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Etiquetas:   El mundo al revés   -   Sección:   Opinión

Injusticias y tabaco

José David Gálvez
Redacción
sábado, 10 de junio de 2006, 23:16 h (CET)
“De los fumadores podemos aprender la tolerancia. Todavía no conozco uno solo que se haya quejado de los no fumadores”. Alessandro Pertini 1896-1990. Político italiano. Presidente de la República de Italia.

Parece ser que, con la ley antitabaco, la convivencia entre fumadores y no fumadores se ha vuelto un tanto inestable. Las situaciones diarias, han desembocado en rencillas de unos con otros. Y ahora, además, se plantean casos de discriminación.

Mientras no existía la ley, la convivencia entre fumadores y no fumadores se mantenía estable, pues los no fumadores no podían exigir nada a los fumadores. Ahora, con la ley en vigor, cualquier persona puede exigir el cumplimiento de dicha ley bajo amenaza de denuncia.

Esto perjudica a los fumadores de diferentes formas, ya que sus derechos han quedado reducidos. Incluso, se ha llegado a la discriminación de los fumadores. No defiendo el hábito de fumar pero, últimamente, creo que la gente está exagerando.

Ésta mañana, he visto a una señora de avanzada edad echarle una verdadera bronca a un caballero que estaba encendiéndose un cigarro a unos tres metros de distancia. ¿No creen que es pasarse un poco? Parece que no, porque la intolerancia está llegando a límites insospechados.

Ahora, ir con un cigarro por la calle supone un sin fin de miradas acusadoras que incitan a quien lo lleva a esconderse. Las empresas, que anteriormente ya preferían a los no fumadores, ahora están haciendo verdaderas cribas, llegando a escoger personas mucho menos cualificadas por el simple hecho de no ser fumadoras.

No contentos con esto, ahora los no fumadores quieren exigir que sus compañeros fumadores hagan horas extra para suplir las escapadas que hagan para calmar el vicio. ¿No creen que esto ya es pasarse?

Veamos, si una persona se mueve de su asiento para servirse un café, ¿tiene luego que quedarse diez minutos más para cubrir el tiempo perdido? Y, ¿Quién determina cuánto tiempo debe dedicarse a aliviar la vejiga?

Pongamos por ejemplo, que un trabajador sale a fumarse un pitillo dos veces al día, pero que luego trabaja el resto del tiempo a pleno rendimiento. Y un compañero suyo, se pasa el día entero jugando al “buscaminas”, pero no se levanta ni una sola vez de su asiento. ¿Quién debería hacer horas extra?

Juzguen ustedes, pero parece que, para proteger a los no fumadores de la injusticia de tener que soportar el humo del tabaco, se le ha dado tal vuelta a la tortilla que ahora son los fumadores quienes tienen que soportar las injusticias.

Señores, por favor, seamos un poco más tolerantes y convivamos todos en paz.

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