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ETA ante el Estado de Derecho

Jesús Salamanca
Jesús  Salamanca
lunes, 12 de junio de 2006, 22:45 h (CET)
El Estado de Derecho debe derrotar al terrorismo con sus medios y, precisamente, la negociación no es uno de ellos. El fin de la violencia armada sólo tiene un camino: la derrota de ETA y el cumplimiento íntegro de las penas. La equiparación entre víctimas y verdugos queda fuera del sentido común. Las nuevas extorsiones a empresarios y la violencia callejera de estos últimos días ponen en entredicho la intención de la banda terrorista. Ha sido una trampa más ante la torpeza de quienes pusieron buena voluntad inicial.

Quienes siempre hemos defendido el diálogo hasta la extenuación, tenemos muy claro que éste no es posible cuando se habla de terrorismo. Si bien el diálogo deben presidir el ámbito de lo político y lo social, nunca deberá ser un recurso válido con la violencia terrorista. Actualmente el Gobierno está en deuda con la sociedad española y empieza a acumular excesivos intereses. El ejecutivo de Rodríguez Zapatero está en el “escaparate” y la ciudadanía sabrá cómo tratar democráticamente la inicial falsedad, la desmedida ambición y el egoísmo político incontrolado.

La sociedad civil se mueve y quienes tienen responsabilidades políticas deben aprender a interpretar la situación. Los ejes de actuación para la sociedad pasan por el convencimiento de que la sangre nunca debe ser materia de negociación y, por otra parte, ETA no puede marcar las pautas del fin de la violencia. No es posible olvidar. Es más, no se debe olvidar. Las víctimas siguen fieles a sus sentimientos y esa fidelidad debe ser otro de los ejes fundamentales para que continúen recibiendo el apoyo de la sociedad. El inicio del camino para alcanzar la paz es la rendición incondicional y la entrega de las armas por parte de la banda terrorista; sin ello será imposible “hacer camino al andar”.

El concepto de negociación deja de tener significado cuando se habla de terrorismo. El pacto con quienes alientan el terror sólo es un elemento literario, pero nunca el camino para alcanzar la paz social. Cualquier negociación implica cesión de las partes y éste no es el caso: las víctimas y la sociedad civil reclaman paz, pero no a cambio de que el Gobierno desprecie, con actitud chulesca y altanera, a quienes han padecido en sus carnes el dolor, la represión de grupos organizados y la pérdida de sus seres más cercanos.

La violencia, en general, y el terrorismo en particular, son formas de acción contrarias a la convivencia pacífica y al desarrollo de las sociedades modernas y progresistas. No cabe más engaño en forma de negociación. El Gobierno debe escuchar a los ciudadanos y actuar sin demora. Tal actuación únicamente tiene un camino: el cambio de la política antiterrorista.

La política que ha seguido el ejecutivo de Rodríguez Zapatero ha recibido, una vez más, el desprecio de la sociedad. Estos dos últimos años han sido un ejemplo de desconcierto y de falta de planificación para eliminar la lacra terrorista. Pedir la dimisión del Gobierno, por su errante política, a nada conduce; pero sí debemos incidir en la necesidad de cambiar esa política, sin que ello suponga entenderlo como derrota, sino como una actuación de sentido común ante la realidad amenazadora.

El terrorismo es terrorismo, proceda de donde proceda. El ciudadano se merece todo el respeto del Gobierno al que ha dado su confianza, sinceridad sobre los presuntos contactos con la banda asesina y garantías respecto a que el ejecutivo no va a incurrir en la desestabilización del Estado de Derecho a cambio de auténticas barbaridades mediáticas: el acercamiento de presos al País Vasco, el incumplimiento de penas completas o las subvenciones económicas a sociedades, entidades, personas físicas o centros educativos del entorno de ETA y Batasuna.

El Gobierno central debe entender que con la dignidad de las víctimas no se negocia. Batasuna chulea a la sociedad. Zapatero lo ha permitido, frivoliza con ello y consiente que continúe en el Parlamento Vasco. Nuestro presidente debe captar los mensajes de la sociedad y entender que la ciudadanía no es tonta, así como tampoco está dispuesta a seguir ese ejercicio de cinismo que él patrocina. Hemos sido muchos los ciudadanos que hemos protestado personalmente, por discrepancia con su política antiterrorista, aprovechando las posibilidades que nos brinda el conocimiento de su dirección electrónica personal ( jlrzapatero@presidencia.gob.es ). 

Seguimos sin entender que continúe sin reunirse el Pacto antiterrorista. Todo el trabajo de las dos últimas legislaturas se ha echado por la borda, en lo que a política antiterrorista se refiere. Para José Luís Rodríguez Zapatero, para su Gobierno y para su partido no va a salir gratis la presunta negociación. El ejecutivo ha contraído una importante deuda social al revitalizar el terrorismo que había iniciado su proceso de descomposición. Y no puede “irse de rositas”. Debe empezar a pagar, aunque hay quien cree que ya lo está haciendo, al estar en permanente sospecha.

La Justicia es la base fundamental para una convivencia pacífica. No debe bajar la guardia con la banda terrorista, ni dejar de vigilar al Gobierno para que permanezca en el cauce del Estado de Derecho. Sí, la paz es posible, como diría Chapaprieta, pero no puede serlo a cualquier precio. Hay que recordar que “la libertad – en palabras de Castelar – no es un don gratuito y objeto de juego y lujo; se obtiene con una gran madurez de juicio y se consolida con una gran severidad de costumbres”.

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Jesús Salamanca Alonso es profesor y analista político

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