viejas traviesas de madera y balastro de la línea número 1 del metro de Valencia.

Pasaban pocos minutos de la una del mediodía y los vagones del metro comenzaban a vibrar como en otras ocasiones. Los usuarios, acostumbrados a estos tembleques, notaron algo extraño, el metro, en realidad un tren de cercanías, iba más acelerado de lo habitual. En escasos segundos la muerte se hizo presente, los vagones volcaron y las vías hicieron el papel de guadaña segando vidas y miembros de sencillas gentes que volvían a sus domicilios de los pueblos que circundan Valencia después de pasar unas horas en la capital. Cuarenta y un convecinos nuestros nunca volverán a coger ese metro que une los pueblos del norte y sur de la ciudad.

Bomberos, policías, sanitarios y protección civil se movilizaron al instante y la primera visión que tuvieron del escenario del accidente fue dantesca, pero gracias a su rápida actuación muchas personas no han engrosado la enorme lista de fallecidos. En poco momentos la prensa de todo el mundo se hizo eco del suceso. El fantasma del atentado flotaba en el ambiente pero rápidamente las autoridades deshincharon esta hipótesis. El delegado del Gobierno desde el primer momento habló de exceso de velocidad que ha sido, al parecer, la causa del siniestro.

Ahora, cuando el llanto y el dolor todavía están a flor de piel, es hora de pedir responsabilidades y poner los medios necesarios para que nunca más los valencianos tengamos que lamentar situaciones como esta. La línea número 1, la misma que ahora ha sufrido el accidente, ya fue noticia en el pasado Septiembre por un triple choque. Entonces sólo hubieron heridos, las autoridades hablaron de “un cúmulo de circunstancias” y el Conseller responsable todavía no ha acudido a la sede parlamentaria para dar las explicaciones pertinentes. Pero alguna falta de seguridad verían cuando en mayo el Gobierno autónomo aprobó un plan de mejora valorado en varios centenares de euros a invertir el próximo año.

En pocas horas los expertos han dictaminado que la causa del accidente fue el exceso de velocidad, el tren entró en la curva a 80 kilómetros a la hora cuando está señalizado que debe hacerse a la mitad de esa velocidad. Las culpas se las ha llevado, como siempre, el más débil, el conductor, fallecido en el accidente. Pero creo que los valencianos tenemos derecho a conocer toda la investigación y a que se tomen las medidas oportunas para que una tragedia como esta no vuelva a suceder. En esta línea, quizás la más utilizada, no existe un sistema de frenado automático y somos muchos los que nos preguntamos ¿ por qué?.

Quizás la respuesta a esta pregunta la podemos encontrar en esa ciudad de cartón-piedra que el Partido Popular ha hecho de Valencia y de toda la Comunitat. Aquí en los últimos años ha primado la grandilocuencia, las grandes obras, muchas veces sin saber para qué, la foto de las autoridades para la posteridad. El metro, recuerdo que es un tren de cercanías, está oculto, no se ve, no sirve para la promoción política más allá del día de su inauguración, después queda olvidado. Hoy nos que la tristeza de los muertos y heridos, para sus familiares mi solidaridad, mañana tendremos que empezar a pedir las oportunas responsabilidades políticas a esas autoridades más dadas a los grandes fastos mundanos que a dar a sus conciudadanos una mejor calidad de vida.

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