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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Fronteras y precipicios

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 11 de junio de 2006, 22:53 h (CET)
Alguna ventaja tendrá, pero el AFÁN DELIMITADOR ha adquirido tal preponderancia, que se convirtió en un nuevo mostruo moderno. La concreción de las peculiaridades de uno mismo, de su grupo o de su país, es un posición necesaria e imprescindible. Es la única manera para la identificación de esa persona o formación social. Por lo tanto, la entidades identificadas son el punto de partida. Esa definición hemos de considerarla por lo tanto como muy conveniente. Si persistimos de forma exclusiva por este camino, de tanto linde como vamos poniendo, la tarea primordial va a consistir en esa búsqueda de las diferencias. Y tampoco es eso, ese es únicamente uno de tantos caminos.

Pero, como digo, de tantas fronteras como ponemos, ya parece que no existan las confluencias. Actuamos con plena obcecación lanzada a esas cosas distintas de cada uno. Así conseguimos, exclusivamente, una mutilación permanente, perdemos todo aquello que debiéramos compartir. ¿Tan interesente resultará eso de las diferencias extremadas? ¿Lo común es siempre desechable?

Por si acaso alguien se alejara de estos derroteros de separación, de forma permisiva y lamentable vamos contribuyendo a la generación de múltiples COMPARTIMENTOS CONSTRICTORES. Nos presionan desde ángulos diversos -económicos, empleo, autoritarismos, contubernios y corrupciones, ideologías teledirigidas, etc.-; con muy diferentes grados de fuerza. Y con ello han logrado convertirnos en individuos con ¡tantas diferencias!. Las constricciones adquieren matices, perdiendo el parecido las mías y las del vecino. De tal modo, sólo favoreceremos esa tendencia abusiva a la creación de fronteras a la que hacia referencia. Mayores separaciones y desconexiones.

En estas parafernalias separadoras no paran de dibujarnos accesos prohibidos o inalcanzables. No tanto por que lo sean en realidad, sino por aplicación perversa de intereses partidistas; sectarios al servicio de algún poder, sea este mediático, económico, burocrático o paranormal, que de todo hay. Mil vericuetos o trabas para el acceso a un primer puesto de trabajo, gestiones secretas en actuaciones políticas, impuestos indirectos disimulados, manipulación informativa, y así, una interminable fuente de obstáculos. Eso nos conduce a una INCAPACIDAD INDUCIDA, que origina esa sensación de que no podremos con la superación del entramado. ¿Será posible la creencia en una capacidad para mejores actuaciones?

Para el logro de estos objetivos nefastos se requiere una figura universal, aunque antigua, pero también muy actual y manipuladora. Me refiero a los DOMADORES de CONCIENCIAS. Dándoles un poco de bombo y propaganda, ejercerán sus dotes entre grandes efectos, magias y desgracias. ¿Cómo podríamos denominar sino a gentes de esta calaña? Un ministro del Interior o de Justicia nos inducen a la aceptación, como normal, de una Justicia ciega y blanda al servicio de su plan político. Qué diremos de algunas nulidades matrimoniales o de las nuevas realidades matrimoniales, aunque nos las presenten adornadas. O bien, escojamos la trama inmobiliaria más cercana, ¿Se justifican por sus costos? ¿Hemos de confiarnos a decisiones guerreras por supuestos escondrijos de armas? Y hasta pretenden que miremos al infinito cuando se habla de extorsiones graves a ciudadanos del entorno.

Se promueve un seguidismo borreguil. Decidan A o B, pero a continuación desaparezcan por exigencias del sistema. Cada sendero nos conducirá hacia fronteras insospechadas. Cada manipulador se encarga de la delimitación de sus contornos y ya nos indicará la orientación correcta. ¡No importamos como sujetos! En aras de esas entidades bien separadas, deberán amoldarse las inquietudes de cada quisque, al servicio del gestor. Por algo se hacia hincapie en las separaciones fronterizas. ¿SENDEROS EQUIVOCADOS? ¿Cómo van a errar los entes? Esos no tienen mentes ni inteligencia. El batacazo será nuestro por dejarnos encerrar entre sus rejas de hierro, inamovibles y adornadas.

En cuanto al ARTE o IDEAS, el despecho es más radical, la frontera ancha. ¿Siempres fue así? ¿Hasta que punto se trata de un comportamiento moderno? Quizá se alejaban las ideas o el arte del íntimo sentimiento de las personas. Sean las que fueren las circunstancias desencadenantes, es demasiado amplia la separación entre las preocupaciones cotidianas y aquellos impulsos creativos. Más que de fronteras, hablaríamos aquí de auténticas barreras o muros. Si uno funciona por determinados lindes, las nuevas reflexiones o impulsos artísticos vayan por donde quieran.

Casos hay de situaciones inversas, si aparece un dibujo en este cobertizo o iglesia descuidada, me interesa; si lo descubrimos en otro local o ruina a 5 Km., lo despreciamos. Habremos topado con el localismo cerril al que no pretenderemos tachar de artístico. ¿Cómo denominar a estas separaciones? ¿Fronteras? ¿Tendido eléctrico de separación? ¿Estupidez? Vean sino esas recientes legislaciones catalanas interesadas por fronteras eclesiásticas ya inexistentes; eso, por no devolver las obras de arte a las parroquias aragonesas limítrofes ¿Qué fronteras son esas? ¿Respeto? ¿Seny? Simple vergüenza esperpéntica. ¿Aplicamos esos principios a los papeles de Salamanca?

Qué quieren ustedes, ante esos despropósitos de fronteras, es preferible dirigir la mirada a los puentes; frente a las insidias permanentes, laborar hacia las convivencias; y frente al desdén permanente, el respeto mutuo. Nos atosigan con tantas separaciones...

Es preferible apuntarse a la frase de J.M. Coetzee en "La edad de Hierro". Así: "La única frontera que no pueden cerrarme... es la frontera superior". Con esas miras llegamos allí "en donde no hacen falta pasaportes". Se superaron las fronteras.

A fuer de mencionar las limitaciones, ¿Dónde residen los criterios propios?. Siguiendo el pensamiento de Isaiah Berlin, de poco servirán unas parcelas de libertad si no existe la propia TENSIÓN PERSONAL para la adquisición de una capacidad creativa, propia e implicada en las esencias de cada uno. Esa es la frontera superior, ligada a lo más verdadero de cada persona y por eso mismo, superadora de las diversidades. O alcanzamos ese nivel personal, o contribuiremos a la generación de los precipicios más horrorosos. ¡Tantos son los ejemplos desgraciados!

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