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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Relámpagos añorados

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 18 de junio de 2006, 23:26 h (CET)
Hasta en los más acendrados simbolismos y en los relatos más primitivos, el protagonismo de las TEMPESTADES, con sus truenos y relámpagos, siempre adquirió una relevancia especial. Atractivos o deslumbrantes, amenazantes o terroríficos, según las circunstancias. Uno de los fenómenos de la naturaleza presente con asiduidad en las literaturas de distintos tiempos y latitudes.

Aquí, propongo la rememoración de la inigualable "Nit de Llampeix" de los Pekenikes. A quienes la puedan recordar, les bastará con la cita, sus notas se enseñorean enseguida del ambiente. Si la desconocen, me atrevo a la recomendación de que rebusquen entre los discos antiguos. Estos CHISPAZOS MUSICALES ambientan de maravilla estos comentarios de hoy. A la vez, nos vuelven a poner en contacto con unos músicos fuera de serie. Actuaron en unas épocas de muy buenos compositores e instrumentistas españoles.

No sé si los tiempos cambian o aumenta la temperatura climática; pero no me negarán unos días recalentados, pesados y bascosos en esta primera quincena de junio. Los pantanos escuálidos, los termómetros con buenos niveles y nuestro resuello, poniendo a prueba las reservas físicas. Tan abrumadoras circunstancias fatigan y aplanan los ritmos de cada persona. ¡Ya no sabe uno donde protegerse! Auténtico aplatanamiento, muy por encima de la simple astenia primaveral. Si no supone un CALENTAMIENTO más intenso que el de otros años, convendremos en considerarlo mucho peor, dado que por ser el último, por eso nos toca sufrirlo ahora.

Desde tan agotador panorama, mayor será la alegría con que recibamos esos goterones refrescantes de las tempestades vespertinas, como culminación de esos días tórridos y bascosos. Surge la furia atronadora y los relámpagos, como preludio para atemperar los calores. En esta tesitura de alivio no tendremos demasiado en cuenta las amenazas atmosféricas. ¡Bienvenidos los latigazos refrescantes! Aunque no vendrían mal unas lluvias más prolongadas, el chaparrón se agradece, la respiración se tranquiliza y el magnetismo se libera.

No neguemos algún perjuicio que pueda derivarse de estas manifestaciones de energía liberada, tampoco algún accidente de más gravedad, pero la renovación suena a preferible; sobre todo si la confrontamos con la CALMA CHICHA. Esta tampoco es ajena a peligros, complicaciones, y simboliza además una pasividad poco o nada estimulante. Se agradece la respuesta vivaz, el frescor de las tempestades y la salida desde la calima.

La pesada opresión ambiental no se ejerce únicamente a nivel atmosférico, ni tan siquiera es la más intensa o desvergonzada. Si mencioné el simbolismo añadido a esos truenos y relámpagos, a calimas o atontamientos; calibraremos también otras situaciones socioambientales adheridas a esas figuras arquetípicas, desde la pasividad al chispazo reactivo.

Acaso cuando recibimos las reiterativas muletillas políticas, por lo general tan alejadas de los verdaderos problemas ciudadanos, ¿No nos sentimos abochornados?¿Cuánto tiempo ha transcurrido desde el último estreno de una obra teatral de primer orden? No, tampoco proliferan precisamente las grandes creaciones artísticas. ¿Siempre fue así? Cuando se acercan ustedes a las numerosas pequeñas pantallas, ¿Pueden discernir otra cosa que CALIMA y ARIDEZ por todas partes? Es decir, se multiplican los ejemplos para fomentarnos con fuerza esa añoranza por unos buenos relámpagos revitalizadores.

Cuando en cuestión de pocas semanas, se asoman a nuestras realidades tantos sucesos lamentables, ¿Cómo interpretarlos? Una simple calada de su coche en un semáforo, deriva en agrias discusiones y cuchillada en la yugular (Días atrás en Vitoria). Miren en las zonas campestres donde pasaron la tarde al sol unos ciudadanos, visto el suelo ¿Quién pasó por allí? Asaltos a domicilios, agresiones personales y otros maltratos. No se trata de simples sucesos, por graves que estos sean; es más bien la sensación de habituación a los mismos, la crispación de muchos y la DESIDIA a la hora de promover los remedios.

¿Cómo afronta la sociedad los usos diferentes de drogas? Si mencionamos dopajes deportivos, proliferan las respuestas altisonantes, declaraciones, más ¿Pensamos que se afrontan plenamente los hechos? Se detectan nuevas complicaciones y un mayor número de individuos consumidores -niveles detectados en urgencias-. Ante todo ello, ¿Es adecuado el tratamiento ofrecido por los medios de comunicación? ¿Percibimos voluntad de soluciones? ¿O más bien, es el trato frívolo quien se apropia de los debates?

Por fortuna, el mejor acceso moderno a los diferentes conocimientos culturales, propicia una tendencia a perderle el miedo a los dogmatismos, y con ello, no parece propia la tolerancia mal entendida de aquellas opiniones frívolas mencionadas. Los avances no deben interpretarse como un cenagal en el que no sea posible la distinción de CRITERIOS. El mérito de la liberación cultural debiera orientarnos a unas percepciones más nítidas de las circunstancias favorables o de las nefastas; precisamente, para que pudiéramos ser consecuentes en las respuestas. ¿Sin criterios, como van a surgir posturas adecuadas?

De ahí la sensación de frescura trás las tormentas anunciadas por los relámpagos. Eso sí, tanto meteorológicos, como sociales. La añoranza nos amplia el deseo de esos CHISPAZOS REVITALIZADORES. No es tolerable el tedio asfixiante en los diferentes campos de la vida. ¿Dónde encontraremos esos relámpagos necesarios? Somos muy dados a las esperas mesiánicas sin fundamento, simplemente porque exigen menos esfuerzo personal. ¿Vamos a depender exclusivamente de que se acumule carga ambiental suficiente para la explosión?

Las capacidades personales para influenciar el tono de la sociedad, se constituyen en un requerimiento imprescindible.

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