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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

El diablo y el siglo XXI

Herme Cerezo
Herme Cerezo
jueves, 28 de diciembre de 2006, 12:56 h (CET)
¿Saben ustedes por qué se dice ¡Jesús!, cuando alguien estornuda o por qué se erigían altares en las fachadas de algunas casas? ¿Conocen al “Diablo Predicador” o a los “Salomones”? ¿Han subido alguna vez por la ‘escaleta del Dimoni’ o han oído hablar del ‘Ars moriendi’?

- Hombre, pues la verdad es que no.
Pues si quieren conocer todas estas cosas y muchas otras más, me temo que tendrán que leer el último e interesantísimo libro de Rafael Solaz Albert, titulado ‘¿Pero... existe el Diablo?’

Con este ensayo, el escritor valenciano no hace sino demostrar una vez más su amor hacia Valencia, esa ciudad dual, que presume de pagana y libertina pero que prepara con esmero los fastos para recibir a Benedicto XVI, Su Santidad, la misma que dispone de un cauce por el que no transita ningún río, sólo ciudadanos a ritmo de pedales o zapatillas deportivas.

Solaz es un coleccionista de Valencia, su auténtica razón de ser y existir, un enamorado de sus calles y plazas, viejas y nuevas, de sus costumbres, actuales y pretéritas, de sus ritos y tradiciones. La ciudad del Turia es el Norte de su vida como atestiguan sus anteriores obras: ‘La calle de San Fernando en Valencia’ (2001), ‘Pulverizadores Geno’ (2001), ‘Guía de las guías de Valencia’ (2002), ‘San Vicente Ferrer, la palabra escrita’ (2003), ‘La Valencia Prohibida’ (2004), ‘Valencia, ciudad de postal’ (2005) y ‘Editorial Carceller, la maleïda’ (2006). Sin duda, cuando con once años dio comienzo su precoz coleccionismo al adquirir en una librería de lance el primer ejemplar de su colección, Solaz ignoraba por completo el significado de tan oronda palabra, así como los sacrificios y satisfacciones que en el futuro le iba a deparar.

Este documentalista, bibliófilo, erudito, pintor, escritor y no sé cuántas cosas más, réplica moderna del intelectual renacentista, nacido en Valencia en 1950, plantea en ‘Pero ... ¿existe el Diablo?’ una cuestión universal, la existencia o no del Diablo, del ángel desterrado, del Príncipe de las Tinieblas, radicando su labor investigadora en la ciudad que le vio nacer. A través de sus páginas y guiados por su mano, recorremos las huellas que la presencia de Lucifer ha dejado en nuestras tierras a lo largo del tiempo. Desde las manifestaciones diabólicas más antiguas de las que se tiene noticia escrita, siglo XIV, hasta las actuales, discurriremos por rituales sanadores, manuales de demonología, brujos, brujas y santones, exorcistas y predicadores, monjas, frailes y sacerdotes, sin olvidar las manifestaciones externas de la posesión diabólica: aullidos, golpes, arañazos, tumefacciones, todo ello adobado con el exhaustivo rosario de citas textuales recopiladas por el quehacer incansable de Rafael Solaz.

A medida que avanzamos en la lectura del libro, esperamos con mayor impaciencia los textos correspondientes al pasado siglo XX, el más próximo a nuestras vidas, donde su labor investigadora le ha llevado a trabar conocimiento de algunos casos de posibles endemoniados. Y es en estos episodios, porque sus contenidos son realmente espeluznantes y nos parecen más tangibles, donde quizá echamos de menos una mayor extensión o profundización en los mismos, máxime cuando el autor ha podido contactar con personas allegadas a los afectados y con fuentes tan autorizadas como psiquiatras y psicólogos especializados en el tema o el propio exorcista del Arzobispado de Valencia. Posiblemente un mayor acercamiento a estos fenómenos hubiese contribuido a aclarar algo más la vinculación o separación real que existe entre la superstición y la religión y la ciencia pura, algo que, tras leer ‘Pero ... ¿existe el Diablo?’ no termina de quedar claro. Rafael Solaz, y esto es algo lógico, no se implica en ningún veredicto, ni inclina la balanza hacia ningún lado. Lo suyo no es más que una exposición, profusamente arropada con fuentes escritas, de los hechos de los que ha tenido constancia.

Quizá, y esto no es más que una hipótesis especulativa, el propio escritor, en su investigación, se haya tropezado con algo que no contaba y que le ha producido una cierta sorpresa, consternación o prevención. La clave de esta suposición hay que buscarla en la advertencia inicial del libro, donde Solaz avisa que “Los rituales y conjuros incluidos no se detallan íntegros con el fin de evitar ser utilizados por personas no preparadas para realizar invocaciones y ejercicios que puedan hacer peligrar su conducta e integridad psíquica. Esto no es un juego. Es algo muy serio, más de lo que parece, y así tenemos la obligación de advertirlo”. La cita, para más INRI, viene maquetada bajo la forma de una cruz, símbolo protector por antonomasia contra las iniquidades del Diablo, tal y como explica el libro en su interior. ¿Es la mía, por tanto, una mera suposición o algo más que una conjetura? Eso solamente lo saben Dios, el Diablo y el propio Solaz.

P.S. Espléndida y cuidada edición de Pentagraf, una editorial que avanza, con pasos firmes, en el enmarañado mundo de los libros sin olvidar sus señas de identidad.

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Rafael Solaz Albert. ‘Pero ... ¿existe el Diablo?’. Pentagraf Editorial, 2006. Precio: 17,00 euros.

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