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Etiquetas:   El arte de la guerra   -   Sección:   Opinión

Cada nueve segundos

Santi Benítez
Santi Benítez
miércoles, 14 de junio de 2006, 23:20 h (CET)
Sí. Cada nueve segundos muere una persona de un disparo. En lo que tardarán en leer este artículo morirán siete personas. Lo más paradójico de todo es que la inmensa mayoría de esas armas cortas se venden en este primer mundo, donde, en prácticamente todos los países, existe una regulación específica al respecto, cuando no una prohibición expresa para su tenencia con excepciones muy fundamentadas. Y hablo del primer mundo civilizado, porque en el caso de Estados Unidos resulta que mueren todos los años más de treinta mil personas por arma de fuego, es decir, una media de ochenta y cuatro personas diarias, lo que supone siete personas cada dos horas. Existe cierta justicia poética en ello ya que Estados Unidos es el primer fabricante mundial de armas cortas y su mayor exportador. De ahí que se oponga a cualquier tipo de regulación internacional para el control de la venta de dichas armas – lo de que su Constitución les da derecho a ir armados es una excusa tan idiota que no vale la pena ni comentarla. Quisiera añadir una curiosidad. El índice más alto de muertes infantiles entre la población estadounidense se produce el día que cumplen los diez años – no es broma, es estadística – La razón se encuentra en que casi todos los Estados ponen como límite legal la edad de diez años para que un padre le ponga en las manos a su hijo un arma. El regalo de cumpleaños más criminal e irresponsable que se pueda imaginar para un niño. Y claro, pasa lo que pasa. Aunque no crean que eso sirve de mucho a efectos de escarmiento, pero si para que, por lo menos, estén comenzando a replantearse muchas cosas.

En el mundo existe un arsenal de más de quinientos millones de armas de fuego, sin contar con los millones que se encuentran en manos de las fuerzas de seguridad y los militares de los diferentes países. El control del tráfico internacional de estas armas es prácticamente nulo. Más de trescientas empresas de más de cincuenta países fabrican armas de fuego y munición, con un valor de exportación que supera con creces los tres mil millones de dólares. Aunque Estados Unidos es con diferencia el primer exportador mundial, la Unión Europea es responsable de un tercio de las exportaciones de armas ligeras. Si tenemos en cuenta que los países europeos, en general, son muy escrupulosos en sus legislaciones con respecto a la tenencia y permiso para portar armas. Habrá que convenir en que sería bastante ético controlar y legislar dichas exportaciones por parte de la UE.

En un informe hecho en El Salvador llamado “Armas ¿Protección o violencia?”, en el que se recogen datos facilitados por Albania, Australia, Austria, Bélgica, Brasil, Bulgaria, Canadá, Colombia, Croacia, República Checa, Ecuador, Estonia, Finlandia, Francia, Alemania, Grecia, Hong Kong, Hungría, Islandia, Irlanda, Israel, Italia, Japón, Kuwait, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Macao, Antigua República Yugoslava de Macedonia, Malta, Isla Mauricio, México, Mongolia, Países Bajos, Nueva Zelanda, Noruega, Filipinas, Portugal, Moldavia, República de Corea, Rumania, Singapur, Eslovaquia, Eslovenia, España, Suecia, Tailandia, Estados Unidos, Reino Unido y Uruguay, se llega a la escalofriante conclusión de que sólo en el 6% de los casos en los que se compró un arma corta durante el año 1998 esta es usada como defensa. La escalofriante cifra que conforma el otro 94% son armas que han sido usadas para cometer delitos, agredir y asesinar a otras personas. Si el impacto que esto supone no le abre los ojos a nadie pensar que los médicos militares estadounidenses hacen prácticas en hospitales de Chicago, Nueva York y Washinton, entre otros, para coger experiencia en heridas por arma de fuego digo yo que es evidencia suficiente de que significa vivir en las calles de esas ciudades con esas armas sin control sueltas en ellas. La OMS ha informado, para colmo de males, que más del 62% del total de muertes se producen entre personas de renta baja.

Aún después de todas estas evidencias resulta que hay ciertos individuos que siguen intentando demostrar lo indemostrable. Uno de ellos es José Carlos Rodríguez, que en su artículo “La posesión legal de armas salva vidas”, publicado, como no podía ser de otra forma, en Liberalismo.org, nos viene a decir que estas cifras nada tienen que ver con la realidad. Claro que una cosa es decirlo y otra muy diferente que cuando uno las lee no le peguen en la cara con todo el peso del escarnio que significan, por mucho que el avispado José Carlos, que imagino trabajará en alguna armería – sino no se explica – nos diga lo contrario.

Estados Unidos vetó en la ONU en el año 2001 un acuerdo internacional para la limitación y control de la venta de armas cortas. Empleó la excusa de siempre e impuso dos cláusulas que son, cuando menos, una verdadera basura. El acuerdo no limita la tenencia de armas en el caso de civiles y tampoco prohíbe su venta a grupos rebeldes. Lo primero en defensa de su mercado interno y lo segundo en defensa de sus exportaciones.

En estos momentos amplios sectores de la población estadounidense, por primera vez, dudan de la legislación de su propio país que permite la tenencia de armas sin ningún tipo de control. Es posible que si se empuja un poco la sangría que se está produciendo en el resto del mundo – porque para que voy a engañar a nadie, a mi los estadounidenses me importan tanto como el resto del mundo les importa a ellos – pueda ser, cuando menos, reducida. Es cuestión de planteárselo.

Buenas noches, y buena suerte...

Suena de fondo “Bang Bang (My Baby Shot Me Down)” de Nancy Sinatra.

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Heráclito

Es un filósofo presocrático que ha especulado acerca del mundo y de la realidad humana
 
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