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Incidente en Feodosia: política chabacana

Víktor Litovkin
Redacción
martes, 13 de junio de 2006, 22:54 h (CET)
Más de dos semanas duró el bloqueo del puerto marítimo, donde desde el buque “Advantage” de las Fuerzas Navales de EE UU, fueron descargados contenedores con los bienes “sospechosos” para los habitantes de Crimea, tanto como automóviles de ejército y otro material de guerra, que resultaron ser armas y material de guerra destinados a los ejercicios tácticos internacionales “Sea Breeze-2006”.

El lunes abandonaban Feodosia los 100 soldados americanos que quedaban ahí. Sin embargo, los organizadores de las protestas contra la permanencia de las tropas americanas en Crimea decidieron no cesar los piquetes hasta que el gobierno de Ucrania no tome una decision respecto a la estancia de tropas militares extranjeras en el territorio del país.

Al principio, el Ministro de Defensa de Ucrania, Anatoli Gritsenko, declaró que el cargamento llegado de allende el oceáno sólo había traído los materiales de construcción destinados a modernizar el polígono de Feodosia, pero más tarde, en entrevista televisada, confesó haber engaсado a la gente.

Pero la protesta de los habitantes de Crimea y el piquete a la salida del puerto no tuvo nada que ver con las turbias manifestaciones del funcionario kievita, lo que en Ucrania es fenómeno habitual.

Simplemente, la gente no quiere ni se propone dar acceso a las unidades militares de EEUU y la OTAN a la tierra de Crimea. La protesta de los habitantes de la península apuntaba precisamente contra esa organización y las perspectivas del ingreso de su país en la Alianza Noratlántica.

Lo evidenciaban no sólo las consignas y pancartas de los piquetistas, sino también el hecho de que antes no se registraban protestas tan categóricas y numerosas contra semejantes ejercicios que prácticamente se realizan todos los aсos en el Mar Negro y junto a las costas de Crimea.

En efecto, ¿por qué precisamente ahora y no hace uno o dos aсos fue opuesta la resistencia tan amplia a la aparición de soldados otanistas en tierra de Crimea? Pues, desde hace casi diez aсos Ucrania, lo mismo que otros países post-soviéticos, incluida Rusia, participan en el programa de la OTAN “Partenariado en aras de la paz” que sirve de marco para semejantes maniobras. Estas se titulan de manera distinta: “Peace shield”, “Black sea force”, “Sea Breeze” y “Joint assistance”, pero tienen por base guiones pacificadores bastante estandartizados que de aсo en aсo se repiten en tal o cual variante.

¿Qué ha cambiado hoy? Ha cambiado mucho. En primer lugar, la actitud de los habitantes de Crimea y otras zonas, ante todo las centrales y orientales de Ucrania, hacia el “poder anaranjado” que hace tan sólo un aсo fue apoyado por muchos habitantes de las mismas en las elecciones presidenciales. Pero se vieron defraudadas las promesas acerca del mejoramiento de la vida. La carestía sigue en aumento adelantándose impetuosamente al frenado crecimiento de salarios y pensiones. Se empeoraron las relaciones con Rusia considerada por la mayoría de habitantes de estas regiones como país natal. Se está potenciando el asalto a la lengua rusa, a la que se niega el derecho a ser utilizada en los asuntos estatales, incluso a nivel local municipal, donde la lengua de la nación titular no se emplea ampliamente. Y en general devino irritante la orientación a Occidente y la OTAN, cuyas ventajas no son tan evidentes como las reales pérdidas palmarias del país y sus electores.

Cuando el jefe del Ministerio de Defensa de Ucrania, Anatoli Gritsenko, se refirió al paso del ejército ucraniano a los estándares de la OTAN, mucha gente lo aplaudía. Se optimizaban los gastos relacionados con el ejército y la Marina de Guerra, se reducían las estructuras burocráticas de ejército, se hacía óptima la composición de las fuerzas armadas, ha sido reducido el reclutamiento en sus plazos, y las unidades comenzaron a formarse por militares de tropa profesionales.

Además, la participación de los militares ucranianos en las operaciones pacificadoras de la OTAN en Kosovo, Africa y Oriente Próximo –incluida la estancia temporal del contingente militar ucraniano en Irak- no suscitaban contradicciones especiales. A los oficiales y los militares de tropa profesionales les gustaba la posibilidad de hacer alarde de sus cualidades profesionales en los “puntos neurálgicos”, pese a las condiciones peligrosas para su vida y salud, lo que, no obstante, les daba la ocasión de realizar sus experiencias y capacidades en las reales condiciones de combate, cosa natural y honorable para cada militar. Además, la gente uniformada cobraba allí mucho más que en casa. Por esto el pueblo apoyaba esta forma de cooperación con la Alianza Noratlántica.

Pero el rumbo hacia el ingreso de Ucrania en la OTAN suscita preocupación en el seno del pueblo. Una cosa es que cuando uno, por acuerdo voluntario y libre elección, se suma a tal o cual operación, y totalmente distinta, tratándose de la obligación de hacerlo. Tal vez, incluso a despecho de sus intereses nacionales. Por ejemplo, como se vieron obligados a hacerlo en 1999 los nuevos miembros de la Alianza, vecinos de Yugoslavia, habiendo apoyado los bombarderos de ese país, aunque en su territorio residían hъngaros, rumanos y bъlgaros étnicos cuya vida fue expuesta al peligro.

Además, cada vez se hace más claro que el ingreso de Kíev en la OTAN conducirá al cese de su cooperación industrial con el complejo militar de Rusia. Hoy ya es evidente que la negativa de Moscú a participar en la construcción del transporte aeromilitar An-70 creado por la Oficina de Proyectos y Diseсos Antónov se debe no sólo y no tanto a que el plano central del ala “está recargado” ni a los motores de “escasa potencia”, segъn dijo el general Vladímir Mijáilov, comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas de Rusia, sino a los riesgos políticos altos en extremo. La capital rusa no quiere que el avión que ya le costó varios miles de millones de rublos, sea utilizado luego en interés de la OTAN, lo que no corresponde a los intereses de Rusia.

Ahora algo semejante se observa en torno a los motores para los helicópteros rusos “Mi-8”, “Mi-17” y “Mi-24” que se fabricaban en la empresa “Motor-Sich” de Zaporozhie. Moscú decidió trasladar su construcción a la fábrica Klímov de San-Petersburgo y a la fábrica Chernyshov de Moscú, lo que podrá conducir a la bancarrota de la gran empresa de construcción de motores de aviación en Zaporozhie. Y, naturalmente, incrementar desempleo, cuyo nivel en Ucrania es mucho más alto que, por ejemplo, en Rusia o Bielorrusia. Procede seсalar que la reducción de la cooperación de los clientes rusos con la Oficina de Proyectos y Duseсos Antónov y la fábrica “Motor-Sich” en modo alguno son ejemplos únicos de las consecuencias que pueda acarrear el posible rumbo seguido por los altos funcionarios kievitas hacia el ingreso de Ucrania en la OTAN.

A este respecto importa seсalar que no se trata de la “venganza de Moscú por la traición”, lo que muchos ucranianos sensatos comprenden perfectamente. Es el afán de ponerse a salvo de los obvios riesgos políticos relacionados con la posible dependencia de Kíev de las decisiones tomadas en Bruselas, mejor dicho, en Washington, probablemente, a despecho de los intereses vitales del pueblo ucraniano.

Sean cual fueren los motivos políticos del bloqueo del puerto de Feodosia y por más alógico que fuera éste en el marco de la cooperación multinacional según el programa de “Partenariado en aras de la paz”, éste demuestra a Kíev que el pueblo ucraniano es más sensato y posee más instinto de conservación que algunos dirigentes del país. Los intereses de la población de Crimea y de las regiones centrales y orientales del país divergen cada vez más de los intereses egoistas de las “autoridades anaranjadas”. Y este hecho no puede dejar de ser reconocido.

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Víktor Litovkin, para RIA Novosti.
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