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Etiquetas:   Reflexión   trump   Política   Cristianismo  

Narcisismo político

La auto satisfacción del político es perniciosa para el país pues lo único que busca es el placer de ser considerado número 1 y no el bienestar del pueblo al que dice servir
Octavi Pereña
martes, 11 de junio de 2019, 15:19 h (CET)

Michael Gerson utilizando el ejemplo de Trump hace la siguiente declaración: “Hace muchos años me hice esta pregunta: ¿Qué ocurrirá si un narciso que se cree el centro del universo llega precisamente al centro del universo? Ya estamos viendo lo que ocurre. Todo el aparato de un partido político, incluyendo la rama legislativa, está ahora dedicado a la defensa de los salvajes deseos de un hombre”.

¿Qué es narcisismo? “Complacencia excesiva de una persona en las propias cualidades u obras”. “Persona enamorada o satisfecha de sí misma”. Es un trastorno de la personalidad de raíz espiritual. “Los narcisos tienen la tendencia a ser desmesuradamente sensibles a cualquier cosa que pueda interpretarse como un desafío o amenaza a su necesidad básica de sentirse superior. Así que reaccionan con hostilidad. La agresividad va ligada al narcisismo debido a esta lucha diaria para mantener una grandeza a la vez frágil y la imagen que tiene de sí mismo” (anónimo).

El narciso es una persona carente de empatía. ¿Qué es empatía? El diccionario la define así: “Facultad de comprender las emociones y sentimientos externos por un proceso de identificación con el objeto, grupo o individuo con el que se relaciona”. Hoy, debido al laicismo desmesurado se ha abandonado en la cuneta la palabra AMOR, sentimiento de Dios que le impulsa a buscar el bien del hombre aun cuando no se lo merece. Este sentimiento divino por la fe en Jesús el Espíritu Santo lo inocula en el corazón del creyente y así empieza a amar a Dios y al prójimo. El antídoto contra el narcisismo es la fe en Jesús y, como dicha fe no se encuentra en la mayoría de los políticos no debe extrañarnos que el efecto Trump se vaya extendiendo exponencialmente.

El narciso cree que el mundo gira a su alrededor. Esto hace que el amor hacia el otro no tenga espacio en su corazón. El narciso quiere ser el centro de todas las miradas y que todo el mundo dependa de él. El médico Miquel Vilardell hace esta reflexión: “Por lo que hace al narcisismo, siempre he considerado que conduce al autoengaño, y que termina haciendo daño en el día a día y que conservarlo tiene un coste demasiado elevado. No vale la pena”. Como el narciso tiene la mente nublada por el autoengaño de creerse ser lo que no es, no se da cuenta que el daño que sufre se lo provoca él mismo.

El narcisismo es una enfermedad espiritual que antaño afectaba a unos pocos políticos. Ahora que la enfermedad crece en las universidades, según Narcissistic Personality Iventory, más del doble entre 2012 y 2017. Este incremento se refleja en política. El comportamiento de los políticos jóvenes se manifiesta con el auto enamoramiento y la auto satisfacción que hacen estragos en sus vidas y que este comportamiento afecta negativamente a la acción política porque estando centrados en sí mismos no se dan cuenta de los errores que cometen y por tanto son incapaces de rectificar, que es de sabios. Si la tendencia no varía, que lo dudo, se avecinan años de política nefasta.

La sociedad actual valora la agresividad como señal de poder y que se refleja en los rostros de quienes la almacenan en sus almas. El narciso cuanto más agresivo se comporte más satisfecho está consigo mismo porque cree estar en posesión de una autoridad que no posee. No percibe que sus intempestivas manifestaciones de poder revelan la inseguridad que se esconde en su interior. El narcisismo es fruto de una educación consentida recibida de sus padres. Los errores educativos se pagan caros. Los primeros en notarlo son los propios padres que tienen que soportar a unos pequeños tiranos en sus casas. Después, quien paga los platos rotos es la sociedad que tiene que sufrir sus impertinencias. En vez de educar en el auto estima y el consentimiento debe hacerse en la humildad.

¿Quién es el personaje que más bien ha hecho a la humanidad? Indiscutiblemente Jesús de Nazaret que dijo de sí mismo: “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11. 29). La humildad es la base del auténtico poder. Jesús no hizo su entrada triunfal en Jerusalén montado en un caballo símbolo del poder humano, sino sobre un asnillo como está escrito: “No temas hija de Sión, he aquí tu Rey viene montado sobre un pollino de asna” (Juan 12: 15). El Rey de Israel no opuso resistencia cuando lo maltrataron durante la parodia de juicio y sufrió la terrible muerte de la crucifixión. Aun cuando no dejó nada escrito, sus enseñanzas transmitidas por sus discípulos han llegado hasta nuestros días. Aun cuando no se cite su procedencia, forman parte de las constituciones nacionales progresistas. ¡Ay! La letra sin el Espíritu mata. Las enseñanzas de Jesús sin Él no sirven para implantar la justicia en el mundo.

Las nuevas generaciones de políticos que saltan a la palestra y que pretenden cambiar el mundo, se les nota el narcisismo que esconden sus almas por la egolatría que manifiestan en sus intervenciones públicas. Estos políticos novatos son de corta duración, pero durante su breve participación pública, su auto complacencia hace al país más daño que la plaga de la granizada egipcia. ¡Cuán necesario es que los políticos estén revestidos de la humildad de Jesús para que su paso por la política sea verdaderamente beneficioso para el país!

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