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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Promedio rojo': ¿es necesario todo el temario?

Pelayo López
Pelayo López
domingo, 10 de septiembre de 2006, 19:48 h (CET)
Para algunos, parece que el cine sudamericano se limita al cine argentino y, si estiramos un poco más la cuerda, al brasileño de vez en cuando. Sin embargo, si bien es cierto que el resto de países de ese entorno tienen otras preocupaciones mucho más trascendentes, en ocasiones muy esporádicas también su cinematografía atraviesa el “charco” y recala en nuestras pantallas. Este es el caso de esta cinta chilena “de instituto”-una clara muestra de que el verano y el cine estival están ya a la vuelta de la esquina-, de la que, aunque su calificación final no llega al aprobado, podemos decir en su defensa que se queda, hablando de notas finales, con un 4 y algo, que le abre esas puertas del “raspado” según nuestra voluntad, la de sus “espectadores-profesores”.

Con la misma raíz lingüística que “promedio”, “promesa”, uno de los calificativos atribuidos en su día a Nicolás López, el director de esta “comedieta” fácil de digerir acompañada de los refrigerios propios de las salas de cine, se ha esfumado con su primer largometraje. Niño precoz en esto del cine -desde los 12 años ya llevaba a hombros su cámara-, su ópera prima bebe de las mismas fuentes que la mayoría de su trayectoria hasta el momento, sobre todo casi podríamos considerarlo una continuación de uno de sus cortos más “reconocidos”: Superhéroes, donde un “freak” se cree Superman. Y esta es, más o menos, la misma historia de este Promedio rojo, donde un joven “freak” ve cambiar su vida con la llegada de una nueva alumna a su clase, una historia con claros tintes autobiográficos si atendemos a lo que el propio director relataba en su columna periodística juvenil. Lejos de poner en el metraje guiños adultos –quizás los haya, pero hay que reconocer que no hemos sido capaces de localizarlos-, al igual que otras películas “teen” como Napoleon Dynamite o Chicas malas, la cinta nos provoca gran parte de la “vergüenza ajena” que a algunos también les suscita el padre profesional de este joven chileno, Torrente, la “criatura” de Santiago Segura de quien seguramente ha recibido el testigo en lo que a marketing y promoción se refiere. ¿Cuántas veces hemos pensado eso de qué hacen actores de veintitantos interpretando a quinceañeros?. Lo hemos pensado muchas veces en alusión a las series de televisión patrias, pero aquí, donde por cierto los personajes tienen motes tan curiosos como Papitas o Condoro, también se recurre a la misma práctica mezclando a neófitos en la interpretación con habituales de los medios del país y colaboradores del director desde su infancia.

Si en la película se recuerda eso de “¿Quién dijo que el colegio era la mejor etapa de la vida?”, muchos nos preguntamos si todo el talento cinematográfico de Chile se concentró en Alejandro Amenábar. Después de tanto ensañamiento, hay que reconocer que la película, aunque sea muy en el interior, también tiene algunos aspectos positivos, porque aunque soñase con emular a Tim Burton, este Nicolás López se queda en una suerte del Ed Wood llevado a la gran pantalla, con sus méritos y deméritos, por ese genio de la fantasía. Este cine estilo American Pie es universal, incluso resulta llamativo por lo sorprendente que haya conseguido algún premio en festivales, aunque lo cierto es que durante la proyección vislumbramos maneras del talento de Kevin Smith –Clerks, Mallrats... y otros títulos generacionales de culto-, y nos referimos sobre todo a la destreza exhibida con virtuosismo en la mezcla de cómic y celuloide llevada a extremos tan satisfactorios como los de la genial y más que recomendable American splendor, o la cuasi-precursora ¿Quién engañó a Roger Rabbitt?. Realmente de matrícula si además consideramos que es la primera película chilena que usa efectos digitales. Mención especial el homenaje a través de los mismos a La guerra de las galaxias. También destacar la presencia como la “lolita” rompedora a nuestra actriz Xenia Tostado, quien, después de mostrar cierta modosidad en la televisión en Javier ya no vive solo, rompe y rasga ahora con este papel demostrando un buen hacer que puede abrirle muchas puertas en el futuro.

Siendo sinceros, esperemos que lo que los títulos de crédito finales nos hacen ya temer -que haya una segunda parte tras el “clásico” final de “la bella y la bestia” felices y, en este caso, sólo a medio unir-, no sea más que un temor, porque, ahora que las clases llegan a su fin, uno se da cuenta y se pregunta si realmente “¿es necesario todo el temario?”

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