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El escaparate del fútbol enseña 'lo mejor' de sí mismo

Pelayo López
Pelayo López
lunes, 12 de junio de 2006, 22:45 h (CET)
“¡Opá, vamo a po el mundiá!” y “¡A por ellos, oé!” son sólo dos de los gritos de guerra de moda, aquí en nuestro país, en relación con la mayor cita futbolística posible, la Copa del Mundo, en este caso ya en marcha en su nueva edición desde el pasado viernes. Alemania es el escenario de este duelo deportivo en el que sólo puede quedar uno, aunque lo curioso de este campeonato es que, más que de fútbol, podríamos tirarnos horas y horas hablando de todo menos de la pelota. Este Mundial de Alemania 2006, sin duda, ha quedado ya marcado a nivel nacional por los derechos televisivos y por las primas de nuestra selección, y a nivel internacional por la excusa para el mercado de la prostitución que ha venido a crear esta macro-convocatoria deportiva.

El interés general que debería suponer la retransmisión de los partidos de la selección nacional ha dejado de serlo, principalmente con el beneplácito partidista e interesado de los políticos de turno. Las cadenas privadas han pujado por sus derechos, y todos nosotros, los telespectadores, y todas ellas, las televisiones, hemos y han perdido. Más ellas que nosotros, por lo que han demostrado, por sus enfrentamientos y citaciones judiciales simplemente por unos partidos, porque nosotros, al fin y al cabo, únicamente podemos haber perdido eso, unos partidos. Luego, eso sí, tod@s a una como “Fuenteovejuna”, tod@s convirtiéndonos en el jugador número 12 del combinado nacional. Nosotr@s pondremos el aliento, y ellos, los jugadores, se llevarán las tan exasperantes primas. Si es un orgullo vestir la camiseta roja, ¿para qué las primas?, y, sobre todo, ¿por qué esas cifras tan desorbitadas?. No es por amargar el próximo debut de nuestro equipo en el torneo, pero lo cierto es que, demostrar buen juego y merecimiento, no lo han hecho en la concentración previa y en los partidos de preparación. Jugar, lo que se dice jugar, no lo han demostrado, esperemos que lo hagan sobre los campos de fútbol de Alemania, pero negociar, lo que se dice negociar, han dejado claro que saben hacerlo de maravilla, hasta el punto de convertirnos en la selección más tocada por la varita mágica de la recompensa final: casi 100 millones de las antiguas pesetas para cada jugador y miembro del equipo técnico, tres veces más que lo que conseguirían por el mismo resultado las estrellas brasileñas, quienes además son los principales favoritos. ¿Será que las aseguradoras ven un futuro renegado por el ya habitual maleficio de los cuartos de final?. Si la selección llega a cuartos, se repartirán 90.000 euros por cabeza, 210.000 si se llega a semifinales, o 360.000 si se queda segundo. Bien podría calificarse como un escándalo, o, mejor incluso, como ese otro canto que recorre bastante a menudo los campos de fútbol de nuestro país: “Manos arriba, esto es un atraco”.

Pero para escándalo de carne y hueso, tristemente nunca más apropiado decirlo, la situación que se registra en los alrededores de los feudos donde se disputan los encuentros. Mercados de la prostitución para los que quieran convertirse en clientes. Unos ponen el local y otros la mercancía, sólo que, con lo que aquí se negocia, son las 40.000 mujeres que se estima han cruzado la frontera germana con este menester como premisa de obligado cumplimiento. Resulta ofensivo para los conceptos y valores europeos, quienes a menudo nos auto-convencemos de ser los más civilizados sobre la faz de la Tierra, que se produzcan este tipo de insultos a la cara, que los respectivos países participantes no hayan, por ejemplo, boicoteado el campeonato y se hayan negado a jugar a menos que esto se hubiese paralizado. Siendo mal hablado, que el drama creo lo merece, las pelotas que corren en los terrenos de juego estos días deberían ser las de alguno. Fíjense hasta el punto que han llegado las cosas, que en el hotel de concentración de la selección italiana han dado vacaciones a sus empleadas. ¿Motivos?. Que cada un@ piense lo que quiera, aunque seguramente tod@s coincidiremos.

Tal y como podemos comprobar a través de todas estas situaciones envolventes, el deporte en general, y el fútbol en particular, han dejado de ser precisamente eso, deporte y fútbol. Una lástima que el buen toque y el juego limpio, la llama del espíritu olímpico hayan quedado deslucidos, se hayan apagado al abanico del dinero, porque sin duda, durante estas fechas, dentro y fuera, el escaparate del fútbol enseña “lo mejor” de sí mismo.

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