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Etiquetas:   El espectador   -   Sección:   Opinión

Arzalluz, el etarra frustrado

Jorge Hernández

jueves, 6 de julio de 2006, 01:32 h (CET)
En los últimos años se me había olvidado prácticamente la existencia de Arzalluz, uno de los personajes de la política al que, lo reconozco, le tengo más tirria. Era un alivio, ciertamente. Incluso pensé que el retiro de la vida pública le habría civilizado. Pero el otro día le oí y me hizo gracia. ¡Está tan montaraz como siempre!. Arzalluz ha dado muchas tardes de gloria a la cosa esta del periodismo. Perlas suyas son aquellas como que los españoles iban a vivir en Euskadi como los alemanes en Mallorca, dijo que habría que ir a tomarse , para "demostrar" que no había peligro, o cosas como el RH, o como el tamaño de los fémures, o la forma de los cráneos para distinguir a los vascos de los españoles... Vamos, algo así como cuando distinguieron a los hutus de los tutsis por el tamaño del puente de la nariz. Nos ha dado tardes de gloria el amigo Arzalluz.

Ha comparecido Arzalluz en los juzgados a cuenta de la trama de extorsión
etarra y de las eventuales implicaciones del PNV en la misma. Hacía tiempo
que no lo pasaba tan bien. Este chico, ya mayor, que estudiaba para cura en Alemania, es el del árbol y las nueces, ha sido, en mi modesta opinión, el principal responsable de que ETA no haya desaparecido de la faz del País Vasco hace décadas.

¿Por qué? Porque, si no inspirador, ha sido uno de sus principales cómplices políticos. Desde siempre, desde el comienzo de la historia de la democracia de este país, desde 1978. Este señor ha utilizado siempre a ETA para conseguir sus discutibles objetivos políticos, en mi opinión inmorales.

Y hablo de este señor, que ha sido casi cura, aunque es verdad que se podría hablar de otros, como Setién, que fue obispo, repartía hostias, y ambos pensaban lo mismo. Como decía, qué gusto verlo en el juzgado. Fiel a sí mismo, genio y figura, cabreado, ha dicho: ¡Cuidado!, que se está
persiguiendo el nacionalismo, que podemos impugnar la Constitución. ¡Pues
venga, que lo hagan! ¡Sería un placer inenarrable!

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