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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

El eterno camino de Winterbottom

Andrés Carballo-Conde
Redacción
domingo, 10 de septiembre de 2006, 19:48 h (CET)
La confrontación de dos (macro)culturas milenarias que tiene lugar en estos tiempos es un hecho irrefutable e inevitable. El gran problema que rodea esta verdad es que lejos de tratar de suavizar este choque de trenes, hay dirigentes que por ignorancia, o servilismo, se empeñan en echar más y más leña al fuego. La cabeza visible de esta tendencia no es otra que la figura de George W. Bush, es por eso que el presidente de los Estados Unidos es quien abre esta llamada de atención que es “Camino a Guantánamo”.

Las dificultades del hombre para encontrar un sitio en la sociedad que lo rodea ha sido siempre el eje temático de la filmografía de Michael Winterbottom. Bajo su visión, las diferentes sociedades que rodean a sus personajes tienen importancia tan sólo como elementos asfixiantes. En “24 hour party people” (ídem, 2002) nos muestra a una Inglaterra estupefacta e inoperante ante el nacimiento de culturas urbanas cuya máxima es la rebeldía sistemática. Igualmente, “Wonderland” (ídem, 1999) es el retrato de una familia destrozada por el aislamiento infranqueable que imponen las rejas del individualismo moderno, el mismo individualismo salvaje que muestran los personajes de “9 Songs” (ídem, 2004) esta vez tras el filtro de las relaciones íntimas. Esta visión de la cultura como elemento opresor, de clara inspiración durkheimiana, es el caldo de cultivo del hipotético futuro de “Código 46” (Code 46, 2003), hasta la fecha, su obra más edulcorada.

El gran logro de Winterbottom ha sido percatarse de que para centrar la atención sobre esa temática sutil (pero de vital importancia), para destacarla sobre otros elementos del film era necesario un replanteamiento de los elementos formales dominantes en el cine actual. Los formalismos asentados han acabado por acartonar el lenguaje cinematográfico, alterar el código e incomunicar a espectador y creador. Winterbottom derriba esas barreras con una renovada puesta en escena cuyo principal valuarte es el realismo. Una fotografía y un uso de la cámara orientados a acercar al espectador a la pantalla en detrimento del elemento esteticista (que no estético), y una inteligente utilización del texto en función de la temática de la obra son algunos de las armas de las que hace gala el realizador británico y que dotan a su filmografía del poder de concienciar al espectador, aspecto en el que han naufragado obras tan importantes como “La naranja mecánica” (A clockwork orange, 1971) “Apocalipse now” (ídem, 1979) o una gran parte de la filmografía de Martin Scorsese.

Aunque tal logro no es mérito, ni mucho menos, exclusivo de Winterbottom, (pues esa importante brecha la abrieron ilustres directores como Ingmar Bregman o Krzysztof Kieslowsky) el director de “Camino a Guantánamo” ha dado un paso más colocándose muy cerca de la delgada línea que separa el cine convencional del documental de tipo social, tanto es así que en esta película ha acabado por cruzar esa línea. La historia de estos tres muchachos secuestrados y torturados tanto por musulmanes como por el ejército americano es una historia tan cercana a las inquietudes del realizador que no fue necesario traer la historia hacia el film, sino que fue el film el que se acercó a esa historia.

De esta manera se nos detallan torturas inimaginablemente sofisticadas que harían las delicias de Adolf Hitler, camiones repletos de personas-cadáveres que son la imagen moderna de los trenes de Auschwitz, mientras el sentimiento de impotencia se hace cada vez más grande y lleva a los protagonistas a una desubicación absoluta. Mientras tanto la pasividad del resto del mundo se torna vomitiva.

“Camino a Guantánamo” es una obra a valorar por su aportación histórica y por la nitidez con la que logra sus objetivos. Pero sobre todo es una obra necesaria.

Valoración: 3'5 (sobre 5).
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