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“Relato” y “responsabilidad”, dos palabras que aburren de tanto oírlas

La comodidad, el instinto imitativo, la pereza de utilizar otros términos que las sustituyan y la cursilería innata de quienes gustan de dárselas de cultos, suelen convertir en palabrista a quien abusa de ellas
Miguel Massanet
viernes, 9 de agosto de 2019, 10:21 h (CET)

El mundo de la política tiene sus períodos en los que, a fuerza de repetirse similares situaciones, cuando los actores que intervienen habitualmente en los intentos de hacerse con los votos de los ciudadanos tienen que prodigarse demasiado o en momentos en los que, quienes aspiran a hacerse con el poder, quieren redundar en aquellos argumentos que estiman que van a favorecerlos ante sus posibles electores, tienen tendencia a convertir determinados vocablos, a costa de repetirlos hasta la saciedad, en trending topic dentro del vasto contenido del diccionario de la lengua española. 

¿Quién no ha escuchado cientos de veces la demanda a la “responsabilidad” de los partidos políticos o quién no ha tenido ocasión de escuchar de los políticos, tertulianos, periodistas o locutores de radio la palabra “relato” para hacer referencia a una estrategia de comunicación política?


Los enterados, estos sujetos que siempre van susurrando al oído de los demás noticias que dicen que han conseguido obtener “de personas muy importantes dentro del gobierno” o “de buena fuente, pero que tuvo que jurar que no diría de dónde sacó la información” algo que, por supuesto, no quiere decir que tenga la más mínima garantía de que sea cierto o que la persona a la que se ha hecho referencia no se limite a ser el botones del edificio en el que tiene su sede el partido o ministerio a quienes se les atribuye la información; nos tienen acostumbrados a presumir de sus “fuentes” desde esta multitud de tertulias organizadas por los medios de comunicación ( radios, TV, organizaciones culturales etc.) que se valen de este recurso para llenar las horas de emisión con debates políticos de más o menos interés para las respectivas audiencias que, en general, lo que desean escuchar es aquello que favorezca a aquellos partidos a los que han votado, por los que sienten simpatías y desean que triunfen en su periplo por la arena política. Ellos son los que hablan, a menudo, del “relato” y de lo que ellos desearían que ocurriese lo que, como es evidente, en raras ocasiones ocurre salvo que, una casualidad, les haga acertar, en cuyo caso se convierten en personajes insoportables sacando, en cada ocasión que se les presenta, venga a colación o no, aquella vez en la que sus predicciones se cumplieron.


Pero el que se lleva la palma en esto de repetir hasta la saciedad sus mismo argumentos, seguramente basándose en aquella teoría de que si una mentira se repite algunos miles de veces acabará por convertirse en una verdad es, sin la menor duda, el PSOE del señor Pedro Sánchez convertido, desde el momento en el que consiguió acceder a la Moncloa el señor Sánchez, en una verdadera máquina de propaganda socialista, que no ha parado desde entonces de utilizar todos los recursos a su alcance, que no son pocos, para ponerlos al servicio de la causa que defienden, de tal modo que, durante los meses que han estado al frente del Gobierno después de la censura a Rajoy y aquellos otros en los que siguen en funciones, más de tres, desde que se celebraron los comicios de abril pasado; han conseguido crear un clima tal que, todo el resto de partidos, excluido el que gobierna, son “responsables” de que España no haya conseguido tener un gobierno “estable” que, naturalmente, debería ser el presidido, con la aquiescencia de todos los demás, por el jefe de filas del PSOE, el señor Pedro Sánchez.


Y ahí entra a colación, señores, el segundo vocablo con el que hemos encabezado este comentario: responsabilidad. Todo el gobierno en funciones, con especial protagonismo de la vicepresidenta Carmen Calvo y las ministras Celaá y Montero, con el apoyo incondicional del señor Ábalos, brazo derecho del señor Sánchez, ante la insospechada ruptura (no sabemos si definitiva o si se trata de una mera combinación estratégica porque nosotros, a diferencia de los enterados, no tenemos informaciones “privilegiadas” que nos permitan apuntarnos medallas en esto de predecir el futuro) han decidido imputar, al resto de partidos, su falta de responsabilidad por no apoyar la investidura de Sánchez. Efectivamente, ustedes nos librarán de mentir si les decimos que todos los miembros del Ejecutivo socialista no paran de pedirles a los partidos de la oposición más inclinados a la derecha, como son el PP y Ciudadanos, que “por responsabilidad” hacia España y los españoles, deberían abstenerse en la investidura del señor Pedro Sánchez para que su partido, el PSOE, pudiera gobernar en minoría. Lo vienen repitiendo, sin que se advierta cansancio alguno, desde que supieron que quizá se equivocaron al confiar demasiado en que, las izquierdas extremas de Podemos, se avendrían a apoyarles, sin condiciones, para que gobernaran solos sin que, a cambio, pidieran nada. No es imposible pensar que una persona que ha demostrado ser tan espabilada para conseguir que un partido que lo rechazó lo nombrara, al poco tiempo, su líder indiscutible, no supiera que si quería gobernar con el apoyo del señor Pablo Iglesias le iba a costar pagar un alto precio en forma de ministerios, y no cualquiera de ellos, que debería entregarles a los camaradas del señor Iglesias.


Lo que no acabamos de comprender es que, esta “responsabilidad” con la que vienen mareando la perdiz los socialistas, utilizando unos argumentos absurdos, haciendo un alarde de pérdida de memoria cuando se atreven a sacar a colación el apoyo que recibió el señor Rajoy por el partido socialista, en modo de abstención, en la ceremonia de investidura del líder del PP; olvidándose de que, para que ello sucediera, fue necesario que primero el propio PSOE expulsara al señor Sánchez que se había negado, una y otra vez, con su “no es no”, a permitir que con sus 123 escaños, el partido de los populares pudiera formar gobierno. Esta responsabilidad que ahora, con la boca pequeña, se permite reclamar el señor Sánchez fue la misma que el señor Rajoy exigía, ofreciéndole un pacto de Estado, a aquel travestido señor Pedro Sánchez que se negó reiteradamente a acceder a ello. España era la misma y los españoles también tenían necesidad de un gobierno que los dirigiese, pero el señor Sánchez no cedió nunca y tuvieron que echarle para que otro PSOE, dirigido por un gabinete de dirección, fuera el que entrara en razón para permitir la investidura del señor Rajoy.


Cuando a un político, que ha obtenido el mayor número de escaños para el Congreso de Diputados y el Senado, el Rey le encarga que haga las gestiones para obtener los apoyos necesarios que le permitan gobernar, debe saber que, si no tiene mayoría absoluta, va a tener que negociar con el resto de partidos con los que concurrió a los comicios. Pensar que negociar va a consistir en pedir que se le apoye para su investidura sin la necesidad de adquirir compromisos con el partido con el que negocia, no está entre lo que se podría considerar como razonable. El argumento de que se le debe cortar el paso a la oposición de la derecha, no es óbice para que, aunque el partido sea de izquierdas, no se tenga que ceder en algunas materias y adquirir algunos compromisos por escrito que, por muy buena voluntad que pueda existir, no consiste en un simple apoyo externo programático, sin que se tengan más garantías de que el partido en el gobierno los cumpla y, en cuánto al tiempo que lo vaya a hacer si es que, finalmente, lo hace.


Pero cuando esta “responsabilidad” se les exige a los partidos con los que están enfrentados y con los que toda la relación ha consistido en batallas, sin tregua alguna, en el Parlamento y cuando el programa con el que se han ganado los comicios consiste en destruir todo lo que se ha hecho durante las dos legislaturas anteriores del gobierno del PP, el pedir que, además, dicho partido acceda a facilitar el gobierno de aquellos que pretenden llevar a España a su destrucción, solo se puede entender como una broma de mal gusto el sugerir que, “la responsabilidad” del PP o de Ciudadanos, respecto a los ciudadanos españoles, consiste en permitir que se instale en nuestra nación un gobierno del que se sabe que tiene proyectado saltarse todas las medidas de salvaguarda respecto a la deuda pública y el déficit público, para embarcarse en una serie de gastos sociales que van a suponer miles de millones de euros, con la perspectiva de una elevación de impuestos que afectarán a la clase media española y la instauración de nuevos impuestos; el hablar de “responsabilidad” del PP y de Ciudadanos, ya no se habla de VOX porque es evidente que los socialistas no quieren admitir su existencia, en el caso de no abstenerse en la investidura de Sánchez, suena a sarcasmo, broma de mal gusto o insensatez de quienes hayan tenido la temeridad de proponerlo.


Ni el PP del señor Casado ni Ciudadanos del señor Rivera tienen obligación alguna de apoyar al señor Sánchez; antes bien, su responsabilidad está en seguir el mandato de todos sus votantes que, en ningún caso, estarían conformes con que la dirección de su partido les diera carta blanca a los socialistas, sabedores de que están dispuestos a tirar la casa por la ventana y, con toda probabilidad, intentar cambios constitucionales que pudieran favorecer la división de España, algo que podría llevar a una de las catástrofes peores que le pudieran ocurrir a este país.


No, en modo alguno se le puede facilitar, digan lo que digan los empresarios, los periodistas, politicastros, e intelectuales de izquierdas que siempre están dispuestos a acuerdos en los que la nación española puede acabar perdiendo su identidad como tal. Cuando no se quiere afrontar de cara la amenaza de ruptura de la nación, cuando se produce el enfrentamiento entre sus ciudadanos y no se actúa con decisión o cuando se deja que filosofías, ideas libertarias, marxismo, antisistema o cualquiera otra de esta modernas teorías sobre lo que debe ser un país, arraiguen en nuestra patria, sin intentar evitarlo, no cabe más que intentar luchar, con las armas que las leyes pongan en nuestras manos, para evitarlo. Actuar de otra manera, señores socialistas, no es más que traicionar a España.


O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos como si todo lo que hemos mamado desde nuestra cuna en cuanto a lo que es España, sus costumbres, su unidad y sus relaciones entre los distintos pueblos que la componen, estuvieran a punto de hundirse y, con ello, toda la historia de nuestra nación previa a este borrón que sobre ella intentan imponernos estos absurdos impostores de la famosa Memoria Histórica, que pretenden reescribirla, emborronando, con su fanatismo comunista, una parte importante de lo que fue un tiempo en el que el comunismo estuvo proscrito de nuestra nación, pese a los intentos de algunos españoles que prefirieron venderse al comunismo bolchevique. O tempora! O mores!

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