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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

¿Un buen pleito o una mala compostura?

Serguei Karagánov
Redacción
miércoles, 5 de julio de 2006, 02:11 h (CET)
En apariencia, el clima que preside las relaciones Rusia-Occidente y las ruso-norteamericanas, se ha agravado a fondo. Desde la óptica de Moscú, la iniciativa parte de EEUU. Pero la propia Rusia espolea en grado sumo la idea sobre el empeoramiento de las relaciones ruso-norteamericanas. Los medios de comunicación, incluyendo los oficiales, por poco están exacerbando los ánimos antinorteamericanos.

Está claro que la propia política norteamericana suscita pocas simpatías, como nunca antes. Además, Rusia y EEUU rivalizan directamente en varias regiones: la Transcaucasia y, en un grado menor, en Asia Central y Bielorrusia. El posible ingreso de Ucrania en la OTAN ensombrece las perspectivas de las relaciones. En orden preventivo, Rusia comenzó a activar las alianzas en Asia, en las cuales se reforzaron solapadamente las matizaciones antinorteamericanas o antioccidentales. La extensión podrá torpedear toda la cooperación.

Parte de la cúpula gobernante rusa ya apuesta, de grado o por fuerza, por el antinorteamericanismo. Han levantado cabeza los halcones de la “guerra fría” desplumados en decenios pretéritos.

Por lo que se sabe, Rusia renuncia a algunos derroteros de la cooperación en política militar, incluyendo los provechosos para el país,y, al contrario, comienza a apoyar ostentativamente a los adversarios de EEUU, entre ellos Venezuela y Siria. Procede señalar que mientras que Venezuela va a pagar por las armas, lo más probable es que Sirua no pague nunca.

Dicho en otros términos, Rusia lanza un desafío a Washington casi sin esperanza alguna de obtener a cambio ventajas algunas.

Después de un discurso que dió Dick Cheney en una cumbre en Lituania que incluía duras críticas a Rusia, ésta se negó a adquirir aviones “Boeing” a favor de los “Airbus”, pese a que, en todo caso, desde el punto de vista político, estratégico y comercial, no se puede optar por un solo suministrador mientras se moderniza el parque de aviones civiles. Lamentablemente, en años próximos Rusia no podrá hacerlo confiando sólo en fuerzas propias.

Todo esto acontece sobre el telón de fondo del incumplimiento por los burócratas del programa positivo de cooperación ruso-norteamericana trazado en reiteradas ocasiones por los presidentes de la Federación de Rusia y EEUU, por última vez, en la Cumbre de Bratislava (febrero de 2005).

En principio, se podría seguir criticando a Occidente e incluso persistiendo en la política antinorteamericana y antioccidental, si ésta reportara siquiera algunos dividendos al país excepto satisfacción moral a la gente enferma de antinorteamericanismo. Pero Rusia no necesita Occidente en calidad de enemigo para venir incrementando los gastos militares. No existe objetivo en torno al cual sería necesario movilizar a la población.

Se puede y se debe poner oposición a los intentos de EEUU y la UE de restringir la influencia rusa en la zona de la ex-URSS. Pero resultará más fácil hacerlo de ser constructiva la tónica de las relaciones entre Moscú, Washington y Bruselas.

Las esperanzas de que Norteamérica se haya debilitado después de la guerra en Irak, y de que en esta situación sea posible ignorarla o sacar provecho a su costa, son, más bien, una ilusión peligrosa. La Unión Soviética intentó aprovecharse de la debilidad de EEUU después de Vietnam en la primera mitad de los años 70. El resultado fue que hacia finales de la década EEUU emprendiera la contraofensiva estratégica que desempeñó un importante papel en el hundimiento de la URSS.

EEUU es y seguirá siendo en un futuro previsible la mayor potencia del mundo, y las buenas relaciones con éste, siquiera virtualmente, fortalecen por si solas las posiciones de cualquier país.

Y, al contrario, las malas relaciones con los principales Estados minimizan, por lo regular, el efecto de política exterior del país en el ámbito internacional reduciendo sus posibilidades de maniobra con respecto a los demás socios principales. He aquí un ejemplo: en los años 60-70 la URSS sufría sensibles daños, secuela de las malas relaciones con China. Naturalmente, es necesario mantener buenas relaciones sin sacrificar los intereses importantes. Pero será fácil hacerlo existiendo una diplomacia más o menos coordinada.

Por esta razón precisamente hay que examinar lo relativo al intento de mejorar, sea aparentemente, el clima de las relaciones ruso-norteamericanas. Una de las últimas posibilidades al respecto brinda la próxima Cumbre ruso-norteamericana durante la cita del G-8. (En lo sucesivo, las consideraciones electorales ejercerán presión cada vez más fuerte a la administración de EEUU).

Si no se logra darle marcha atrás al dinamismo negativo, éste va a predominar al menos 2-4 años más.

Es notorio que la actual administración de EEUU está dispuesta a adelantar una agenda constructiva en la Cumbre. Si tal posibilidad existe, será preciso aprovecharla.

El programa de cooperación podría incluir los siguientes elementos:

Crear varios canales complementarios, incluido el de contactos extraoficiales entre las cúpulas de los dos países, capaz de servir de “apoyo” de los diálogos oficiales, criticar, si es necesario, la inoperancia de las estructuras burocráticas; posiblemente, valdría la pena ofrecer a instrumentar, al amparo del mecanismo oficial, un canal destinado a examinar los problemas referentes a la estabilización de la región centroasiática, incluyendo Afganistán, Irán, Irak, los países del Golfo Pérsico promoviendo posiblemente la concepción del sistema de seguridad regional garantizado por las potencias foráneas; valdría la pena discutir la posibilidad de ofrecer en perspectiva a EEUU el estatus de observador ante la OCS (Organización de Cooperación de Shanghai), habiéndolo ofrecido simultáneamente a las principales potencias europeas

Se debería dar especial prioridad al desarrollo de los derroteros concretos de la cooperación, capaces de mejorar el clima de las relaciones entre los dos países, tales como el diseño de un programa concreto encaminado a promover los intercambios de estudiantes y profesores universitarios. A este respecto, habría de constituir, sobre principios de paridad, un fondo conjunto de financiación y apoyo a tales programas; está claro que se precisa progreso concreto en materia de la energía, acceso de la principal compañía norteamericana a uno de los mejores yacimientos permitiendo a cambio el acceso de compañías rusas a la refinación de petróleo y comercialización de sus derivados en el territorio de EE.UU.; es comprensible que la parte norteamericana debería dar confirmación a la parte rusa de haber eliminado todas las objeciones respecto a su ingreso en la OMC, indistintamente de la fecha del mismo.

Esto no quiere decir que Rusia deba ceder sus posiciones. Se necesita una estrategia de seguro para el caso de empeorarse las relaciones, una estrategia energética polivalente.

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Serguei Karagánov es subdirector del Instituto de Europa (Academia de Ciencias de Rusia), para RIA Novosti.

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