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Etiquetas:   El mundo al revés   -   Sección:   Opinión

De cómo somos

José David Gálvez
Redacción
viernes, 16 de junio de 2006, 00:08 h (CET)
“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.” Albert Einstein. 1879-1955) Científico estadounidense de origen alemán.

Cada día más, pienso que el mundo está al revés. No me explico cómo pueden llegar a suceder ciertas cosas en esta sociedad. A cada momento que pasa, la indignación hace más presa de mí. Tanto es así, que la náusea me invade cada vez en mayor número de situaciones, y en mayor medida.

Presencio a diario la esencia de la crueldad humana, viendo a la sociedad en general hablar del mundo como si éste no tuviera la menor importancia. Como si no fuese con ellos. Como si ellos no estuvieran viviendo en él.

Veo a diario que, la gente, comenta noticias de los periódicos como el grave estado del famoso niño de Palma que fue maltratado por sus padres. Las comentan apenados y me pregunto si su pena será sentida; pero al pasar la página y encontrar las noticias deportivas, ya han olvidado la tristeza y comienzan a debatir sobre qué equipo será el vencedor del Mundial de fútbol.

Me apena que la gente no le de importancia a ciertos hechos, y que no se la dé a otros que, desde mi punto de vista, son mucho más importantes. No veo a nadie preguntándose sobre la razón de que unos padres golpeen salvajemente a sus hijos.

Aún espero que alguien se indigne lo suficiente como para pedir explicaciones a los respectivos responsables sobre por qué los padres de un niño que ha ido a urgencias cuarenta veces en tres años, no han sido investigados hasta ahora.

¿Cómo es posible? ¿Nadie se ha fijado jamás en que el niño aparecía con moratones y fracturas por todo el cuerpo? ¿Nadie se ha dado cuenta en su centro educativo? ¿Ni siquiera los vecinos se han dado cuenta? No me lo creo.

Lo que creo es, que la gente no se fija en los problemas agenos de una forma verdaderamente importante. Vemos un niño medio moribundo en la televisión, en la calle, en los pasillos de nuestra casa, y lo vemos como algo triste, pero que es normal. Algo que pasa siempre, y que no nos afecta.

¿Por qué no nos damos cuenta? ¿Por qué nadie ayuda a otro cuando está en problemas? Quizá hayamos perdido la capacidad de vernos afectados por los problemas ajenos. Quizá, por eso, nadie pudo ayudar a Miguel Ángel.

Quizá vemos ciertas cosas tan normales, que no reparamos en que son verdaderas atrocidades. O quizá, como no queremos ser juzgados, no juzgamos lo que podría ser por miedo. Ya no existe el valor para denunciar lo que creemos que está mal.

Miro a la humanidad buscando, como muchos otros, un atisbo de esperanza en la raza humana. Un poco de fe en ellos mismos como para creerse capaces de cambiar las cosas. Parece que, yo también, he perdido la esperanza.

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