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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Un charnego en la Generalitat?

Mariano Estrada (Alicante)
Redacción
sábado, 10 de junio de 2006, 23:16 h (CET)
El Presidente de la Generalitat de Cataluña, el socialista Pascual Maragall, político abandonado por su partido y por su Zapatero, tal vez por su ambición y por sus peligrosas amistades contra-revolucionarias, ha dicho que: “Para ser presidente de la Generalitat es importante allí donde hayas nacido”. Evidentemente, a Pascual Maragall se le entiende bien lo que dice, por más que esta frase produzca cierto chirrido en los ejes de la normalidad gramatical, que, como todo el mundo sabe, es un verde campo de grama. ¿De grama o de Céspedes? No es que la frase presente dificultades de comprensión, es que es manifiestamente mejorable, como las explotaciones agrarias de la Duquesa del Amanecer: esa que habla por un pito mientras recauda por un tubo.

Pero esto, con ser importante, no es el motivo de estas líneas. El motivo de estas líneas es el de destacar que, con palabras diferentes y de modo más sibilino, la frase de Maragall, asentada en legítima defensa, viene a reconocer lo dicho anteriormente por el ministro de de Administraciones Públicas, el señor Jordi Sevilla: “aún es pronto para que un charnego presida la Generalitat” ¿Es pronto o es llanamente imposible? El charnego al que se refería es el controvertido Montilla que, como todo el mundo sabe, ha sido concejal en el ayuntamiento de Cornellà antes que ministro del gobierno paritario de España

Pero estos no son títulos bastantes para ser presidente de la más alta de las instituciones catalanas, porque para eso se requiere el certificado de identidad territorial. Dicho de otra forma: a efectos de las aspiraciones presidenciales, los montillas no tienen buqué. Los hijos de los montillas, sin embargo, si es que han nacido en Cataluña, tendrán lavada la mancha de la tierra de nacimiento de sus progenitores, en este caso de la futura realidad nacional andaluza, muy manchega ella, y podrán ser presidentes de la susodicha Generalitat con todas las garantías que dan las denominaciones de origen.

Cuando digo la Generalitat me refiero a la Generalitat de Cataluña, claro, porque de su homónima valenciana ya fue presidente don Eduardo Zaplana Hernández-Soro, un charnego de Murcia Herzegovina que, en la Comunidad que presidió, despierta un notable rechazo (aunque también adhesiones inquebrantables), no por ser de donde es, sino por gobernar como gobernó.

Para ser presidente de la Generalitat catalana es necesario el transcurso del tiempo y el amoldamiento de las generaciones. Y, por ahora, los montillas destilan un olor sin raigambre, un olor no específico, es decir, un aroma que no tiene en Cataluña el necesario envejecimiento. Tendrán que pasar los años, los lustros, las centurias…Y, para entonces, tal vez a Montilla se le habrá pasado el arroz y los deseos de ser no ya el presidente de la Generalitat, sino al menos el candidato del PSC, que es justamente lo que trata de impedir Maragall, un catalán con la solera de Barcelona.

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