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Etiquetas:   El mundo al revés   -   Sección:   Opinión

Estado de las carreteras y velocidad de conducción

José David Gálvez
Redacción
viernes, 30 de junio de 2006, 01:27 h (CET)
De nuevo, la inspiración acude a mí al volver a la triste rutina. La semana santa queda atrás y la mente se centra en los próximos exámentes, para algunos, y en la vuelta al trabajo, para otros. Pero dejenme que les diga una cosa, estoy muy indignado. Y tengo un par de motivos para estarlo.

Primero, por la decepción que me ha producido comprobar que se han cumplido las previsiones de accidentes para ésta semana santa. Teóricamente las previsiones suelen cumplirse pero, aun a riesgo de que alguien me llame idealista, esperaba que éste año no se cumplieran. Esperaba que el número de accidentes de tráfico fuera mucho menor de lo que se esperaba. Parece ser que, como todos los años, no ha podido ser.

Quizá éste dato no me hubiera afectado del todo de no haber conducido a la vuelta de las vacaciones, pero lo hice. Craso error. Puede que en caso de no haberlo hecho, pudiera creer a Javier, Chema y Jesús, que exponen que el problema radica en parte en el mal estado de las carreteras. Pero mientras regresaba conduciendo, vi con mis propios ojos que éste no era el problema en el noventa por ciento de los casos.

Carretera de Burgos, más o menos a las 6 de la tarde del domingo. Mientras voy a una velocidad de unos 120 kilómetros hora, el máximo permitido, me adelanta un coche como una exhalación. Unos metros por delante, dos turismos iban por el carril izquierdo a una velocidad parecida a la de mi vehículo. El vehículo que me había adelantado, viendo que iba a chocar contra ellos, frena de tal manera que los neumáticos comienzan a echar humo mientras dejan parte de la banda de rodadura en el asfalto.

Con éste frenazo el vehículo, que sin duda iba a una velocidad muy por encima de la permitida, reduce su marcha de tal manera que la velocidad que lleva queda pareja a la de los dos turismos contra los que casi colisiona. 

Otra de las infracciones que pude ver, sucedió unos veinte kilómetros después. En éste caso, me sentía como el infractor, ya que aunque yo iba a 110 kilómetros hora, todos los vehículos de la autopista, incluido un camión de 4 ejes, me pasaban a gran velocidad. 

¿Cómo es posible que todos los conductores que circulen por una autopista, rebasen con creces los límites de velocidad establecidos? Puede que algunas de las carreteras españolas estén en mal estado pero, aunque estuvieran en buen estado, posiblemente no influiría en el número de accidentes de tráfico de forma considerable. ¿No me creen? Cojan el coche y háganse un viaje de un par de horas de duración por alguna de las autopistas o autovías de nuestro país, y pregunten a los otros conductores. Pronto se darán cuenta, de que no soy el único que ha vivido situaciones como las anteriormente descritas.

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