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España batega (pero también en catalán)

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
sábado, 10 de junio de 2006, 00:12 h (CET)
Joan Manuel, el hijo del taxista y de la costurera, acaba de colocar otro de sus discos entre los más vendidos. Nuevamente. Como siempre. “Mô” es el último éxito que todo el mundo celebra, al que los admiradores que el noi del Poble Sec tiene en toda España están contribuyendo a subir al primer puesto de las listas de éxitos. Y eso que está cantado totalmente en catalán. A pesar de que está cantado totalmente en catalán. Gracias a que está cantado totalmente en catalán.

Porque Joan Manuel Serrat, nacido en las entrañas de Barcelona, se siente profundamente catalán. Es socio y forofo del Barça, actual campeón europeo de fútbol. Tan forofo es que cuando firmó el contrato de sus últimas actuaciones impuso una cláusula por la cual la tanda de conciertos se suspendía el día que el Barça jugase la final de la copa de Europa... si la jugaba. Y llegado el momento el club catalán jugó la final y el teatro hubo de cerrar, hay que pensar que bien que a su pesar, las puertas.

Serrat se siente catalán, presume de ser catalán y va por el mundo dando lecciones de señorío y de seny. A pesar de que dados los tiempos que corren podría utilizar como grandísimo mérito haber sido apartado de Eurovisión por querer cantar en catalán, lo que hubiera podido acabar con su carrera, jamás lo ha hecho, lo que habla largamente de su calidad y de su discreción.

Serrat actuó en Salamanca... en plena crisis de “los papeles” del Archivo, nada menos, sin que hubiera ningún altercado, sin ninguna impertinencia de esos impertinentes que tanto pululan por cualquier ciudad castellana, catalana o tirolesa.

Y es que cuando el idioma es tratado con sentido común, con respeto, sin ofender, sin utilizarlo como arma arrojadiza, sin imponerlo a los demás, nadie tiene ningún empacho en aceptar que la realidad, más si es tan bella como la de Serrat, llegue cantada en el idioma que llegue. Los problemas vienen, sin embargo, cuando alguien utiliza los idiomas para enfrentar y separar, para imponer y reprimir, para marcar el territorio y ofender. Pero manejado con honestidad y honradez, con sentido común, con seny, el pueblo llano lo admite con naturalidad.

Porque a veces el idioma es puente y no barrera, enhorabuena, Joan Manuel.

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