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Etiquetas:   Políticamente incorrecta   -   Sección:   Opinión

Resoluciones y diligencias curiosas

Almudena Negro
Almudena Negro
@almudenanegro
martes, 27 de junio de 2006, 03:35 h (CET)
Dos asuntos han llamado esta semana mi atención. El uno se refiere a una de las más conocidas y, en mi opinión, menos solventes periodistas del corazón y la otra a los partidos políticos y la manía que tienen de tomar al ciudadano por idiota.

Por un lado, la Comisión de Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de Prensa Españolas (FAPE) ha concluido en no se qué expediente que Lidia Lozano, la rubia pija que no para de gritar para demostrar que está cargada de razón, vulneró el código ético del periodismo cuando se inventó aquella truculenta historia acerca de la tristemente desaparecida hija de Al Bano y Romina Power. Y es que, según el informe final emitido por dicha Federación, las afirmaciones de la rubia gritona de Telecinco carecían de “toda base probatoria y verificadora de la veracidad de las informaciones”. O lo que es lo mismo: que Lidia Lozano nos contó un cuento chino. Un cuento muy cruel, diría yo.

Claro que según la FAPE –que no sé yo qué clase de poder moral o ético tiene sobre nadie- el que la periodista, una vez descubiertas sus mentiras, una vez que Al Bano ya había montado en cólera y una vez que sus propios compañeros de profesión ya le habían exigido seriedad y rigor, apareciera llorando a moco tendido en la televisión reconociendo que lo que había contado era una mentira es una atenuante. Impresionante. Vamos, que si un periodista se inventa una historia el mero hecho de reconocer que ha mentido se considera algo menos grave. Si mañana la Cadena SER reconoce que mintió al inventarse la existencia de un terrorista suicida –ya saben, invenciones de la SER de los días 12, 13 y 14 de marzo de 2004- pues… ¡pelillos a la mar! Habrá que darles las gracias por reconocer que el suicida jamás existió.

Por otro lado, y esto promete ser la mar de divertido si el demandante se sale con la suya, un abogado murciano presentó hace tiempo una denuncia que ha supuesto la apertura de diligencias judiciales contra el PSOE por publicidad engañosa por incumplimiento de promesa electoral en el Programa electoral para las Elecciones Generales del año 2004. La demanda contra el PSOE se refiere al proyecto de reforma de la Ley del Tribunal Constitucional que establece un nuevo régimen de inviolabilidad de los magistrados de esta institución. El demandante, señor Mazón, se basa en la Ley de Publicidad, la cual considera también de aplicación a los partidos políticos y sus campañas electorales y pide que se declare judicialmente que la promesa electoral de potenciar la responsabilidad de los jueces y magistrados hecha por el PSOE en su programa 2004 "ha resultado ser engañosa y, por tanto, publicidad ilícita, retirándola del programa y con obligación de publicar la sentencia en dos periódicos de ámbito nacional".

Pues no estaría mal que se obligara a que los partidos que sufrimos tuvieran que cumplir sus promesas electorales. Pero ¿qué sería de aquel consabido dicho de que los programas electorales de los partidos están para no ser leídos ni cumplidos? Madre mía, lo de Tierno Galván habría sido, directamente, apología de la publicidad ilícita. ¿Se imaginan lo que sería del PSOE de ZP sin poder prometer un ordenador, ni una vivienda por joven, ni la paz eterna? ¿Se imaginan a Ruiz Gallardón sin poder prometer que va a bajar los impuestos? La hecatombe. Y es que las campañas electorales son campañas de propaganda. Campañas que comienzan al día siguiente de celebrados los comicios y que terminan el día en que el ciudadano, desposeído de su soberanía a favor de la partitocracia, deposita su voto en las urnas.

Pues nada, que nos prometan en las próximas que no van a rehabilitar profesionalmente a Lidia Lozano. Y todos tan contentos. Lidia –se multiplicarán sus apariciones televisivas- , la FAPE -¡pero qué bien he quedado!- y los redactores de los programas electorales –una trola más que se tragará el ingenuo elector-. La paradoja del mentiroso.

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