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La paz de los pueblos (Alemania 2006)

Pascual Falces
Pascual Falces
domingo, 25 de junio de 2006, 01:39 h (CET)
(para el Dr. Maldonado Campos)

Este doctor nacido en San Luis Potosí (México), gran médico, buen padre, y excelente persona, y, con cuya amistad se honra este columnista desde hace muchos años, se encuentra mal, aquejado de una terrible dolencia, e ingresado en el mismo Hospital Español de la capital de México donde durante tantos años atendió a sus pacientes. Todos los tratamientos aplicados no parecen mejorarle. Es un gran aficionado al “futból”, como se dice por allá, y, tal vez el espectáculo del Mundial sea su distracción en el medido confinamiento-cautiverio de su habitación. A él va dedicada esta columna, de corazón, y como prolongación de tantas entrañables conversaciones.

Todos los países del mundo se han puesto de acuerdo; como si fuera un prodigio que se repite cada cuatro años. Y, no lo han hecho sobre una mesa de negociaciones, ni en la Asamblea de Naciones Unidas, sino sobre campos de césped, y bajo la inflexible “batuta” de un inexorable Reglamento de la FIFA. Todas las razas y credos están representados en Alemania; no sólo con sus respectivos jugadores, si no animados por una afición. que, con su propio esfuerzo, se ha gastado “lo que sea menester” para alentar con su presencia pintarrajeada y bullanguera –lo que se dice variopinta-, a los colores que les representan. Sólo esto, es motivo de reflexión a favor de este deporte que consigue lo aparentemente no conseguible; una quimera de armonía digna de tener en cuenta.

Pensar que tan sólo es distracción, un entretenimiento, como pueden ser las “play station”, es pecar de puerilidad, y, hasta cierto punto, un insulto a los otros cientos de millones que, apasionadamente, participan en él a través de pantallas cada vez mayores. Valores humanos como el trabajo en equipo, el juego limpio y respetuoso de un reglamento (como una Constitución, o legislación, “ad-hoc”), la solidaridad, y el apiñado compañerismo, son caracteres que sobresalen entre los “once” representantes de cada himno y bandera. Se puede decir, también, que la comercialización parezca excesiva, pero, ¿dónde no está metido, hasta el tuétano, el comercio en las actividades humanas? Además, resulta chocante que algunos de los jugadores seleccionados -o todos-, de países de segunda o última fila, se ganen la vida como jugadores de equipos de países “desarrollados”. Esto último, sin duda, pone de manifiesto las ventajas de una realidad discutida, pero evidente, la globalización mundial. La Aldea, este mes, juega al fútbol, y, con resignación los conjuntos eliminados retornan a sus países. Las sorpresas se suceden, ¿quién podría sospechar -entre los analfabetos fubolísticos-, que Ghana, país tercermundista donde los haya -gran proveedor de esclavos durante el comercio negrero del siglo XVII-, derrotara por un tajante 2-0 a la culta, pujante y “unión-europeizada” República Checa?. ¿A quién puede extrañar que la mayoría de los jugadores de la selección ghanesa lo sean, profesionalmente, de equipos europeos? Samuel Eto´o, estrella del Barcelona FC, lo definió muy bien al ser fichado por el club catalán: “Vengo a correr como un “negro”, para vivir como un “blanco” (¡)

Es un hecho que la globalización ha ayudado a que el equilibrio de poderes entre los clubes con “posibles” sea una porfía de dinero. ¿Quién no se alegra de que personas capacitadas del tercer mundo se “sitúen” entre los mejor pagados del mundo desarrollado?... ¿no es esto, también, deseable para cualquier otra clase de preparación humana mientras persistan las actuales desigualdades en la Aldea? La mundialización del fútbol es patente, y se exhibe estos días en Alemania con todo el alarde la sociedad de la comunicación. ¿Pegas?... sin duda las hay –los países pobres no pueden retener a sus estrellas-. Pero, ¿en qué terreno no ocurre esto mismo?... recuérdense a los científicos, y su “rescate” por países generosos en el presupuesto de Investigación, por ejemplo.

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