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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Personalidades al límite

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 2 de julio de 2006, 23:29 h (CET)
Si uno menciona el equilibrio, no encuentra dificultades; si uno pretende ejercitarlo, en sus prácticas se complica el proceso. Y todavía es más dificultoso el planteamiento de dicho equilibrio en el terreno de la personalidad de cada sujeto. Es tan fácil pasarse como quedarse en la antesala; a diario, flotamos con algunos pensamientos mal ubicados. Además, brotan las dificultades en todos los sectores, y las personas nos enfrentamos a ellas con mayor o menor soltura; no siempre estamos en las mejores condiciones para afrontarlas. Es decir, los desajustes están en el orden del día, el problema radica en su excesiva repetición. ¿Deficiente adaptación? ¿Enfermedad?

Hoy traigo a colación un sufrimiento relativamente frecuente y poco considerado por esta sociedad tan acelerada. Me refiero al concepto de TRASTORNO LÍMITE de la PERSONALIDAD. Motivo de angustia para aquellos implicados directamente; desquiciamiento torturante, para su entorno familiar; y, signo de alarma, por el desdén con el que nos acercamos a estos asuntos. El escaso conocimiento del trastorno requeriría una atención intensa, aunque me temo que soplan otros aires.

De una parte, estas personas no cumplen criterios de enfermedad psiquiátrica, no llegan a condensarse como tales. Del lado de la normalidad, se observan múltiples problemas en sus actividades sociales. Sin ser enfernos, no encajan bien a la hora de afrontar sus circunstancias vitales. Eso les conduce a una inestabilidad permanente, esta es una de las características primordiales. Falla su adaptación razonable a los avatares cotidianos, su personalidad bordea la capacidad normal, falla en ese encuentro con sus circunstancias.

Sus reacciones tienden a la desproporción, impulsivas o pasivas. Así, abocan a unas convivencias muy conflictivas; el desconcierto se enseñorea de todo, debido a su carencia de claridad mental. Esa irregularidad con que perciben el entorno, se transmite también a sus respuestas; convierten en muy complicadas las labores de asistencia y tratamiento. Prevalecen los cambios de opiniones y sentimientos, no sólo domina el cambio en sí, sino su falta de lógica y argumentación.

Los estudiosos de estos trastornos mencionan algunos FACTORES de RIESGO como facilitadores. Desde los genéticos y problemas en torno al nacimiento -embarazo, parto-, entornos psicológicos problemáticos -deficiencias educacionales, destrucción familiar, acogotamiento cultural coartando su expresividad-, hasta los grupos sociales con normas confusas ¿Los nuestros?. No se trata de problemas exclusivos de una época determinada; digamos que son factores bastante ubicuos en el tiempo y en el espacio. Sin embargo, las tendencias actuales no refuerzan el interés por los análisis culturales necesarios. Más bien ofrecemos unos ambientes lanzados a estos riesgos de forma desforada.

Da que pensar la cifra de sujetos con estas características, citan un 2-3 % de la población general, preponderantemente en mujeres. Sobre todo se diagnostican en menores de 25 años. Sin entrar en precisiones de mayor calado, quedémonos con esa idea de un grupo amplio que arrastra esos problemas; y con ellos, sus familias, compañeros de estudios o de trabajo, etc. Los conflictos e inconvenientes repercuten en todo su entorno.

Como SECUELAS de estas dificultades de adaptación, se van desgranando una serie de situaciones lamentables. La citada convivencia conflictiva, numerosas y largas sesiones de consulta o terapias de salud mental, problemas legales, adicciones a diversas drogas, dificultades para situarse laboralmente, menos poder adquisitivo, y así podríamos seguir hasta la consideración de claras influencias negativas sobre sus futuros hijos.

Como es de suponer, se trata de un grupo sometido a gran número de variables, grados de afectación, con diferentes tensiones ambientales. No es posible presentarlo como un ente uniforme. Sin duda, eso dificulta todas las pretensiones de acercamiento a los afectados. Entre esto y las maneras de entender el problema, se observa desde prismas tan diversos, que no llegan a parecerse entre sí muchos de los sufridores del mismo desajuste social. Aquí, como nunca, cada persona engloba varios mundos.

No existe una explicación única para llegar a la comprensión de estos conflictos en el límite de la personalidad. Como vimos, muchos condicionantes -genéticos, económicos, educacionales, ambientales- conducen a determinados sujetos hacia esos fallos de adaptación. Tantas influencias y circunstancias, contribuyen al retraso de los estudios sobre los padecimientos y disfunciones de estas personas. Como en tantas otras ocasiones, los trastornos apabullan, proliferan las angustias y sus soluciones o ayudas se retrasan.

¿Cómo se podrá favorecer una mejor estructuración de la personalidad para todos, pero sobre todo en estos individuos? ¿Qué patrones educacionales serán útiles? ¿Estamos acercándonos a una mejor consolidación de la persona como tal? Más bien observo una oleada de frivolidad cultural. Así, difícilmente conseguiremos engranajes adecuados para apoyarnos. El papel de los especialistas psiquiátricos es primordial, lo necesitamos; pero el pensamiento necesita también esquemas mentales con una FUNCIÓN CRÍTICA de cara a las relaciones interpersonales; un cierto orden mental es imprescindible.

No creo que discutamos a estas alturas las tendencias solipsistas de la sociedad actual, la tendencia al ensimismamiento, desdeñando colaboraciones solidarias con los otros, sobre todo con quienes aportan más deficiencias que virtudes. Cada uno tira por donde aprecia mejores perspectivas y observamos demasiados ejemplos de acaparadores abusivos. Como derivación consecuente, desde estas actitudes, dominará la despreocupación entre los diferentes grupos de gente. Entre sí, no llegan a conocerse suficientemente. ¿Dónde encontrar un apoyo?

Destaco la importancia de las Unidades para el estudio de los afectados, con especial mención a la que funciona en Zaragoza. Pero la personalidad de los individuos es una planta delicada, exige un vuelco en las sensibilidades, son muchos los factores, y en consecuencia, los campos influyentes para el mejor ensamblaje de cada persona en la sociedad.

La personalidad humana es inabarcable, apasionante y plantea problemas acuciantes.

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