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Etiquetas:   Política   PP   PSOE  

El Rey es interpretado según le convenga a cada político

Hay momentos en la vida de un país en los que, el Jefe del Estado, tiene problemas cada vez en la que emite una opinión, por inocua que ella sea
Miguel Massanet
martes, 6 de agosto de 2019, 09:44 h (CET)

Un simple vocablo, “instar”, cuando se emplea con intereses partidistas, interesados, torticeros o mal intencionados puede convertir la más inocente, inocua, bien intencionada y carente de cualquier intento de tomar partido en un asunto, en el que la prudencia es la mejor arma para evitar ser interpretado de una forma comprometida, ajena por completo a la intención con la que quien la pronunció o, en el caso que nos ocupa, ni siquiera la usó para expresar su opinión de que “lo mejor” sería que los políticos se pusieran de acuerdo pero que, no obstante, la opción de unas segundas elecciones siempre estaba previstas para poder ser usada si no había algo mejor para solucionar una situación encallada.

En seguida hemos podido comprobar como los periodistas de medios como La Vanguardia de Barcelona, acérrimos defensores de que el señor Pedro Sánchez consiga un gobierno mediante alianza con el partido comunista de Pablo Iglesias, Podemos, fiel a su postura de defender la opción soberanista, aunque aparentando mantenerse en una postura imparcial; algo que no consigue pese a que esta es la imagen que pretende dar ante sus lectores. Demasiados columnistas defensores del “exit” catalán; demasiados artículos de convencidos de que, el futuro, está en la independencia de Cataluña; demasiados guiños a las izquierdas, como la CUP o Podemos; demasiadas opiniones en contra de las derechas y demasiadas “noticias específicamente fabricadas” para dar a entender que en Cataluña todo va “mejor “ que en el resto de España, obviando todos aquellos temas que ponen en evidencia que, en tanta pretendida opulencia, prosperidad e inversiones supuestas de empresas extranjeras, se nos oculta una contrapartida negativa como la de que las empresas, que cambiaron su sede por desconfianza en el futuro soberanista, siguen sin regresar y el goteo de las que siguen cambiando de autonomía sigue sin parar, como se desprende de los informes facilitados por los notarios que intervienen en dichos actos de cambio de domicilio fiscal, de la sociedades que deciden retirar su sede de Cataluña.


En efecto, tanto en el citado medio, como en las TVs y radios, especialmente en las que están bajo el dominio de los izquierdas que, dicho sea de paso, son la mayoría de las que nos informan o desinforman en nuestro país, han intentado convertir las declaraciones a los periodistas, en su lugar de vacaciones, en algo que, en manera alguna, quiso el Rey dar a entender o sea, que en algún momento de sus comentarios, “instara” a los políticos a entenderse para que formasen gobierno para evitar, con ello, que se tuviese que recurrir a otras elecciones. Basta mirar los significados que el diccionario de la RAE le da al verbo transitivo “instar”: “repetir la súplica o petición, insistir en ello con ahínco (algo que no ocurrió, ni remotamente, en las declaraciones de SM); 2… ( no viene a cuento) 3, intransitivo, apretar o urgir la pronta ejecución de una cosa ( algo que tampoco se produjo, porque SM se limitó a exponer las posibles soluciones dando a entender, sólo como una simple opinión, que lo mejor sería que los políticos se entendieran.)

¿Es que hay alguien, con un mínimo de sentido común, que pudiera pensar que una combinación como la que se está barajando en estos momentos, de un posible gobierno con la participación o con el apoyo puntual de los comunistas bolivarianos y feministas de Podemos, sería algo del gusto de Felipe VI? O, no nos queremos acordar de lo que piensan o lo que han dicho los comunistas respecto al sistema monárquico en España y sus deseos, específicamente expresados, como lo han hecho los separatistas catalanes en su Parlamento, pese a que el TS declarara ilegal aquel acuerdo de que la monarquías o el sistema monárquico, como se quiera decir, debería, a su criterio, ser sustituido por una república. ¿Estaría el monarca español dispuesto a hacerse el haraquiri (en sentido metafórico), dando facilidades a que un gobierno, influido por los comunista y, posiblemente, apoyado por muchos socialistas que siguen siendo antimonárquicos? Sin embargo, esto parece que es lo que desearían que sucediese todos los que están urgiendo la formación de un gobierno entre los únicos que están en condiciones de hacerlo, ya que es evidente que, en España, un pacto al estilo del que existe en Alemania, es poco menos que impensable.

Ya sabemos que unas nuevas elecciones no iban a cambiar sustancialmente lo que dio de sí la pasada consulta del mes de abril, con una victoria aplastante de los socialistas. No obstante, si a nivel de los partidos tradicionales se habla de que unos comicios podrían serles favorable (hablamos del PSOE y el PP), es muy posible que se aclararan muchas incógnitas que siguen en el en aire respecto a esta serie de partidos que han ido surgiendo, como resultado de la atomización de los votos que han ido a parar a partidos que sólo han servido para complicar ¡y de qué manera!, la gobernabilidad de España. Por ejemplo, se habla de una caída importante de Podemos que, seguramente, se correspondería con un aumento de votos para el PSOE; también hay quien dice que podrían caer Ciudadanos

(últimamente con problemas internos) en beneficio del PP. No se sabe a ciencia cierta y es posible que todo no sean más que especulaciones de tertulias, donde los “enterados” de siempre, que no renuncian a hacer de agoreros para intentar sacar pecho ante el resto de contertulios aunque, si acudiéramos a las hemerotecas o a las grabaciones de las radios, muchos de ellos deberían agachar la cerviz abrumados por la magnitud de sus erróneas predicciones. En todo caso, si unas elecciones contribuyeran a despejar el panorama político en el que, desgraciadamente nos encontramos, quizá valiera la pena de intentarlo.

No somos de los que creemos que se debe llegar a acuerdos sobre la constitución de un nuevo gobierno cueste lo que cueste y a base de grandes concesiones que, posiblemente, podrían llegar a costarnos caro si, algunos de los ministerios que viene reclamando el señor Pablo Iglesias, fuera a parar a las manos de ciertos miembros de Podemos. Es preferible prolongar la interinidad, pese a lo que dicen los empresarios que, como se sabe, siempre cederían si con ello se les permitiera seguir con sus negocios sin que, en su obsesión por seguir ganando dinero, no se olvidaran de que un gobierno de izquierdas es, por definición, intervencionista, totalizador, favorable a aumentar la carga discal y evidentemente, decidido protector de los obreros, algo que, en ocasiones, puede resultar una carga demasiado onerosa para poder mantener sus empresas en funcionamiento. Pero no hay remedio y no se puede intentar convencerlos de que su ambigüedad, su propensión a ceder ante las imposiciones totalitarias de los que mandan y su desconocimientos de hasta dónde pueden llegar las izquierdas en su afán de revanchismo, los convierte en chivos expiatorios fácilmente manejables por personas como el señor Pedro Sánchez, expertos en vender sueños y quimeras, sabedor de que lo importante en estos casos en convencer al personal para hacerse con el poder para que, luego, cuando llegue el momento de actuar, no tenga escrúpulo alguno en olvidarse de sus buenas palabras y promesas para utilizar lo que, el señor Maduro de Venezuela sabe que le ha facilitado, al menos hasta ahora, alcanzar el poder y la riqueza: el totalitarismo dictatorial.

Y, aunque se aparte del tema que hemos comentado, no quisiera terminar este comentario sin hacer mención a uno de estos casos en los que no podemos menos que sentir vergüenza ajena ante la cara dura, la falta de un mínimo de decencia, la traición a sus convicciones y el ejemplo de poquedad, falta de sentido común y deslealtad de este señor, exdiputado autonómico del PP y presidente de la Sociedad Civil Catalana, señor Fernando Sánchez Costa que, dando un giro de 180º respecto a lo que venía defendiendo anteriormente, “aboga por dar satisfacción al separatismo (catalán) con la cesión de impuestos”, afirmando que “no se puedes decir ‘no’ a dos millones de personas (refiriéndose a los catalanes que presuntamente aspiran al separatismo en Cataluña y lo confirman mediante sus votos, aunque se basen, para afirmar que son dos millones, en un supuesto éxito de un referéndum donde todo lo que significara eficiencia, control, garantías, vigilancia de la urnas antes, durante y después de la votación, precisamente por hacerse de forma ilegal, brilló por su ausencia. Lo que sucede es que, utilizando su misma argumentación le podríamos recordar que, Cataluña tiene unos siete millones de habitantes. También se le podría recordar que las últimas encuestas avaladas por los mismo separatistas, demuestran que el porcentaje de los que no desean la independencia de España ha aumentado respecto a consultas anteriores; una circunstancia que nos permitiría contestar al argumente de este individuo preguntándole, a la vez, si él que es tan considerado con los independentistas es capaz de decirles “no” a los más de dos millones de catalanes que prefieren continuar siendo españoles antes que aventurarse a pedir la separación de España para afrontar las consecuencia de ser expulsados de Europa y tener que mantener fronteras con tasas e impuestos para cada importación y exportación que se lleve a cabo con naciones extranjeras, de acuerdo con las normas internacionales establecidas para estos países que están fuera de los bloques de naciones y se ven obligados a apechugar con dichos inconvenientes. Pero, cuando uno traiciona unas convicciones ya no le importa desbarrar un poco más y así ha sido como, el señor Sánchez Costa, no se ha cortado un pelo al rematar su traición con el comentario siguiente: “si el dinero está en Madrid, la culpa siempre es de Madrid. Por tanto es bueno asumir responsabilidad aquí”. Una triste manera de tirar la toalla y de acabar con una entidad, la “Sociedad Civil Catalana”, que se había constituido en una excepción al sentir de los separatistas catalanes, de tal manera que daba esperanzas a los españoles que residimos en Cataluña de que no todo estaba perdido ya que existía un grupo de personas dispuestas a luchar para mantener el espíritu español en una provincia donde una parte importante de su población reniega de ello.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como los políticos que se han hecho con los hilos del poder, no tienen inconveniente alguno en manejar a su antojo cualquier circunstancia que crean que les puede favorecer, sin importarles si están engañando a los ciudadanos, la mayoría de los cuales, no queda más remedio que reconocerlo, prefieren confiar en quienes, desde los medios de comunicación, pretenden lavarles el cerebro en beneficio de sus intereses partidistas, antes que procurar sacar las conclusiones meditadas, después de un análisis objetivo de lo que se intenta hacer que nos creamos y, en consecuencia, tener la capacidad de poder refutarlo. Y para terminar, una frase de George C. Lichtenberg: “Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto” ¡Así sea!

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