Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Alquimistas en precario

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 25 de junio de 2006, 23:56 h (CET)
A diario nos enfrentamos con los retos y frustraciones propias de la vida que nos tocó en suerte o desgracia. Las limitaciones abundan, dificultan la labor. La diversidad entre los pobladores del planeta, multiplica las facetas de cada acto, de cada valoración.

Las maneras de percibir los hechos, la sensibilidad entre los humanos, abundan en sinuosidades; entre ellas se hace muy laborioso eso de alcanzar una vida buena y feliz. De ahí que tengamos por delante una tarea propia de alquimistas. ¿Cómo denominaríamos si no a la necesidad de tornar maravillosos e increíblemente satisfactorios a los numerosos problemas que vamos afrontando?

Es decir, el logro de unas espléndidas realidades, personales, de convivencia, profesionales, requiere la confluencia de hilos en un tapiz muy trenzado, son las circunstancias favorecedoras -alimentación, inteligencia, colaboraciones-. Y, a su vez, soslayar los numerosos obstáculos, o simples diferencias de enfoque. Enormes exigencias cuando las capacidades pocas veces resultan suficientes.

Escojamos una primera aproximación a la idea que de la JUSTICIA tendrá cada ciudadano. Está muy claro el ideal, pensaremos en una justicia deseable para todos, una buena justicia. Ya resultará más enrevesada su realización cotidiana, generalmente bajo tantos enfoques como personas se acerquen a ella. Unos están acostumbrados a burlarse de ella -terroristas, tramas político-económicas, xenofobia, abusos sociales-; en estos se desdibuja la imagen del concepto. Otro grupo lo conforman las víctimas, quienes sufrieron los tratos injustos, dentro de las familias, o venga de donde vengan las agresiones. Y en un tercer apartado podemos colocar a quienes son portadores de deficiencias o simples diferencias que no les sean reconocidas por los demás. Fijémonos en cuantas personas quedan asignadas a estos contratiempos. ¿Cómo van a mantener una idea atrayente de la justicia quienes se habituan a estos desmanes? Un primer terreno en precario para la pretensión de aquella vida buena mencionada.

Si pretendemos la consideración de las características BIOLÓGICAS, las fallas o insuficiencias en estos campos son muy notorias. Nos originan obstáculos e incapacidades para el desarrollo de las potencias que anhelamos. Si pretendemos el alcance de niveles mágicos en la vida, eso resultará más difícil con las taras biológicas. Así, la genética deja su sello, determina las capacidades de cada órgano, permitiendo o impidiendo una sensibilidad concreta, una fuerza o un tono físico. No es preciso ahondar en las enfermedades, desde las agudas y a veces mortales -aquí se corta de raíz toda posibilidad-, hasta las crónicas con acumulación de defectos. Y algo similar ocurre con la mente, sus vericuetos son mucho más complejos. Más que de taras, hablaríamos de deficiencias limitantes.

Por pura lógica, no dejaremos de lado el apartado de las PENURIAS, cuando nos desenvolvemos entre severas carencias. No sólo económicas, también el trato social, los desastres naturales, accidentes, guerras, o los derivados de las desigualdades socio-políticas. La escasez o eliminación de unos medios concretos actúan como lastre que nos impide unos vuelos potentes.

En cuanto a precariedad se refiere, llegamos a generar increíbles comportamientos. ¿Cómo podríamos calificar de otra forma a ciertos desprecios CULTURALES? Prescindimos con facilidad de algunas realidades en el mundo de la cultura, sin ninguna necesidad las dejamos de lado, cerramos los ojos hacia ellas y nos obsesionamos con las necedades. Echemos un vistazo a los valores familiares, religiosos, cada vez más denostados por cierto público; eso sí, sin la contrapartida de alternativas meritorias, simplemente atolondrados con lo nuevo. Más que las auténticas vivencias personales, se propugnas unos folklorismos vacuos, por teledirigidos, estereotipados y con frecuencia politizados. Amputaciones culturales innecesarias, encaminadas a retrasar un proceso que enriqueciera el pluralismo verdadero. La cultura debiera enriquecer a través de una diversidad radical, ajena a las manipulaciones.

También nos deja muy renqueantes esa INSOLIDARIDAD abrumadora que pulula por esquinas y despachos. Resulta castrante para cualquier intento de mejorar las circunstancias vitales. Desde actos sencillos, como ensuciar la vía pública o jardines; la conducción temeraria, con secuelas terroríficas; hasta el trato despectivo entre los ciudadanos. ¿Dónde quedó el respeto mutuo? ¿Es necesirio volver a argumentarlo? Si nos desgajamos unos de otros, esa postura radical sólo puede conducirnos a unas relaciones caóticas. Si permanecemos en estas tendencias, no vamos a conseguir transformaciones sugerentes, ni la piedra filosofal, ni la más modesta convivencia agradable. Se trata de otra de las amputaciones, paradójica, en épocas de tantos adelantos.

Y no me olvido de una horrorosa mutilación de la que alardeamos en cuanto tenemos ocasión, pretendemos mencionarla poco, pero la practicamos a mansalva. Quiero sacar a relucir la BANALIDAD, como una de las formas más perversas y ladinas, supone desentenderse de las maldades sin dejar de practicarlas. El agudo diagnóstico de Hannah Arendt no es aplicable sólo a los nazis. Como digo, se ha generado un tipo de personas centradas en su "profesionalismo" neutro, en una convivencia amorfa, pero desentendidos de los demás. Se definen como "normales". Desde esa posición, no piensan más, no quieren hacer otras valoraciones; o no quieren confesarlas. Son indiferentes a los asesinatos terroristas o políticos, corrupciones, malos tratos, etc., aunque su labor colabores activamente en esos actos. ¿Existen o no este tipo de colabores? ¿Formamos parte de alguno de esos contubernios?

Por lo tanto, llegamos a la paradoja final, al trueno estremecedor. Lanzados como estamos a la aventura diaria y al sentido de un trágico final unamuniano, es incomprensible como no aplicamos todas nuestras cualidades para aminorar el drama y mejorar la convivencia. Dicho de otra manera, se nos pide una labor de alquimistas, utópica y primorosa; pero se nos funden los plomos con demasiada frecuencia. También en esto requerimos NUEVAS FUENTES de energía, mejores y no contaminadas. ¿Cuáles son y dónde encontrarlas?

Noticias relacionadas

El día de…

Nos faltan días en el año para dedicarlos a las distintas conmemoraciones y recordatorios

Como hamsters en jaula

​Hermanos: estaréis de acuerdo conmigo de que los acontecimientos políticos están pasando a una velocidad de vértigo

La revolución del afecto como primer efecto conciliador

Nuestro agobiante desconsuelo sólo se cura con un infinito consuelo, el del amor de amar amor correspondido, pues siempre es preferible quererse que ahorcarse

¿Qué se trae P. Sánchez con Cataluña?

Se dice que hay ocasiones en la que los árboles no nos dejan ver el bosque

¿Nuestros gobernantes nos sirven o les servimos?

Buscar la justicia, la paz y la concordia no estoy seguro de que sea al principal objetivo de los gobernantes
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris