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España, del fracaso al campeón en noventa minutos

Luciano Sabatini
Luciano Sabatini
domingo, 18 de junio de 2006, 21:38 h (CET)
Qué difícil es debutar en un campeonato del mundo y qué bien lo hizo la selección española. Como anunció el propio Diego Armando Maradona, que de esto sabe un poco, va a significar una inyección de fuerza y moral para el equipo y de respeto para los demás. Hasta aquí bien. Pero el fútbol, envuelto por la vorágine mediática se ha convertido en un deporte de extremos. Antes del partido con Ucrania, entre los aficionados y la prensa se estaba creando subrepticiamente un clima de fracaso anticipado, para paliar posibles golpes venideros a los que nos acostumbra la selección. Un victimismo exagerado. En realidad yo creo que España no tiene nada que perder en este Mundial, y al alcance de la mano superar su techo histórico. Cabeza de serie, a pesar de clasificarse en la repesca, le debe un favor a la FIFA (el que precisamente le debería este organismo a Serbia); un grupo de risa, y unos cruces de octavos, ante Suiza o una Francia venida a menos asequibles. Por eso no entendía que la selección con el potencial que tiene fuera a Alemania casi a ver dónde era eliminada.

Pero para hacer bueno el citado extremismo de este deporte, la postura de los medios ahora es mucho más divertida. 4-0 a Ucrania, inapelable, sensacional, y Shevchenko inaudito; ni los más viejos del lugar recuerdan un juego tan brillante de la selección, y encima en un debut mundialista, chapeú. Son tres puntos y la clasificación a octavos a tiro de piedra, moral, respeto y 90 minutos de buen fútbol, pero nada más. España no es mejor ni peor por el partido, y de nada van a servir cuatro u ocho goles si son en la fase de grupo. Eso sí, los dos periódicos deportivos de mayor difusión nacional, As y Marca, nos despertaban con titulares propios del diario sensacionalista alemán “Bild” o el brtánico “The Sun”. “Somos los mejores”, versaba As en su portada, “A que ganamos el Mundial”, advertía Marca. Había sido suficiente un partido, 90 minutos, 5400 segundos, para que los mismos periodistas que habían aventurado el batacazo de España en Alemania la transformaran de canalla en triunfadora, y de paso campeona de todo un Mundial en un partido. Nunca cuatro goles dieron tanto de sí. Eso es lo que en la facultad me enseñaron nula objetividad en el periodismo.

El país entero fue convencido, ahora España es favorita. Brasil ya no juega tan bien, por que ha hecho un partido malo, eso sí marcando las diferencias con un gol para enmarcar desde 25 metros de Kaká; y si Brasil no asusta imagínense que las demás selecciones son moco de pavo y ya no cuentan. Mucho me temo que Túnez y Arabia Saudí puedan acrecentar esta ficticia euforia popular y subir a España por las nubes. Si un periodista de renombre hoy dice “rojo”, mañana todos los aficionados acaban diciendo “rojo”, así que como líderes de opinión los principales periodistas de este país son los primeros culpables. Da miedo pensar que pasará el día que España pierda, si es que le toca la desdicha de sufrir una derrota, ¿Titulará el diario As entonces “Somos los peores”? Es lo que tiene poner el listón tan alto. Ahora bien, ¿Cómo deberían titular los diarios argentinos tras el 6-0 a Serbia? ¿”Somos mejores que los mejores”? Ridículo; pues no, “Gracias por la magia. El mundo entero nos da como favorita, nosotros tranquilos”, decía el diario Clarín en su portada del día después de la goleada.

Creo que la prudencia es mucho mejor aliado que la euforia, que la emoción y la algarabía sentimental es lo mejor para festejar en el campo, o frente al televisor, pero ahí debe quedar. Por que para ser sinceros ni España es campeón por meterle cuatro a Ucrania, ni Argentina mejor por hacerles seis a los correosos serbios, ni la Republica Checa semifinalista por pasar por encima de EE.UU. Es imagen, de la buena, y tres puntos para la clasificación. Pero ¿Quién se va a acordar de la goleada a Ucrania si España cae en octavos frente a Suiza?

Todavía hoy repito adelante y atrás “la rulette” de Puyol y el gol de Torres en el dvd, como el gol de Rosicky a EE.UU. o el gol argentino de los mil toques culminado por Cambiasso ante Serbia, pero sé que estas selecciones y España aún no han hecho nada. Los mejores serán quienes sean los campeones el 9 de Julio, aunque su rival en la final juegue mejor u otros caigan con honor por el camino, los encumbrados serán los que levanten la Copa, por que eso sí, si decimos que el fútbol es un deporte de extremos hay que advertir que tampoco tiene memoria, y tristemente nadie se suele acordar de los son segundos. Prudencia, queda mucho camino por delante.

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