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Etiquetas:   El mundo al revés   -   Sección:   Opinión

De llamadas telefónicas

José David Gálvez
Redacción
viernes, 23 de junio de 2006, 00:33 h (CET)
Iba a escribir un comentario sobre la noticia del vandalismo de los jóvenes, que he visto ésta mañana en un periódico pero he aquí, que el timbre del teléfono ha interrumpido mis disertaciones. El motivo por el que ha sonado, ha hecho que cambie mi comentario de hoy.

Digamos simplemente que, mientras estaba pensando en la mejor manera de abordar el tema del vandalismo, ha sonado el teléfono. Ilusionado, he ido ávidamente a coger el auricular para comprobar quién era. Quizá un amigo con grandes noticias, quizá una nueva oferta de empleo, quizá... ¡Una encuesta!

Mi ilusión se ha ido al traste, y no es la primera vez que me pasa. No es que me parezca mal que se hagan encuestas, aunque la mayoría de las veces no sean fiables, y no es por ello por lo que estoy escribiendo éstas líneas, no, lo que me molesta, es que me llamen treinta veces a casa por motivos completamente distintos, y a cada cual más absurdo.

La encuesta la menciono simplemente por haber surgido en el momento, y por llamar tantas veces cuando se les ha indicado amablemente que dejen de llamar, y que no está uno como para contestar encuestas cuando el poco tiempo libre del que dispongo lo tengo organizado al minuto para disfrutar de él lo máximo posible.

Lo que verdaderamente desata mi ira, son las otras llamadas. Algunas de ellas, se parecen a Windows:

- Disculpe, soy de telefónica, quería ofrecerle una oferta de televisión que...- Dice la operadora.

- No, mire, ya tengo internet y no quiero poner nada más. - Contesto.

- Pero de verdad, es una buena oferta, ¿Seguro que no quiere pensárselo?-

- No, seguro. -

- ¿Seguro que no la desea? -

- Sí, seguro que no la quiero. -
- ¿Pero está usted seguro? -
- Sí, estoy del todo seguro. -
- ¿De verdad? -

- De verdad de la buena. -

- Podría usted pensárselo unos días... -

- No, si quiero contratarla, yo les llamaré. -

- ¿Seguro, seguro? -

Tras varios minutos más, explicándole a la señorita que no quiero contratar nada, de verdad de todas las verdades, por fin puedo colgar. Ya he perdido parte de mi tiempo libre, pero no pasa nada.

Al rato vuelve a sonar el teléfono, en éste caso, la voz de un hombre es la que responde. En ésta caso, se parece más a un anuncio de televisión protagonizado por Matías Prats:

- ¿Oiga? Soy del banco naranja, y quiero informarle de que tiene usted un depósito de mil euros, de los que podrá disponer en el momento que quiera. - Dice el hombre.

- Ya, ¿Y eso cómo es posible si no tengo cuenta en ése banco? - Respondo.

- Bueno, verá. Tenemos su nombre y es un depósito gratuito, que le servirá para cubrir algún gasto extra que pudiera tener a fin de mes, y que se puede devolver en cómodos plazos a un interés realmente competente... -

Las palabras "realmente competente" resuenan en mis oídos activando todas las alarmas de mi cerebro. Se ve a la legua que es una estafa, de ésas que están permitidas, pero estafa al fin y al cabo. Le digo al caballero que no quiero ése depósito, y le pido educadamente que no llame más.

El teléfono vuelve a sonar... ¡Para decirme que he ganado un coche! Sólo tengo que abonar treinta euros por gastos de envío, ir a una serie de charlas sobre la calidad de los coches que la empresa ofrece, y me lo traen desde Alemania. Eso sí, si me toca entre los miles de personas que picarán en cosas como ésta.     

Al rato, vuelve a sonar el teléfono... No me queda tiempo libre y tengo que retornar al estudio. He perdido casi una hora contestando al teléfono y no paran de llamar, siempre empresas que ofrecen algo. Me parece curioso, ya que nadie da duros a peseta.

En fin, que he perdido mi tiempo libre en contestar que no a todo aquello que me han ofrecido, y encima, muchas de éstas empresas repiten llamada. Eso sí, con otro operador distinto y con introducciones diferentes. Oigan, ¿Esto está realmente permitido por la ley? ¿No se puede hacer nada para que dejen de molestar? Si quiero algo, puedo asegurarles que llamaré yo para pedirlo. Dejen de molestar, por favor.

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