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Etiquetas:   Al aire libre   -   Sección:   Opinión

La paloma de Internet

Pascual Falces
Pascual Falces
domingo, 2 de julio de 2006, 03:51 h (CET)
A Paz Fernández Cueto, columnista mexicana destacada, que atiende a la “paloma”.

Hace ya algunos años, al poner las primeras piedras de esta columna de observación “al aire libre”, y anotar realidades en la “Aldea Mundial” que ponen de relieve que ya no se vive sólo en España, ni en ningún otro lugar concreto y cateto -en la anotación despectiva que define el Diccionario de lugareño o palurdo, y con todo el respeto para los que saben serlo con sentido de la dignidad humana-, uno de los innumerables correos electrónicos que se reciben tan pronto como se escoge una dirección, llamó la atención de este columnista. Lo conservó en la lista de “favoritos”, pero, con el tiempo, dejó de responder a la llamada, como ocurre, y nunca más lo ha vuelto a poder disfrutar.

Se trataba de una blanca paloma que de modo incesante, pero pausado y elegante, batía sus alas. Lo más curioso es, que, formando parte del diseño gráfico, y ocupando gran parte de él, se encontraba la esfera azulada del Mundo en uno de esos aspectos de las primeras fotografías tomadas por astronautas o satélites. Más, lo que transformaba el conjunto en delirio era, que, con el ratón apoyado sobre la infatigable ave, se le podía llevar de un lado para otro del Globo terráqueo. La volátil, se transformaba en dócil mensajera, e, igual sobrevolaba la península Ibérica que el resto de Europa, el Mediterráneo o cualquiera de los océanos con sus tierras circundantes. En América, se le podía trasladar desde la Patagonia o las blancas masas del Antártico, hasta la tierra helada de Alaska, pasando por el verdor insultante de los trópicos, o esa redonda extensión de mar creadora de huracanes, el Golfo de México.

Resultaba tan ameno su constante sobrevuelo gobernado por la voluntad de la mano que manejaba el ratón, que se hacía siempre corto. Como la innovación no cesa en todo lo que se refiere a Internet, luego vino “Google Earth”, y se pudo ver con detalle, ampliando, la casa propia con los vehículos de la familia estacionados frente a ella. La paloma no sugería intenciones mortíferas como el escalofrío que produce contemplar las coordenadas de esa misma casa, y el objetivo que resulta para un preciso, e improbable –confiemos-, impacto de un misil de largo alcance. Era todo lo contrario, como ya se ha dicho. Aparte de la Paz, la paloma es sinónimo de mensajera, o bien, mensajero de la paz. Con el puntero sobre la pantalla, se podía conducir a esa embajadora de un lugar a otro, y el corazón se abría globalizadamente desde el estrecho entorno que se tiene en derredor.

Quienes escriben en papel de periódico, forzosamente, se dirigen al público lector y adicto del titular del mismo; seguro, que, cada medio sabe cuantos lectores potenciales existen para sus tiradas diarias, y ahí termina la difusión de la palabra escrita con esfuerzo en cada columna impresa. El columnista de Internet, aparte de estar obligado a ser romántico de la palabra, porque este medio nació con la gratuidad como lema, y así sigue por muchos esfuerzos en “contante y sonante” que los avispados intenten obtener al jugo del incansable revoloteo de la paloma, como ella ha de ser, también, desprendido; un artículo publicado en este medio, “vuela” incesantemente el mundo por la maraña de cables que, hoy día, recorre toda la corteza terrestre. Y puede posarse en el lugar más insospechado; siempre que alguien tras una computadora detenga el buscador, y lo baje para dar un vistazo a su contenido. Hasta, tal vez, lo guarde en un particular archivo para leerlo con detenimiento más adelante, o agrupándolo con otros en asunto de su interés. Se cuenta que Balzac cuando necesitaba dinero, muy frecuentemente, se ponía rápido a escribir un capítulo de la Comedia Humana, y se lo daba a su criado, que, también con presteza, recorría las calles de París hasta la oficina del Editor. Eran “otros tiempos”... como dice Epifanio del Cristo Martínez –sobre la hamaca y con un portátil entre sus manos, cerca de una taza de café-, allá en su aldea del Valle del Cauca, en Colombia, y con el que se puede charlar, y aprender, por medio de este dócil mensajero que, continuamente mantiene en comunicación a toda la Aldea. La paloma mensajera, portadora de verdades, sigue viva; no es un ensueño que, tan sólo, suscitase la imaginación.

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