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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Fomento del juego

Raúl Tristán

jueves, 8 de junio de 2006, 23:20 h (CET)
La ludopatía, el juego patológico, es un grave trastorno psiquiátrico que puede llegar a afectar a un 3% de la población española.

La ludopatía abre horizontes sin límites al engaño de la mente, a una falsa ilusión, a una vana esperanza, haciendo creer a su víctima en las palabras que al oído le susurra la terrible enfermedad: “esta vez vas a tener suerte”, “esta es tu oportunidad de hacerte rico, no la puedes desaprovechar”, “inténtalo de nuevo”...

Los ludópatas hacen del juego su obsesión, una obsesión que acaba con su dinero, su familia, su vida. Todo a su alrededor se desvanece ante el acoso al que se ven sometidos. Nada existe más allá de la alegre musiquilla de las tragaperras, del atrayente colorido de los cartones del bingo, de... ¡De los duendes!.

¿De los duendes?. Sí, de los duendes, de esos seres que corren por las calles, escapándose de nuestras manos, como se escapa nuestra dignidad cuando los perseguimos descontrolados.

Se preguntarán por qué ando mezclando duendes con ludópatas, ¿no?.

Sencillo. Estos días hemos podido conocer la campaña publicitaria de la ONCE para su nueva lotería, la lotería instantánea conocida como Rasca y Gana, que ha venido aderezada por la simpatía de unos duendecillos a los que el anuncio televisivo nos invitaba a atrapar.

A mí, al verlo, lo primero que me ha venido a la mente ha sido la idea de lo nefasto que este tipo de juegos puede ser para una sociedad como la española, dada la idiosincrasia que caracteriza al común de nosotros: nos gusta socializar, estar en la calle, alcanzar grandes logros inmediatos, sin que medie la pesada carga de un excesivo trabajo, nos gusta invertir poco y conseguir mucho, preferimos la satisfacción instantánea e nuestros impulsos que la demorada...

Resumiendo, no entiendo que una organización que se dice social, deba financiarse mediante la venta de ningún tipo de lotería o apuesta, cuando con ello se sabe a ciencia cierta que está fomentando las conductas de juego entre la población. Hace muchos años que la ONCE obtiene sus rentas de los juegos de azar, incluso consiguiendo determinadas exclusividades impropias de una entidad de su especie, aniquilando o absorbiendo a todo tipo de “elemento invasor” que pretendiera compartir de algún modo sus concesiones y prerrogativas.

Me parece lamentable que se haya permitido a la ONCE lanzar la Lotería Instantánea, una nueva oferta de juego en la que se han posicionado en contra la mayoría de las asociaciones de jugadores en rehabilitación o rehabilitados.

Este tipo de lotería, “barata”, inmediata, socialmente no mal vista, accesible para todos y en todas partes, en la calle, y con una gran campaña publicitaria detrás, es uno de los más peligrosos juegos de azar que existen, por la enorme carga adictiva que conlleva (ya se conoce el potencial adictivo de “las tragaperras”, máquinas en las que no existe prácticamente demora entre la apuesta y el premio).

Es vergonzoso que la presión amenazadora que la ONCE realiza sobre el gobierno sea tal (dejar de cumplir sus objetivos y echar a la calle a todo su personal), que éste pase por alto toda lógica y permita a esta organización sacar al mercado un nuevo juego de azar 100% adictivo. Y más cuando es lo que vienen haciendo desde hace años: darle vueltas al negocio de la lotería para sacarlo de su estancamiento: cupón, combo, cuponazo, rasca y gana...

Creo que va siendo hora de que los señores de la ONCE abran nuevos horizontes para el empleo de las personas que de esta organización dependen, que dejen en manos del Estado las loterías y apuestas, y que se preocupen un poco más del flaco favor que a la sociedad están haciendo, llevando a muchas personas a la adicción al juego sin contemplación alguna. No se puede moralizar por un lado, mientras por el otro destruimos la vida de otras personas.

Es más, su actitud debería ser denunciada públicamente, pues de los efectos que puede llegar a provocar debemos hacernos cargo todos a posteriori.

Y retirada.
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