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Etiquetas:   La tercera puerta   -   Sección:   Opinión

¿Merece la pena una guerra?

Jabier López de Armentia
Opinión
martes, 20 de junio de 2006, 01:38 h (CET)
¿Merece la pena levantarnos cada día cargando a nuestras espaldas con la conciencia intranquila y malherida por los despropósitos que realizamos los humanos? ¿Merece la pena seguir viendo niños calcinados, edificios convertidos en escombros, pueblos arrasados o culturas destruidas? ¿Merece la pena una guerra?

Hace ya mucho tiempo que se prohibió la guerra –excepto en legítima defensa– debido a las atrocidades que se cometieron durante la Segunda Guerra Mundial. Por aquel entonces parecía que todos los gobiernos estaban dispuestos a dejar la guerra como instrumento valedor de la política exterior de un país, pero hoy, en el 2006, vemos cómo las guerras están a la orden del día. ¿Qué ha pasado para que las guerras sigan vigentes como instrumentos políticos?

Sugiero, cuanto menos, un estancamiento en el sistema internacional, coaccionado en gran medida por interés económicos y por la presión mediática y política que ejerce Estados Unidos –para mi, el IV Reich–. Ante esta situación, vemos cómo ningún Estado, con capacidad para hacerlo, planta cara a Estados Unidos, viendo a la vez cómo este último se dedica a invadir países subdesarrollados con el único objetivo de enriquecerse –véase Afganistán con el gas e Irak por el petróleo– y pisotear algunos derechos a la vez que imponer su doctrina política.

¿Cuántos millones de dólares obtiene Estados Unidos en Irak para seguir su presencia en dicho país? Muchos parece ser, porque la lista de soldados muertos ya asciende a 2.500; 2.500 ciudadanos, 2.500 vidas tiradas a la basura. ¿Cuánto valen 2.500 vidas? Acaso no es suficiente dolor para una familia perder a un hijo, imagínense familias enteras rotas por los desastres de la guerra.

El 11-S, una fecha que marcó un antes y un después en el sistema internacional, destacó sobretodo por la muerte de miles de personas, 2.823 según la CBS. Salvando las distancias, en ambas situaciones están muriendo el mismo número de personas. ¿A dónde quiere llegar Estados Unidos? Murieron miles de personas en las torres gemelas y vais de camino a alcanzar cifras idénticas. ¿Merece la pena una guerra? Creo, evidentemente, que no.

El problema de la guerra no son sólo las muertes. Los heridos, que ya ascienden a 18.490, o los costes económicos, que superan los 320.000 millones de dólares –cifras referentes a la guerra de Irak–, son sólo algunos de los aspectos más reseñables de una guerra, pero no podemos olvidar sus consecuencias. Miles de niños sin padres, ciudades destruidas, árboles caídos, culturas censuradas y lágrimas derramadas, se postulan como el bagaje de una inmunda guerra.

Estamos creando un mundo en el que las balas son nuestra mejor arma, la fuerza nuestra mayor virtud y nuestra arrogancia el motor de nuestras vidas. Estados Unidos tiene mucha culpa en todo este proceso, pero más culpa tenemos nosotros que nos callamos y no alzamos la voz contra las injusticias, contra la opresión, limitándonos a ver desde el cómodo sofá de nuestra casa el partido de España contra Túnez. Pensemos qué futuro les dejamos a nuestros hijos, pensemos si otro mundo no es posible, pensemos y no dejemos de pensar nunca más.

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