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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Textos y censura

Nieves Fernández
Nieves Fernández
domingo, 25 de junio de 2006, 01:39 h (CET)
Era un libro extraño. Demasiado grueso y extraño. En blanco y negro. Con portada brillante y páginas ligeras de fino papel. No recuerdo su título ni su portada. Para nada un libro infantil o adecuado a los ojos que una niña curiosa y ávida de lecturas pudiera disfrutar, a pesar de los pocos libros que en casa circulaban. Supongo que lo abrí y leí lo suficiente como para que en mí quedara fijo el recuerdo de sus imágenes, sus fotografías y datos escalofriantes. ¿Cómo llegó hasta mí? Lo ignoro, aunque se me hace presente cada vez con más fuerza una vecina de mis abuelos, poseedora de una pequeña biblioteca en la vieja alacena de un cuarto oscuro. Me asusté al pasar sus páginas e indagué en aquel libro cada vez más extraño y prohibido. Lo adoptaría algunos días, incluso puede que semanas, sin que mis mayores se dieran cuenta de las lecturas que albergaban mis manos infantiles, sabía que mi ingenua curiosidad no se permitiría.

Fue para mí un libro amargo que un día mi abuela me arrebató sin más preámbulos y preparó en el patio su no donoso escrutinio de fuego. A lo largo de mi vida he recordado esos rostros de cera, jóvenes rostros de frailes dibujados o fotografiados junto a su nombre y los crueles detalles de su muerte, ahora tengo la certeza de que la mayoría de ellos eran jóvenes, muy jóvenes, y demasiado inocentes como para morir salvajemente, como todas las víctimas de las guerras, de un bando u otro, de una u otra edad, de cualquier ideología, como esos 43 frailes dominicos de Almagro, cuyos restos reposan en el Convento de Calatrava, el mismo que en la actualidad presta su Claustro para el Festival Internacional de Teatro.

Lo que ocurre es que de aquellos días, de aquellas brutales matanzas de uno y otro bando hace sólo 70 años, todavía muy pocos, como para olvidar libros y hechos así, o para cantes milicianos, como los de Carmen Linares, que bien se escucharán en cualquier otro lugar en este año 2006 especial de la Memoria Histórica de aniversarios republicanos, porque esos cánticos son ya historia y desde una posición histórica deberían escucharse. A veces, no es cuestión lo que se dice, sino dónde o cómo se dice. Hay lugares adecuados para el baile, el deporte, la oración, incluso para el arte. Se puede llevar la oración a un estadio de fútbol, a veces se celebran misas en espacios abiertos dedicados habitualmente a otros menesteres como polideportivos o plazas de toros. Y al contrario, ¿qué tal un partido de fútbol en un monasterio cerca de las imágenes? Raro, ¿verdad?, hasta irreverente. Sin embargo, todos cuestionaríamos ciertos espectáculos, por ejemplo, en un cementerio o campo santo. Y eso es lo que hay, un pequeño cementerio muy cerca del clásico escenario.
Hace dos años Boadella introdujo comentarios despectivos contra la religión y Cervantes en el Claustro, comentarios criticados. Según el Obispado de Ciudad Real, pueden conocer los textos dramáticos clásicos pero últimamente se hace tanta versión libre en el Festival que no saben lo que se representará. ¿Censura eclesiástica en el siglo XXI? No hay tal, como mucho se pide un poco de sensibilidad y respeto con las obras llevadas junto a las columnas de mármol de Carrara, pero no hay más problema si se cambia escenario, hasta puede que las dos obras retiradas del Claustro, tanto el recital de Carmen Linares como los Cuentos de Canterbury, sean de las más celebradas por los espectadores, como debe ser, a Dios gracias, por un público demócrata y abierto al respeto cívico de cualquier texto o expresión. Será en la antigua Universidad donde sonarán las peteneras y bulerías con versos de Miguel Hernández, Lorca y Machado de los 6 músicos que acompañan a Carmen. Y de los cuentos picantes en verso para 22 actores y 70 personajes de la Royal Shakespeare Company, estamos expectantes con sus 3 horas de duración: “(...) en la noche fueron llegados a aquella hospedería/ hasta veintinueve en una compañía de gentes variopintas/ reunidos en comunidad y peregrinos eran todos ellos...” Bienvenido el genial texto poético medieval inglés, bienvenidos los cánticos de Carmen y total respeto para actores y espectadores en la cita anual y clásica.

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