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Ucrania, rumbo a Europa

Viacheslav Igrunov
Redacción
martes, 27 de junio de 2006, 03:35 h (CET)
El bloqueo del puerto maritimo protagonizado por los vecinos de Feodosia, en Crimea, donde desde el buque “Advantage” de las Fuerzas Navales de EE UU fueron descargados armas y material de guerra destinados a los ejercicios tácticos internacionales “Sea Breeze-2006”, situó la adhesión de Ucrania a la OTAN entre los temas clave de la política ucraniana.

Hace poco aún se consideraba que la integración euroatlántica podrá ser realizada sin mucho ruido, paso a paso, como sucedía bajo el mando del presidente Kuchma, pese al desacuerdo de la mayoría del pueblo. Sin embargo, el estallido del descontento popular en Crimea barajó todas las cartas: el problema se promovió al centro de atención popular. Ahora se hace evidente que el apoyo electoral de los partidos políticos dependerá directamente de su postura respecto a este asunto.

A decir verdad, la actitud hacia la OTAN de los ucranianos no es demasiado negativa. Ya el aсo pasado, tan sólo la mitad de los habitantes de Ucrania se manifestaba contra el ingreso en esta alianza, es decir, menos que en la República Checa occidentalizada en vísperas de su adhesión a la Alianza Noratlántica. Pues ¿por qué ahora ha subido en flecha el número de adversarios de la OTAN obligando a los soldados norteamericanos a abandonar Crimea?

La respuesta está a la vista: la actitud hacia la OTAN caracteriza a las fuerzas políticas en igual medida que la relativa al estatus de las lenguas rusa y ucraniana o a la formación del gobierno.

Estos tres problemas están estrechamente vinculados entre sí. El principal es el que divide hoy a Ucrania: ¿Qué va a ser el meollo de Ucrania en el futuro: comunidad étnica o comunidad cívica? En el primer caso todos habrán de ser ucranianos étnicos; en el segundo, ciudadanos de Ucrania.

La cúpula ucraniana que hiperboliza el aspecto étnico, acusa al líder del Partido de las Regiones y ganador de las recientes elecciones parlamentarias, Víctor Yanukóvich, de simpatizar con Moscú traicionando los intereses nacionales. Pero conviene recordar algunos episodios de la biografía de Yanukóvich. Es dudoso que Moscú apreciara positivamente su participación en las conversaciones de la época de Kuchma sobre la ampliación de la OTAN, su oposición al capital ruso en todos los derroteros, y su postura ambivalente hacia la formación del Espacio económico único costeada por Rusia.

¿Qué ha cambiado? Se trata de que los ánimos de la mayoría de ucranianos no dependen demasiado del factor ruso: la fidelidad a la patria, Ucrania, se ha convertido en algo natural para la abrumadora mayoría de sus ciudadanos. Sin embargo, los habitantes rusohablantes de Ucrania se consideran ciudadanos de este país no porque quieran ser étnicamente ucranianos. Quieren conservar en Ucrania su singular identidad rusa, su lengua, quieren educar a sus hijos conforme a la habitual tradición cultural, lo cual resulta inadmisible para sus opositores.

La formación del gobierno por el Partido de las Regiones ofrece la posibilidad de formar una comunidad de todas las etnias que habitan Ucrania, lo que es suficiente para que, pese a las tradiciones democráticas, los partidos “naranjas” libren debates, obviamente infructíferos, sobre una coalición con un único objetivo: apartar al Partido de las Regiones de los reales mecanismos de poder.

La victoria política de las fuerzas “naranja” en 2004 conmovió a Ucrania: la gente dio creyó en las posibilidades de la sociedad civil. Pero si a corto plazo la victoria de Yúschenko redundó en fracaso, lo que disminuyó la actividad política de sus partidarios, la población del Sureste interpretó el desprecio sufrido como desafío y respondió a éste con la intensificación de las acciones cívicas.

Este viraje generó varias decisiones de las Administraciones Públicas locales de conceder estatus regional a la lengua rusa. El presidente inmediatamente las tachó de improcedentes. Sus declaraciones parecían estar basadas en el desconocimiento de las leyes de su propio país o en el menosprecio por el derecho, rasgo inalienable del nuevo poder ucraniano. No obstante, las acciones del presidente son plenamente comprensibles. Por ejemplo, la Rada (parlamento) regional de Ternopol, que cuenta con el apoyo de los partidarios más activos y fieles de Yúschenko, aprobó la declaración de que las decisiones sobre lenguas regionales amenazan a la formación de la comunidad étnica ucraniana.

A juzgar por todo, ya no será posible aplastar la actividad de los ciudadanos rusohablantes de Ucrania. Además del “conflicto lingьístico” no se puede dejar de tener en cuenta la oposición de Crimea a la OTAN.

¿Qué significará para Ucrania su integración a la OTAN? Ruptura indiscutible de la cooperación con Rusia en materia de la técnica militar. Ya ahora Rusia emplaza sus misiles a cambio del “Satanás” ucraniano. Fue anunciado el cese del proyecto conjunto AN-70. Tampoco se harán esperar otras decisiones, ya que, por ejemplo, en el sector espacial Ucrania deja de ser consocio convirtiéndose en rival.

Pero las complicaciones afectarán no sólo a la cooperación técnico-militar (aunque esta esfera reviste especial importancia, puesto que solamente los sectores de alta tecnología podrán asegurar a la economía de Ucrania la capacidad competitiva en el mercado mundial en el futuro).
Es también importante que la militancia en la OTAN no reporte dividendos complementarios a Ucrania. Al contrario, la adopción de las normas de la OTAN devendrá un fardo complementario para el presupuesto público ucraniano. ¿Tal vez la militancia en la OTAN asegure garantías de seguridad complementarias? Pero en el futuro previsible no se vislumbran peligros para cuya prevención la militancia en la OTAN pueda surtir efecto.

Es decir, desde todos los puntos de vista, en una perspectiva a plazo medio, la integración a la Alianza Noratlántica contradice los intereses nacionales de Ucrania. No obstante, los políticos “anaranjados”, violando las leyes de su propio país, se atienen firmemente a este rumbo.

¿Por qué? Por la mera razón de que las relaciones de buena vecindad con Rusia les hacen imposible diseсar la política teniendo por norte el principio étnico. Y, por consiguiente, ponen en jaque el predominio del principio étnico en Ucrania. Por esto estiman necesario presentar a Rusia en calidad de enemigo, y cuanto más dura sea la respuesta de Rusia, mejor. Se pretende que la población sienta amargura o incluso odio hacia Rusia, entonces la imagen de Rusia y, junto con ésta la del ruso, suscitará repugnancia entre la mayoría de ciudadanos y será mucho más natural para ellos sentirse ucranianos étnicos, opinan ellos. Procede seсalar que este rumbo es de agrado de algunos políticos occidentales que procuran utilizarlo al máximo a la hora de repartir esferas de influencia a nivel global.

Pero los partidarios de formar en Ucrania una comunidad integrada por todas las etnias, adelantan objetivos distintos. Por esta razón, la predilección de las fuerzas “naranjas” por la OTAN origina su protesta. Hoy, como ya se ha dicho, la actividad de esta parte de habitantes de Ucrania se está intensificando.

La expulsión de los militares norteamericanos de Crimea marcó una de las primeras victorias de la sociedad civil que se opone al predominio del principio étnico. Lo mismo que la aprobación de las leyes regionales sobre el estatus de la lengua rusa. Precisamente estas acciones, y no el aplastamiento de las necesidades culturales naturales, son pasos reales de Ucrania en el camino hacia la sociedad europea.

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Viacheslav Igrunov, para RIA Novosti.
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