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Etiquetas:   El espectador   -   Sección:   Opinión

Deconstruyendo el boicot

Jorge Hernández

jueves, 22 de junio de 2006, 00:54 h (CET)
Ya me voy enterando de cómo funciona la democracia por aquellos lares. Dos individuos de estratos y procedencias ideológicas tan distintas como Rajoy y Espada merecen, según el ‘establishment’ mediático catalán, las agresiones que sufren. Cada uno por motivos diferentes, claro está; total, los agresores sólo reaccionan ante las afrentas que previamente les han infligido. Pero ellos son gente de bien y pacífica, gente a la que nunca se le escaparía un cochinillo en un campo de fútbol, que jamás asaltaría una piscina ajena, que jamás se encadenaría a una emisora y de radio y que, por supuesto, jamás arrojaría huevos a los disidentes intelectuales si éstos no lo merecieran.

Un servidor sostiene que el ataque moral que la cuadrilla nacionalista utiliza a diario no es ni mucho menos nuevo. Es más, creo que sigue punto por punto las famosas tres pautas de provocación ideadas por Joseph Goebbels y que luego puso en práctica el Nsdap. Veámoslo: Principio de simplificación del enemigo o, lo que es lo mismo, individualizar al adversario. Principio de transposición, consistente en cargar sobre el perseguido los propios defectos. Nunca falla llamar fascista a tu oponente. Principio del método de contagio, que trata básicamente de reunir a distintos enemigos en una sola categoría. ¿A que cuadra?

Lo que ocurre es que los terroristas que atacaron el otro día a Arcadi son menos cerebrales. Estas cosas sólo pueden pasar en una sociedad que, como el otro día en Hospitalet, hace una masiva marcha popular hasta el Ayuntamiento para solicitar viviendas gratuitas. Así, por la cara. Pero la pregunta de fondo en todo este asunto es: ¿Quién decide que los que van contra Cataluña son el PP y que son sólo ellos los malvados de la película?

La respuesta es obvia, pues los únicos autorizados para hablar en nombre de Cataluña son los nacionalistas. Tanto Montilla como Durán i Lleida han concluido que las agresiones sufridas por Rajoy son lógicas por haber sembrado antes el odio. Pero esa táctica ya la conocemos. Ha servido durante treinta años para justificar cientos de crímenes en el País Vasco.

Ahora bien, qué cosas, ni he visto al delegado del Gobierno en Cataluña decir que se esté identificando a los autores de las agresiones, ni he oído que vaya a haber detenciones como sea. Ni han aparecido en ‘El País’ los nombres y la filiación política de los supuestos agresores. Curioso.

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