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La injustificable desmesura de la informacion

Pelayo López
Pelayo López
martes, 20 de junio de 2006, 01:38 h (CET)
Hace apenas unos días, todavía con la resaca de la contundente y satisfactoria victoria de nuestra selección ante Ucrania en su debut en el Mundial de Alemania, un autobús con varios viajeros a bordo sufría un accidente, mortal de necesidad, en la desgastada carretera de una parroquia asturiana. En el trágico suceso fallecía un niño de 13 años, y sin embargo, el diamante en bruto futuro que supone nuestra juventud, el drama que siempre significa la pérdida de una vida –aún más cuando se trata de la de un joven-, permaneció dilapidada, en un segundo plano, en los informativos de numerosas cadenas de televisión que, al menos, ante mi aturdimiento e indignación, reservaban sus largos primeros minutos a mascar ensimismados el resultado futbolístico acontecido hacía ya numerosas horas.

No es que uno sea excesivamente sensible, ni que esté libre de error en esa misma tarea, sólo que, tampoco sin barrer para casa por eso de hacer “patria chica asturiana”, creo que las vidas humanas siempre están por encima de cualquier otra circunstancia o noticia. No hablo de hurgar en la herida del suceso, ni de mostrar primeros planos como en otras ocasiones los mismos medios de comunicación se ensañan, sino únicamente de anteponer un código de principios, el mismo código que muchos periodistas sacan a colación siempre que tienen oportunidad. Oportunidad y oportunismo comparten más que la misma raíz lingüística, y el oportunismo es donde parece residir en demasía durante estos últimos tiempos el llamado “cuarto poder”.

Hablando de víctimas infantiles, seguramente recuerdan el reciente caso de una niña palestina que perdió a gran parte de su familia en un ataque parece ser israelí. Sin entrar a valorar el conflicto palestino-israelí, un asunto de indudable compleja comprensión y, al mismo tiempo, explicación, me llamó poderosamente la atención –y es que, ya lo dice el saber popular, una imagen vale más que mil palabras-, una fotografía tomada durante la celebración de un funeral familiar en Palestina, acontecido, precisamente, a raíz de un ataque armado. Perdonen el que sea explícito, pero ya les aseguro que lo que les pueda contar poco o nada tiene que ver en comparación con la contundencia de la propia imagen. Cruel y reivindicativa, en ella, un hombre sostenía, brazos en alto, una bolsa de la que sobresalía la cabeza de un bebé asesinado.

Incomprensible parece que, cuando se dice, no sé si visto lo visto sólo hacia fuera, que la juventud es el futuro -una verdad absoluta, por cierto, como pocas donde las haya-, si luego resulta que la fatalidad de la muerte de uno de ellos pasa tan descafeinada ante otras noticias ya marchitas o de menor calibre profesionalmente hablando. Sólo se puede decir ya que descansen en paz y que sus familias tengan fuerza para sobrellevarlo, porque, por la otra parte, hay situaciones difíciles de entender, una de ellas, y sin aludir ya siquiera a otros fenómenos mediáticos recientes sobre la muerte, la injustificable desmesura de la información.

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