Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Música

Etiquetas:   Crítica concierto   -   Sección:   Música

Joaquín Sabina: El hombre del traje gris volvió a Barcelona

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
viernes, 6 de abril de 2007, 13:33 h (CET)
El pasado jueves Sabina llegó al Palau Sant Jordi por la puerta grande ante las 18.000 personas que lo abarrotaban, y los saludó con un “Buenas noches Barcelona, Cataluña y resto del mundo”. Lo hizo con media hora de retraso por algunos problemas ajenos a él, con un bastón en la mano que recordaba al doctor Gregory House, también por su ironía e imagen de canalla irreverente, y vestido con el eterno traje gris y su eterno bombín a juego.

Dos noches antes, y aprovechando la visita a Barcelona, Joaquín Sabina visitó de nuevo el programa de televisión de Buenafuente. Allí estuvo algo sombrío y más serio de lo normal, e incluso confesó leer las canciones sobre el escenario, pero dijo haber comprado un nuevo aparato para que se note menos. Y es que a sus cuarenta y diecisiete años, Sabina parece estar perdiendo la memoria o coquetear con el Alzheimer, como bromeó en el programa. Lo cierto es que de un tiempo a esta parte cada vez se diferencia más cuando está leyendo sus propias letras o se dirige al público, que siempre le ayuda desinteresadamente a cantar sus canciones.

De todas maneras prometió para el Sant Jordi un concierto “rock’n’rollero” y así fue. Aunque su quebrada voz no está para muchos trotes, en el repertorio se pudo disfrutar de Conductores suicidas (con la magnífica introducción de Antonio García de Diego con la guitarra eléctrica), La del pirata cojo o Pacto entre caballeros, que hicieron las delicias de un público completamente entregado, llegando a lanzar sobre el escenario una camiseta del Atlético de Madrid, sus rayas colchoneras, que Sabina devolvió no sin antes agitarla con una sonrisa.

Aunque al principio de los conciertos de Sabina sea inevitable preguntarse si lo va a terminar o no al comprobar el estado de su voz, recordando el temido gatillazo de Gijón, lo cierto es que a medida que avanzan las canciones y se le calienta la garganta consigue llegar donde no lo parecía, y si no llega él lo hacen perfectamente sus escuderos Pancho Varona, Antonio García de Diego y Jaime Asúa.

De su nuevo disco Alivio de luto apenas tocó cuatro canciones en toda la noche: Pájaros de Portugal, En pie de guerra, Con lo que eso duele y Nube negra. El resto del repertorio fue una selección de las canciones más populares como Y nos dieron las diez, ¿Quién me ha robado el mes de Abril?, Princesa o 19 días y 500 noches, y las que a Joaquín más le gustan, como Aves de paso, que abrió el concierto. Aún así se siguen echando de menos las canciones del disco Dímelo en la calle y Diario de un peatón, penúltimos discos del cantautor, que no parece estar muy satisfecho al no escoger ninguna de sus canciones en los directos. En la última Gira Ultramarina hizo una excepción con Peces de ciudad, canción que también desapareció del repertorio en Barcelona.

Es prácticamente imposible elegir la canción más cantada, coreada o aplaudida en un concierto de Sabina, pero quizás el mejor momento fue ver las 18.000 personas del Palau Sant Jordi con los brazos en alto y numerosos mecheros encendidos en el estribillo de Calle Melancolía “Vivo en el número siete, calle melancolía / quiero mudarme hace años al barrio de la alegría / pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía / en la escalera me siento a silbar mi melodía”, que dio paso a un gesto de admiración por parte del artista al quitarse el bombín ante ellos “Llevo bombín para poder quitármelo cuando se presenta una ocasión como ésta”.

Otra de las canciones esperadas era la de Y sin embargo, que siempre introduce Olga Román cantando la copla Y sin embargo te quiero. Poco antes, la corista de los rizos de oro cantó el tema Ya ves de su disco, una voz imponente que emocionó al respetable. Al terminar, Sabina bromeó con ella al decir que “Hoy Olguita está un poco mala, por eso apenas se levanta… pero a mí me la sigue levantando igual”.

El concierto duró algo más de dos horas y Sabina se despido al asegurar que “ha sido una noche hermosa, muchas gracias” antes de irse y dejar a los asistentes con la duda de cuando volverá… o si lo hará de nuevo alguna vez. Y aunque dicen que a veces es mejor una retirada a tiempo, estoy convencido de Joaquín parece tener más ganas que nunca de seguir sobre los escenarios. Cuando pasen los años y la presencia de su bastón sea obligatoria como la del doctor Gregory House, seguirá ofreciendo sus mejores letras, la misma ironía y el sarcasmo de siempre. Genio y figura.

Noticias relacionadas

El 'Proyecto Europa' amplía su propuesta con conciertos de música renacentista en seis ciudades europeas

Malú habla del duro momento de Antonio Orozco y omite la ruptura con Gonzalo Miró

Olé Olé, Karina o Un pingüino en mi ascensor, cabezas de cartel del festival Horteralia

David Summers saca libro y su enigmático: "Dedicado a ti aunque no sé si vas a leerlo", primera parte

10.000 ejemplares vendidos en todo el territorio nacional

Xoel López publicará este mes 'Sueños y Pan', el decimocuarto disco de su carrera

 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris