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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Fin de curso en ayunas

José Francisco Sánchez (Valencia)
Redacción
domingo, 18 de junio de 2006, 00:53 h (CET)
“La caló, la sudó, las moscas apegás,los niños gomitando, ¡qué bien nos lo pasamos cuando fuimos de excursión!”... Esta relación de algunas de las consabidas circunstancias de la tragicómica vida escolar, con todo, se ha modificado sustancialmente en nuestros días.

El Colegio Público “La Panderola”, en pleno, con la tan querida conserje a la cabeza, se ha aplicado de forma extraordinaria a demostrar la relación de los programas educativos con el entorno, y se ha plantado a pasar la jornada entre romeros y algarrobos, en una socorrida granja escuela. A la hora de la pitanza, y en medio del habitual estruendo infantil del momento, Karima, la niña de nueve añitos, hija de mahometanos furibundos, permanece alarmantemente paralizada ante su plato de paella sin probar ni un grano. La maestra, preocupada, se levanta y le pregunta. La contestación que obtiene le preocupa todavía más. La nena dice que no puede comer pollo porque no sabe si el animal ha sido muerto mirando a la Meca y que tampoco puede comer arroz, porque el arroz ha tocado al pollo del que tanto duda y puede estar infectado de diablos que la arrastren violentamente hasta el infierno. Al final sólo acepta el postre.

A este particular encuentro mundial de la familia y la religión contra la infancia asisten como únicos testigos de excepción un yogurt y una cucharilla. ¿Abrirá fulminantes diligencias la Fiscalía de Menores en contra del islam en tanto que grupo sectario coercitivo que anula evidentemente la voluntad, la inteligencia y personalidad de sus miembros? No es para tanto. No hay que precipitarse y, menos aún, se debe fomentar tan a la ligera la alarma social. Es preferible esperar a que se pueda documentar algún contundente y severo traumatismo craneoencefálico para iniciar meditadas actuaciones de protección al respecto. Bien poco parece que valga, en su conjunto, toda la Administración Educativa, Judicial, de Salud o de Bienestar Social en casos livianos como este... y en muchos otros no sólo mucho más aberrantes y sanguinarios, sino, lo que es peor, irreparables.

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