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España en el medio de una intriga internacional

La presencia de Valls ha sido una imposición del Elíseo aceptada de mala gana por parte de Cs
Michel Fonte
jueves, 18 de julio de 2019, 11:16 h (CET)

El panorama cuántico afecta el naciente gobierno de Pedro Sánchez

La afirmación del PSOE en las elecciones del 28-Ai se está revelando un brindis amargo, en particular, el chocar de los cristales puede romper en mil pedazos todas las posibles alianzas que se plantean en la mesa del partido ganador, confirmando que la política es el arte de lo imposible o, cada vez más, el reino de la física microscópica. La llave para abrir la cerradura de la puerta que garantice la investidura de un gobierno estable y duradero, se encuentra en puñado de muchísimas llaves, que determina lo que en ciencia se llama “superposición”. Al fin y al cabo, se trata de gestionar una situación de concomitancia e interferencia, en que cada opción tiene consecuencias que van mucho mas allá de lo elegidoii, generando no solo resultados inesperados, sino, además, contrarios al pensamiento racional pragmático, que contradistingue los integrantes – protagonistas, gregarios y extras – del sistema partidista, acostumbrados a una visión clásica de los acontecimientos.

De momento, Pedro Sánchez, en la que es la “Matrix” española, no ha localizado el cerrajero para llegar hasta la “Fuente”, es decir, una solución que le consienta, al mismo tiempo, seguir con el apoyo de los electores de izquierda, desactivar el separatismo, específicamente en su versión catalana, dotar la nación de robusteza económica, presentarse como interlocutor fiable en el diálogo con la clase empresarial y financiera, y, a nivel europeo, acreditar a España como tercera pata de la alianza entre Francia y Alemania. Esta última, muy consolidada en el común proyecto de la UEM (Unión Económica y Monetaria), se ha formalizado de manera explicita con el Tratado de Aquisgrán del 22 de enero de 2019iii, 56 años después del acuerdo entre Charles De Gaulle y Konrad Adenaueriv (Tratado del Elíseo, 22 de enero de 1963). El pacto prevé unas importantes clausulas militares, algunas de las cuales confidenciales, que establecen asistencia reciproca en caso de agresión militar. En otras palabras, las dos potencias quieren independizarse de la OTAN y desecharse de la supervisión exclusiva de EE. UU., construyendo un ejercito europeo que les permita apuntalarse como actores globales y extender su hegemonía sobre el viejo continente.

En tal sentido, el anuncio de Macron de la creación de una fuerza especial, para proteger la información satelital y abrir la carrera hacia el dominio del espaciov, ha sido un claro reto de París al programa de inversión de Washingtonvi (8.000 millones de dólares), destinado a implementar la sexta división de las Fuerzas Armadas, las así llamadas tropas cósmicas. En el desfile del 14 de julio, el presidente francés ha subrayado también la primacía de las relaciones franco-alemanas, una rotunda respuesta a la salida del Reino Unido de la UEvii (23 de junio de 2016) y al alejamiento de Italia.

La nación de Maquiavelo, a partir del 1 de junio de 2018, tras la entrada en funciones del nuevo gobierno “amarillo-verde”viii, electo en marzo del mismo año, ha optado por robustecer su enlace histórico con el aliado transatlántico. Sucesivamente, ha reivindicado su autonomía de las instituciones europeas adoptando una vía preferente con la RPCCh y Rusia, como atestiguan el memorándum de entendimientoix (22-23 de marzo 2019) firmado con Pekínx – un acuerdo sin ataduras jurídicas que, sin embargo, expresa la voluntad de buscar un camino diplomáticoxi y económico alternativoxii, adhiriendo a la Nueva Ruta de la Sedaxiii – y la presencia de Vladímir Putin en Romaxiv (4 de julio de 2019). El actual inquilino del Kremlin, ha confirmado el rol estratégico del “Bel Paese”, al pedirle al presidente del Consejo de Ministros Conte seguir en la batalla para levantar las sanciones impuestas a la Federación Rusa tras el conflicto de Crimea, y, asimismo, evidenciado la importancia de la mediación italiana tanto con EE. UU. como con la UE. Por último, le ha enviado un mensaje a China para que flexibilice su posición en materia comercial y aduaneraxv. Con respecto al pasado, el escenario internacional aparece profundamente cambiado, debido a una tempestuosa carga de conflictividad interestatal y social. De hecho, cada contendiente comprende que la multipolaridad que sustituyó un breve periodo de unipolaridad (dominado por EE. UU.) y casi medio siglo de estable equilibrio bipolar (EE. UU. y URSS), aunque desafiante y belicoso, se ha convertido en una realidad cuántica. Las características de este nuevo tablero geopolítico, es que hay unas superpotencias mundiales involucradas en una pugna frontal – China, EE. UU. y Rusia (tripolaridad) – y diversos países, que en lugar de tomar partido entre las tres sin rechistar, quieren conquistar un papel global, empezando a extender su área de influencia a nivel regional. Es lo que pasa cabalmente en Europa, por un lado, con Francia y Alemania, y por el otro, con el revoltoso Grupo de Visegradoxvi; en Oriente Medio, donde compiten Arabia Saudí, Iránxvii, Israel y Turquía; en Asia del Sur, que es terreno de enfrentamiento entre India y Pakistánxviii, naciones dotadas de armas nucleares; y en Asia Oriental, en que emergen otra vez, después de la segunda guerra mundialxix, las tensiones entre Japón y Corea del Surxx.

La multiplicación de jugadores e intereses determina declaraciones ambiguas y frecuentes cambios de postura, que incluso llegan a un giro radical, desatendiendo alineamientos ideológicos tradicionales e infringiendo pactos de larga duración. Un ejemplo típico, entre otros, de la diplomacia cuántica que se ha producido, es Italia, uno de los miembros fundadores de la UE y principal aliado europeo de EE. UU., igual que Reino Unido, dado que representa la base imprescindible de las operaciones militares norteamericanas en África del norte y Oriente Próximo, además de ser un importante almacén de su arsenal nuclearxxi. Sin embargo, eso no le ha impedido desarrollar óptimas relaciones con Rusia y China. Efectivamente, durante los gobiernos Berlusconi (1994-1995, 2001-2006, 2008-2011), se han cerrado, a través de unas empresas intermediarias todavía no identificadasxxii, negocios lucrosos y oscuros entre la multinacional petrolera ENI y la mayor compañía rusa en el sector de los hidrocarburos, Gazprom, para garantizar a Italia continuidad y seguridad en el suministro de gas. Al mismo tiempo, el país ha acrecido su intercambio comercial con China, a tal punto que, hoy en día, el gigante asiático ocupa la tercera plaza como exportador (7,3% detrás de Alemania, 16,6%, y Francia, 8,6%)xxiii, y la novena como importador (2,9%)xxiv, y, después del aludido memorándum, se afianza como inversor destacado en la península mediterránea (actualmente ocupa la 11° plaza)xxv.

El eje franco- alemán se enfrenta a la hostilidad estadounidense

La formación del gobierno Sánchez no es un asunto de política interna sino de política exterior, por eso España se encuentra en el centro de una intriga internacional. El proceso comenzó con las legislativas y ha continuado con los comicios municipales, en particular, los de la ciudad condal. En la víspera del 28-A, Angela Merkel y, sobre todo, Emmanuel Macron, han expresado de manera clara su apoyo al secretario general del PSOExxvi, preocupados por la posible pérdida de otro aliado “decididamente europeísta”xxvii. Anteriormente, el actual presidente de Francia, había promovido Manuel Valls como emisario en tierra ibérica, de hecho, es ingenuo pensar que el exprimer ministro dejó sus cargos de diputado en la Asamblea Nacional y consejero de la municipalidad de Évryxxviii, solo para ser candidato – además con pocas posibilidades de triunfo – a alcalde de una ciudad, aunque importante, como Barcelona.

En definitiva, la presencia de Valls ha sido una imposición del Elíseo aceptada de mala gana por parte de Cs. La cúpula de la formación naranja ha tolerado más que suportado su campaña, y lo ha hecho para seguir con el respaldo político de La República en Marcha (LREM), capaz de garantizarle un desempeño relevante dentro de la Alianza de Liberales y Demócratas Europeos (ALDE). Este grupo liberal, ahora renombrado Renew Europexxix (Renovar Europa), está presente en los 28 países de la UE, y se ha afirmado como tercera fuerza (108 diputados) en las elecciones europeas del 26-M. Su línea de acción está fuertemente influenciada por el mandatario galo, dado que LREM es el segundo partido más representado (13 escaños) después de los Lib Dems (16 escaños), los Liberales Demócratas británicosxxx, presuntamente destinados a salir del Parlamento Europeo, en cuanto se cierre el Brexit. Pues, Macron tiene el poder de conseguir y repartir cargos, a la hora de formalizar las comisiones permanentes y muchos directivos en las instituciones, agencias y organismos comunitariosxxxi.

La historia de siempre, o sea, amiguismo, enchufismo, maniobras subterráneas y traiciones, determinan tratos que no son los que los electores imaginan o esperan, engañados por la propaganda y los discursos enfáticos de los lideres, mientras que como dijo José Martí: “En política, lo único verdadero, es lo que no se ve”xxxii.

Lo que precisamente no se ve, o más bien, se oculta, es la lucha entre EE. UU. y la coalición franco-alemana, para la conquista de España como pieza de sus contrapuestas estrategias. El Departamento de Estado gestiona sus relaciones exteriores a través de Steve Bannon, el supremacista blanco que a pesar de haber sido alejado por motivos de oportunidad del Consejo de Seguridad Nacional (18 de agosto de 2017)xxxiii, en que ocupaba el cargo de asistente permanentexxxiv, desarrolla una actividad diplomática intensa y poderosa. Es evidente que el presidente Trump sigue pensando que es el hombre adecuado para intentar aislar a Alemania y Francia, no obstante las afirmaciones vitriólicasxxxv contra su ex asesor y mentor (otra vez lo que se ve no es la verdad). Bannon está promoviendo, por una parte, un bloque de naciones mediterráneas, “frente del sur”, bajo el mando de un socio confiable como Italiaxxxvi, y por otra parte, un bloque oriental, “frente del este”, que se ha concretizado en el Grupo de Visegrado, liderado por el primer ministro húngaro Viktor Orbán. Asimismo, en el “frente norte”, el Brexit se vuelve cada vez más complicado. La celebración del referéndum fue apresurada para impedir el ascenso de Alemania como único mercado bursátil continental, plan que se iba desplegando con la fusión entre Deutsche Börse y London Stock Exchange Group (LSEG)xxxvii, en que los accionistas de la sociedad de Fráncfort habrían percibido el 54,4% de los títulos de la nueva entidadxxxviii. De realizarse el proyecto, Alemania habría juntado el poder financiero con el dominio industrial (4° país por PIB con 3.386.000 millones de euros)xxxix y mercantil (2° país por avance en la balanza comercial con 232.297 millones de euros)xl. De ahí que EE. UU. aboga por una ruptura del acuerdo sin pagar la factura a la UExli, una maquinación que, a pesar de las públicas discrepancias entre Boris Johnson y Nigel Faragexlii, está encontrando en estos protagonistas sus abanderados, con el consiguiente aniquilamiento de Theresa Mayxliii. La ocupante de Downing Street ha mostrado una falta de firmeza a lo largo del proceso de negociaciónxliv, que hace sospechar que su objetivo, desde el principio, era un pacto que encallara una salida efectiva del Reino Unidoxlv, así que en caso de no lograr la aprobación del Parlamento, se abrieran las puertas a una segunda consulta popular. Una posibilidad que empieza a ganar terreno, como demuestra el giro del líder laborista Corbynxlvi, que después de manifestar un euroesceptiscismo granítico y resistirse a las presiones internas de su partidoxlvii, ha expresado no solo la exigencia de un nuevo referéndum, sino también su apoyo a la permanencia del país en la Unión Europea. Este reciente acontecimiento es una prueba ulterior de la guerra sin cuartel entre el eje francoalemán y EE. UU., es decir, entre el que – según Bannon – quiere transformar a Italia y España “en Carolina del Norte y Carolina del Sur”xlviii, saqueándolas de sus bienes e identidad, y el imperio norteamericano lidiando con un entorno hipercompetitivo, para conseguir su supervivencia. Este último, imitando la táctica china de acuerdos bilaterales, está dispuesto a ofrecer ventajas económicas y protección militar, a cambio de respaldar su hegemonía y quebrantar las ambiciones de nuevos (RPCh) y antiguos rivales (Rusia, Alemania, Francia). 

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