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Opinión
Etiquetas:   Carta al director  

Abuelita paz

José Carlos Navarro (Mérida)
Redacción
viernes, 16 de junio de 2006, 22:52 h (CET)
La paz y la guerra son tan antiguas como lo es el hombre desde que tiene uso de razón. La historia moderna europea marcó el hito de la paz de Versalles, como desencadenante de la actual estructura territorial de sus estados. El tratado resultado de la I Guerra Mundial acordó los términos de la paz con Alemania, dividiendo el Imperio Austrohúngaro en Austria, Hungría y Bulgaria, así como la segregación de distintos territorios y colonias alemanes anexionados al resto de estados y cuantiosas compensaciones económicas. Una paz mal cerrada entre estados desenvocó en el mayor conflicto mundial que conocemos con el advenimiento democrático de una de las mayores tiranías de la historia moderna, y el apuntalamiento de otra que fue más duradera. Cuando se habla de territorialidad en un único estado es óbice pensar en conflictos, que cuando se asumen criterios de paz pueden cerrar heridas no curadas reabriendo otras en el organismo interno, como ocurre con el problema terrorista vasco. Por mucho que se retuerza el lenguaje la realidad es la que es, y no puede variar a los ojos de los estados vecinos, cuando la extorsión y amenaza terrorista es constante y persiste interior y exteriormente.

Ante la última amenaza a Francia de Eta, que la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, asegure que para el Ejecutivo "llegar al fin sólo significa acabar definitivamente con la violencia", es buen ejemplo de un broche de paz o lo que sea mal cerrado como Versalles. Extremando el "pacífico" apetito cuando lo que es paz interna con posibilidad de alianza democrática, augura reivindicación de terrritorios de Francia. Difiere Eta con el Gobierno de lo que es el fin, proclamando que "mientras Francia no reconozca a Euskal Herria la lucha por los derechos y el conflicto continuarán". Que esta anciana y manoseada semántica de la paz, el Gobierno la aclare para este último comunicado de Eta que está fuera de la realidad, puede que esté apreciado con catarátas. La realidad interna es la que los terroristas y el Gobierno están tratando de manera cierta; la realidad externa es más virtual aún si cabe al introducir factores de conflicto entre estados, que asume el Gobierno al aceptar determinado postulados. ¿Que tendrá la abuelita paz, que todos quieren estar con ella pero a la vez pretenden engañarla a pesar de su ancianidad?

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