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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

La represión sin la acción

Jabier López de Armentia
Opinión
martes, 27 de junio de 2006, 03:35 h (CET)
Del modus operandi de ETA se desprendía la táctica “acción-represión-acción”, siendo esta entendida como una serie de acciones emprendidas por la organización terrorista que serían (y fueron) contestadas con una fuerte represión ejercida por las fuerzas y cuerpos policiales españoles, siendo ésta contestada de nuevo con nuevas acciones de la organización terrorista. Evidentemente esta lógica era la lógica del desgaste, la lógica de atacar, aguantar los golpes y volver a atacar. La espiral de la guerra para mis ojos.

Esta táctica hace mucho tiempo que fue abandonada debido a los malos resultados que venía contrayendo para la organización terrorista. Hoy en día, podemos entender que la acción ha dejado de existir, entiendo como símbolo de tal inexistencia el cese de atentados y la disponibilidad, tanto de la organización terrorista como de su entorno abertzale, a negociar y alcanzar la paz. Por tanto, estamos en la facultad de señalar que la “acción” ha dejado camino libre a las palabras.

Las palabras son el instrumento más eficaz de la democracia, el arma que más lejos llega y más adentro cala en la sociedad. Como bien decía un gran amigo mío, las palabras llegan más lejos que las balas. Esta importancia que debemos darle a las palabras como instrumento de entendimiento y de defensa de las opiniones de cualquier ser humano es crucial para alcanzar la paz. Sin embargo y muy a mi pesar, veo cómo las palabras siguen siendo objeto de represión, sigo viendo cómo la represión sigue existiendo aun cuando la acción ha dejado de existir. ¿Por qué todavía existe la represión si la acción ya no existe? Gran dilema y sobre todo gran problema para alcanzar la paz.

Últimamente no veo más que atrocidades y barbaridades, verdaderos atropellos de los derechos humanos. No me parece lógica la postura del señor –por llamarlo de alguna manera– Grande-Marlaska. Un juez que parece cobrar por detenciones o que envidia la fama e importancia política que tienen algunos personajes de la “Jet Set” española. Debe ser alguna de estas dos razones porque la verdad no entiendo su comportamiento en los últimos meses, desde que se anunciara el “alto el fuego” por parte de la organización terrorista.

En las últimas semanas he quedado estupefacto ante las noticias que me llegan en relación a este señor y sus actos judiciales. Primero, niega toda posibilidad de expresión a cualquier dirigente de la izquierda abertzale, en especial a su “gran amigo” Otegi –recientemente ha prohibido la comparecencia de Otegi en un foro de debate en Barcelona–. Pero digo yo, Sr. Marlaska, ¿qué es mejor, que maten o que hablen? ¡Dejémosles hablar! Que se expresen cuanto quieran de acuerdo al mayor principio de la democracia, la libertad de expresión, ¿o acaso prefiere usted que no haya paz? Por otra parte, se dedica a ordenar la detención de dos empresarios vascos obligados a pagar a ETA. Suerte tiene usted de no vivir en sus carnes lo que es recibir una carta del “impuesto revolucionario” en Lekumberri y verse en la tesitura sobre qué acción emprender. Entiendo perfectamente el miedo que tuvieron esos dos empresarios y apoyo completamente que ante tal disyuntiva eligieran pagar y mantener sus vidas sanas y salvas. ¿Cómo detiene a los empresarios? ¡Detenga a los que enviaron la carta! Pero no al pobre amenazado. La ultima del Sr. Marlaska es mandar declarar como imputado a Xabier Agirre y como testigo a Xabier Arzalluz, ambos dirigentes del PNV, por tener relaciones con el aparato extorsionador de ETA. ¿Qué será lo siguiente, Sr. Marlaska? ¿Ilegalizar al PNV?

No sé exactamente cuál es el propósito del Juez Grande-Marlaska. Además hay que sumar a todo este carro de barbaridades realizadas, el claro gesto de desobediencia que ha realizado hacia la Fiscalia General del Estado, pasándose por el Arco del Triunfo las directrices del Fiscal General, Cándido Conde-Pumpido. Tampoco es entendible toda esta espiral de represión y caza de brujas que se practica cuando la acción –terrorista– ha dejado de existir, estando en la antesala de un proceso que nos puede llevar a todos a vivir en paz, y sobre todo a aprender a convivir juntos.

Jamás pensé que diría esto, pero al lado de Marlaska, Garzón se perfila como un ángel caritativo y solidario –entiéndalo en tono jocoso-.

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