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Etiquetas:   El espectador   -   Sección:   Opinión

La banalidad del mal

Jorge Hernández

miércoles, 28 de junio de 2006, 23:51 h (CET)
La tesis de la banalidad del mal la sostuvo por primera vez Hannah Arendt a raiz del juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén en 1961. Banalizar el mal, dice Arendt, significa no sentirlo, no creer tener responsabilidad alguna sobre las atrocidades cometidas, ni siquiera sentir que son atrocidades. El problema de Eichamn, dice Arendt en el epílogo ‘ fue precisamente que había muchos como él, y que esos muchos no eran pervertidos ni sádicos, que eran, y siguen siendo aterradoramente normales’.

El lúcido ensayo de Arendt me ha venido otra vez a la mente después de ver la pasada semana al etarra Txapote y a la otra canalla reirse en la mismísima cara de los familiares de Miguel Ángel Blanco. Esa incapacidad para comprender el dolor ajeno es terrible desde el punto de vista de la moral. Su conducta es la mayor expresión de indiferencia ante el sufrimiento que tantas veces hemos visto en otros inculpados etarras. Lo grave sin embargo, es que esa actitud de desprecio ante las víctimas tiene también una perversa lectura política.

Reonozco que la mera contemplación de Txapote me provoca sentimientos muy encontrados, no ya por el hecho de reconocer en su mirada los ojos del asesino, sino porque el gobierno de mi país, que ha sido respaldado por varios millones de votos, está dispuesto a sentarse a negociar con él y con sus similares. Yo tengo muy presente todavía el momento en el que Arzalluz e Ibarretxe fueron abucheados en público por varios centenares de militantes socialistas el día en el que la pareja acudió al funeral de Fernando Buesa y su escolta Jorge Díez justamente por haber firmado un pacto con Euskal Herritarrok en Estella.

Zapatero nos dice ahora con su falsa sonrisa de oreja a oreja que los etarras tienen voluntad de abandonar la violencia y que lo importante es la paz. Me impresiona la conducta del presidente del gobierno, dispuesto a compartir mesa con los jefes de Txapote, comprometiendo gravemente a las instituciones y los aparatos de seguridad del estado, sin pedirle por supuesto que pidan perdón a las víctimas. ¿Dónde están todos aquellos militantes socialistas que abuchearon al Lehendakari en la capilla ardiente de Buesa?. ¿Cómo es posible que ninguna voz en el PSOE, a excepción de Rosa Díez, se alce en contra de esta indignidad?. Aquí lo único que está verificado es la voluntad de ETA de seguir matando, se lo dijo Txapote el martes a la propia Mari Mar Blanco.

Fernando Savater recordaba el otro día uno de los míticos monólogos del entrañable Miguel Gila en el que un conocido miope pereció al cruzar la vía del tren al leer en el cartel que avisaba ‘Paso peligroso’: ‘Pasa, saleroso’
con trágicas consecuencias. Esperemos que ZP tenga las gafas bien graduadas, porque sino, mal le va a ir.

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