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Bandera

Cristóbal Villalobos
Cristóbal Villalobos
sábado, 1 de julio de 2006, 03:49 h (CET)
Hace un par de años estuve de visita en Portugal. Acababa de terminar la Eurocopa de fútbol donde el equipo luso había alcanzado la final de esta competición de la que era anfitriona. Durante el camino en carretera por todo el centro del país vecino rumbo a Lisboa, me llamó un detalle la atención; había banderas portuguesas en casi todos los tejados y balcones.

La eliminación de la selección española, de forma prematura a mi parecer, a destruido mis planes de regeneración del sentimiento patriótico español por medio del juego de la pelota. Para ello busque una bandera que tenía perdida en el desván y la coloqué solemnemente en mi balcón, mástil incluido. He de decir que no fui el primero en hacerlo, ya en muchas calles de mi ciudad pude ver alguna que otra bandera roja y gualda .Esperaba en mi fuero interno un movimiento similar al portugués, teniendo en cuenta, claro está, con los complejos típicos españoles.

El equipo ha perdido, pero aún poniendo a tiro que me tachen de fascista y de tantas otras cosas, he decidido dejar ondear mi bandera, al menos durante una temporada. Aunque suene un tanto cursi, cada vez que me asomo al balcón o veo la sombra de la bandera ondeando al viento, no puedo dejar de sentir un no se que especial. Quizás sea eso lo que sienten los norteamericanos, los portugueses o los ciudadanos de cualquier país con historia y sin complejos.

España posee una de las historias más antiguas de cuantos estados existen y una de las más apasionantes, con momentos desastrosos, pero también con momentos gloriosos y ante todo con los personajes más grandes que haya dado ningún país. Desde las hazañas de nuestros descubridores y marinos hasta nuestros poetas, pintores y todos aquellos que han hecho de España una de las naciones más grandes del planeta.

Permítanme que me sienta orgulloso de mi país y de mi bandera, símbolo de una nación, de nuestro pasado y espero que de nuestro futuro.No solo vascos, catalanes y demás gentes pueden sentirse orgullosos de sus raíces.
Cuando salgo a mi balcón y observo ondear la enseña patria no puedo dejar de gritar en mi interior un marcial:

¡VIVA ESPAÑA¡

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