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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Las dos Españas de Zapa-Cero

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
domingo, 2 de julio de 2006, 23:29 h (CET)
Estamos viendo en Zapatero el mismo extraño comportamiento de los últimos presidentes de Gobierno cuyo asiento presidencial dependía de los votos de los nacionalistas periféricos. Cierto es que en sus concesiones a los nacionalistas catalanes ha ido más allá que sus antecesores y todo indica que se dispone a hacer lo mismo con los nacionalistas del País Vasco y, sólo cabe imaginar, con los nacionalistas gallegos. Concesiones, aclaro, a los nacionalistas, que no a los catalanes o a Cataluña, como la clara abstención en el referéndum se encargó de poner de manifiesto. Empieza a ser normal que los políticos circulen por rutas ajenas a sus votantes. Qué más quisieran esos nacionalistas que fuese cierta la identificación automática que ellos realizan entre su ideología y el pueblo al que representan.

Zapatero por su cuenta y su riesgo se ha decidido a cambiar las estructuras del Estado y las relaciones entre quienes lo componen, sin contar para tan delicada labor con la colaboración del principal partido de la oposición. Cuenta sólo con el apoyo de los nacionalistas respectivos y el de los intrascendentes de I.U. Y me interesa aclarar que hablo del apoyo de los nacionalistas, que no necesariamente de los ciudadanos de esas autonomías. Para ello no le importa deshacerse de aquellos “mindundis” de su partido, Rosa Díez o Nicolás Redondo, que no le secundan en sus propuestas. A los pobrecillos (por ser despreciados, no por dignidad, inteligencia u otras cualidades) les ha ido relegando y apartando de su camino pues son, eran, la maleza que hay que desbrozar para seguir avanzando. Todavía está por ver hacia dónde.

Está Zapatero llevando a cabo esa tarea, ya digo, con el general encanto de los nacionalistas. Cómo no van a estar encantados si les está haciendo la labor que ellos tanto están deseando: la culminación de una España, de un Estado, de dos niveles; una España de afortunados y otra de desheredados; un Estado de privilegiadas naciones y otro de secundarias regiones; una España en la que unos ciudadanos tendrán una serie de derechos, políticos, económicos, culturales y una importancia en la estrategia de los Gobiernos y otra España de ciudadanos regionales (que los lectores tomen la palabra en todos los sentidos que quieran) que ni pinchan ni cortan en las decisiones de los Gobiernos, unos ciudadanos mindundis que han sido relegados y apartados del camino de sus gobernantes pues somos, éramos, la maleza que hay que desbrozar para seguir avanzando. Para estos ciudadanos no se debería hablar de Zapatero sino de Zapa-cero, pues cero es lo que le importamos.

Doy por supuesto que Zapa-cero está convencido de hacer el bien a sus ciudadanos. No quiero pensar que todo esto lo hace por seguir en el puesto o por pasar a los libros de Historia como Zapatero I el Pacificador. Todo para el pueblo pero sin el pueblo, pues lleva a cabo su tarea prescindiendo de todas aquellas autonomías que carecen, carecemos, de un partido nacionalista fuerte, es por eso que creo que en todas y cada una de las autonomías debería haber un voto multitudinario a este tipo de partidos. Si los grandes partidos “nacionales” no saben o no pueden defender nuestros intereses, el votante, por instinto natural y por pura supervivencia, debería desconfiar de ellos. Si Zapacero se encuentra a gusto negociando con partidos nacionalistas démosle diecisiete tazas de caldo, que pruebe de todas, no sólo de dos o tres. Siempre las mismas dos o tres.

Escribo y vivo y amo desde el corazón de Castilla. La actitud hacia ella de los últimos presidentes de Gobierno, además de negar su existencia, ha sido la del traidor que rechaza y desprecia sus orígenes y quiere asimilarse al poderoso conquistador, quizá sin darse cuenta de que Roma nunca paga a traidores. En Castilla no existen partidos nacionalistas fuertes, ésa y no otra es la gran causa de sus males actuales. Dedicarse a la construcción de España, obra que jamás le será pagada ni agradecida, es el final de una Castilla rota en cinco autonomías diferenciadas, inconexas e indiferentes. Y Zapa-Cero, tan feliz.

PD. Mientras tanto en Cataluña se niega su alma castellanoparlante y se niega el derecho a estudiar en Castellano de quien lo desea sin que los escasos amantes de Castilla y lo castellano diga ni media palabra. Su solidaridad debería surgir por lo de “castellano”, no por lo de “nacionalista”. Digo yo.

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