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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

Real, como la vida misma

Paco Milla
Paco Milla
sábado, 1 de julio de 2006, 03:49 h (CET)
El final de curso en la docencia tiene de especial que puedes relajar la tensión, al no tener que seguir con el programa, ya que los exámenes han finalizado.

En el entrenamiento deportivo las clases continúan hasta final de mes, pero ayer se me ocurrió participar lo mínimo posible. Debían ser los críos (en la clase de 6 a 11 años) los que llevaran en todo momento el control o descontrol de la misma. Para ello elegí el juego del pañuelo; podía haber utilizado el combate o cualquier otro. Lo que realmente pretendía es que cada uno se mostrara tal y como es, ante unas reglas inamovibles. Dichas reglas están marcadas por el juego y cada uno se adapta a ellas a “su” manera. Como en la vida.

Una vez hechos los equipos, los líderes naturales se auto-erigieron en capitanes, pasando a otorgar un número a cada uno de los compañeros. Inmediatamente las estrategias fueron desfilando en cada salida, en busca del preciado premio: la victoria.

Uno de ellos hace el gesto engañoso de coger el pañuelo, consiguiendo que el otro caiga en la trampa, el siguiente tiró limpiamente y se lo llevó, sin ningún tipo de perdida de tiempo. Entra en acción quien tira, lo lleva y cae, siendo atrapado inesperadamente y gracias a que el perseguidor nunca desistió de seguirle. El avispado Luís salía cada vez que lo hacía uno de los “fuertes“ del otro equipo, dando a entender que como capitán “pasaba“ de números y se cargaba con la responsabilidad, simplemente dando un manotazo en plena carrera a su compañero para que parase.

Tropiezos varios, hicieron que el contrincante consiguiera llevar el pañuelo, muy chulito y regodeándose de la suerte del caído, pero curiosamente también hubo tropiezos que incomprensiblemente hicieron ganar a quienes los sufrieron.

Juego tras juego, las secuencias se fueron sucediendo, como fiel reflejo de la vida misma: pones números a tus compañeros, incluso los puedes tratar como tales, eres un subordinado a quien se lo ponen, te conviertes en el líder o quedas el ultimo cuando los capitanes van pidiendo uno por uno “regalandote” después como el “paquete” de la clase .La crueldad es algo siempre presente en el mundo de los crios… es hija directa de la sinceridad, en ausencia de las mínimas normas de la educación, que por edad aun no se ha mamado o se ha hecho escasamente.
Hubo a quien el griterío de los compañeros le influía enormemente en su actuación, recibiendo una desmedida presión, mientras que otros se pasaban dicha enemiga por el arco del triunfo y en sus ojos leías que a ellos los gritos…. “Na de na”. No faltaba aquel que necesitaba de esa presión para encauzarla a su favor.. las pulsaciones altas eran su mejor “zona de esfuerzo”.

Inaki se empeñó, en que estaba en el peor equipo y necesitaba imperiosamente marchar al otro, negando su apoyo a los compañeros y vendiendo en alguna ocasión a los que en sorteo le habían correspondido, sin embargo Marcos era invitado por los suyos a cambiar, porque parece ser que “estorbaba”.

Según se iba calentando el juego, hubo quien pidió ser quien sujeta el pañuelo, ese de mayor optara por el funcionariado posiblemente. El Ricardo dijo: bueno “profe” ¿yo puedo ser el arbitro?... él será juez.
Claramente los malos perdedores enrojecían y su saliva se espumaba, no aceptando en modo alguno la derrota, mientras otros defendían la legalidad y no se salían ni un ápice. Lógicamente no podían faltar quienes respetaban las reglas , hasta que estas dejaban de favorecerles.. después ya valía todo. La pequeña Celia me dijo: “profe”… esta vez hemos perdido , pero la próxima lo haremos mejor, mientras recibía en su faz la saliva de Borja que a un palmo le gritaba: ¿mejor…mejor? ¡os vamos a machacar!

El joven Manu mostró su facilidad para negociar con ambos equipos, consiguiendo pacificar y que todos estuvieran de acuerdo por..unos segundos, salvo Pedrin, que de ser un ratón de biblioteca normalmente, se transformó en “la bestia humana” durante el juego, adquiriendo mirada de asesino que denotaba que allí había, o un papel magistralmente interpretado o una personilla realmente peligrosa.

Observé en un momento dado, que el que sujetaba el pañuelo, lo acercaba mas a su derecha para facilitar la labor a “Sebas”… claro es que es el novio de su hermana desde este mediodía y oye… la familia es la familia.

Pachi, llevaba varios minutos hablando mal de su jefe de equipo, a sus compañeros, invitándoles a que le cortaran la cabeza, guiñando un ojo a su hermano, que militaba en el otro, denotando estar “jugando a dos bandas”.

Cuando el “combate” llegó al clímax y vi que podían pasar a mayores, solo les dije: "Si no os ponéis de acuerdo, se acaba el juego y nos ponemos a trabajar". Mano de santo, oiga, llegaron en tres segundos a una solución buena para todos. Bueno, y es que es como digo al principio, "búsquense, búsquense en el escrito, porque en alguno de los papeles, entramos todos. ¿Qué no?"

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