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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

El gol del jubilado

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
viernes, 30 de junio de 2006, 01:27 h (CET)
Durante dos semanas toda España ha aparcado sus diferencias y ha vibrado con “la roja”. Hacía años que la selección española de fútbol no lograba ilusionar a la hinchada como lo ha hecho es esta ocasión. Cuando jugaba nuestro combinado nacional las calles se quedaban desiertas y todos estábamos pendientes de la pantalla del televisor para ver como nuestros nuevos “tercios de Flandes” devolvían la ilusión del triunfo a un país donde los deportes de equipo no se distinguen, precisamente, por dar alegrías a sus aficionados.

Desde el 14 al 28 de Junio el grito de “ a por ellos” ha sido el más escuchado en la vieja piel de toro. Ante los ímpetus de una afición, un poco “friky”, que no ha dudado en pintarse la cara con los colores rojigualdas o disfrazarse de torero, manola o guardia civil nuestros futbolistas se convertían en héroes nacionales. Su primera actuación ante la selección de Ucrania, que por cierto ha llegado a cuartos, desató todos los furores patrios. Los locutores de una cadena tan seria como la SER nos instaban a escuchar el himno puestos en pie en el saloncito de casa y Esperanza Aguirre intentaba quitar espectadores a La Cuatro poniendo una pantalla gigante en la Puerta del Sol que como se sabe es el kilómetro cero de todas las Españas.

Y con estos mimbres cada españolito de a pie se convertía en un seleccionador tratando de emular al “sabio de Hortaleza, ese que llamo, en broma según él, “negro de mierda” a Henry sin que ningún organismo futbolero le llamara a capitulo. Raúl si, Raúl no era el gran dilema que de norte a sur y de este a oeste recorría España. Ya no importaban ni el Estatut, la ruptura de España en versión pepera, ni la tregua etarra. Desde el 4-0 a los ucranianos toda España levitaba en un estado de excitación permanente.

Luego llegó Túnez, nos metió un gol y nos pusimos a temblar. Los moros atacaban nuestras esencias patrias, pero nuestros futbolistas pusieron en el partido los mismo atributos que le cuelgan a ese toro negro que antes anunciaba coñac y ahora luce en nuestras banderas y levantaron el match. Ya estábamos clasificados. Luego llegaron los amos del petróleo y los suplentes del seleccionado hispano sufrieron para meterles un gol. Algo comenzaba a oler a podrido y no precisamente en Dinamarca.

Nos esperaban los franceses. El gallo azul contra el toro rojo. Y seguíamos sacando pecho. Una selección vieja, según los comentaristas deportivos, y que no había conseguido ser líder de su grupo no iba a descabalgarnos esta vez, como tantas otras, del mundial de fútbol. Incluso un rotativo deportivo tituló a toda página y en portada “Vamos a jubilar a Zidane” y el francés de origen magrebí se enfadó y devolvió a nuestra selección a Madrid. Otra vez los franceses rompen nuestras ilusiones, hace años Arconada la pifio, hace menos tiempo Raúl, siempre Raúl, falló un penalti y nos dio el billete de vuelta y ahora el “jubilado” remachó la faena de su equipo metiendonos un gol en los últimos segundos.

Ahora, con las ilusiones rotas y la moral por los suelos volveremos a arrinconar las camisetas rojas, la bandera que durante dos semanas hemos aireado por las calles alemanas y el bombo de Manolo hasta que dentro de dos años, en el Campeonato de Europa, volvamos a salir a la calle pensando que esta vez vamos a ganar algo. Mientras, seguiremos teniendo la mejor liga del mundo, los mejores extranjeros del fútbol y seguiremos olvidando esa cosa tan importante como es la cantera. En Francia el único que no estará contento será Le Pen. Su equipo, comandado por un seleccionador izquierdista y de origen español, esta formado por una mayoría de jugadores de color. Aquí el día que ganemos algo también tendremos un equipo mestizo, con magrebies, negros y latinos. Todo es cuestión de tiempo.

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