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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Reacción al ultimátum norteamericano

Piotr Goncharov
Redacción
domingo, 2 de julio de 2006, 03:51 h (CET)
El líder iraní barajó de nuevo las cartas en torno al “dossier iraní”, pero esta vez en la mesa de la Cumbre del llamado G-8 en San Petersburgo.

El presidente de Irán, Ahmadineyad declaró que Teherán dará respuesta a la oferta de Rusia, EEUU, China, Gran Bretaña, Francia y Alemania (el ”sexteto”) a finales de agosto y no el 29 de junio, como lo esperaban la UE, China y Rusia y exigía EEUU. La declaración fue hecha por el líder iraní en un tono propio de él al intervenir ante los electores, esta vez ante los habitantes de Hamadan.
El razón de esa declaración es bastante sencilla. El 29 de junio, en Moscú se celebró el encuentro de cancilleres del G-8. Los jefes de los departamentos diplomáticos del Grupo se proponían discutir ante todo el problema iraní en el sentido de si existen condiciones suficientes como para reanudar negociaciones, o el “dossier nuclear iraní” tendrá que ser remitido, por fin, al Consejo de Seguridad de la ONU. Para el Consejo de Ministros de Exteriores del G-8 fue muy importante conocer la postura de Teherán respecto al paquete de ofertas del “sexteto”. De la postura de la parte iraní depende precisamente la suerte del “dossier iraní”: si queda éste en el CS de la ONU o estará sometido como antes al control de la AIEA. Luego los jefes de Estado del G-8 tendrían que poner su visto bueno a la resolución del Consejo de Ministros de Exteriores.
Procede recordar que el 1 de junio, en su entrevista de Viena, los cancilleres del “sexteto” aprobaron el paquete de ofertas calculadas para obtener el asenso de Irán a suspender el enriquecimiento de uranio. Se cifraban especiales esperanzas en esas ofertas que, a la vista de todo el “sexteto”, eran sumamente atractivas. Con ellas se vinculaban planes de reanimar el proceso negociador.
¿Qué podrá significar la actual respuesta drástica de Teherán? Es poco probable que se deba sólo a la abundancia de “ambigüedades” en el paquete ofrecido a éste, según dijo el Ministro de Exteriores de Irán, Mottaki, que estos días estuvo de visita en Italia. Evidentemente, a Irán no le conviene la propuesta de suspender el enriquecimiento de uranio como condición obligatoria del comienzo de las conversaciones.
En opinión de Teherán, la condición preventiva en forma de suspensión de los trabajos con anterioridad al diálogo está desmedulando el sentido de las propias conversaciones. Al contrario, Teherán preferiría obtener algo a cambio de la suspensión del enriquecimiento, y hacerlo en el curso de las negociaciones que necesita precisamente para ello.
Según todas las evidencias, la postura adoptada por Teherán es una especie de respuesta al ultimátum de George Bush, quien prometió a Irán aplicar duras sanciones políticas y económicas de ser rechazada la propuesta de suspender el enriquecimiento de uranio.
Es también de suponer que Moscú, sin haberlo deseado, aseguró a Teherán condiciones confortables para emprender esa maniobra. Al intervenir, como jefe de la delegación rusa, en la sesión del Consejo de Ministros de Exteriores de la Organización de Conferencia Islámica que estos días transcurría en Bakú, el viceministro de Exteriores de Rusia, Andrei Denisov, declaró que Rusia no apoyaría de ninguna manera las resoluciones del CS de la ONU sancionando el uso de fuerza contra Irán. Esta postura fue reforzada considerablemente por el asesor del presidente de Rusia, Igor Shuvalov, quien el mismo día dijo a la prensa que Rusia se opondría a las sanciones económicas contra Irán, aun cuando esa decisión “esté en pugna con la actitud de los demás participantes” de la Cumbre en San Petersburgo. De ser cierta esta suposición, Teherán, por enésima vez, “pone la zancadilla” a Moscú.
Es muy probable que Teherán se aprovechara de las relaciones también bastante complicadas entre Washington y la UE respecto al problema iraní (la Casa Blanca quisiera que Europa apoyara incondicionalmente su actitud hacia el programa nuclear iraní) para tratar de imponer sus reglas de juego a los consocios.
¿A qué se debe esto, teniendo en cuenta que la primera reacción del gobierno iraní al paquete de ofertas del “sexteto” fue buena en general?
Según afirman algunos periódicos, al principio, el líder religioso de Irán, ayatolá Khamenei, criticó las iniciativas del “sexteto” habiéndolas tachado de “débiles y desilusionantes”. Es muy probable que Teherán recurra a la táctica calificada de “diplomacia sutil” que presupone “observancia máxima de los intereses nacionales”.

Pero también es posible otra variante. Muchos analistas no descartan la posibilidad de que en el seno de la actual cúpula política de Irán no exista esa unidad que hubo en el pasado tanto con respecto al programa nuclear iraní, como a las ofertas del “sexteto”. Parte considerable de la misma está dispuesta a aceptar la variante limitada de enriquecimiento de uranio en el territorio de Irán. Pero a esta parte no pertenecen Khamenei ni Ahmadineyad que se manifiestan en contra de cualquier limitacion. En este caso el desequilibrio creado “en pro” y “en contra” de las ofertas del “sexteto” motivó en primer lugar el traslado de la respuesta a últimos de agosto.

Naturalmente, se podrá aplazar una vez más el esperado “momento de la verdad”. Es importante otra cosa: ¿con qué amenaza a Irán la postergación de su respuesta? Se pronostican variantes más diversas, y ahora no todas ellas, ni mucho menos, dependen de la postura de Moscú y Pekín hacia Irán.

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Piotr Goncharov, para RIA Novosti.
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