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Opinión
Etiquetas:   El mundo al revés  

Soñaremos otro final

José David Gálvez
Redacción
jueves, 8 de junio de 2006, 23:20 h (CET)
Quizá haya sido la noche lo que me ha puesto melancólico, puede que sea el aroma de la primavera, pero recuerdo con gran emoción aquellos momentos frente al televisor en los que el final de las películas se podía ver íntegro.

Imaginen una noche cualquiera, contemplando en la pantalla de la televisión una buena película. Observando cómo los intrínsecos lazos del argumento van desenmarañándose poco a poco. Los sentimientos a flor de piel dejan una mezcla agridulce entre las ganas por conocer el final, y el deseo de que los sentimientos que transmiten los protagonistas permanezcan lo suficiente para que podamos disfrutarlos.

Las miradas perdidas que vemos a través de la pantalla, nos hacen suspirar por conocer si el aguerrido protagonista conseguirá terminar su misión. Al momento siguiente, como si estuviéramos inmersos en la trama, el peligroso antagonista aparece en escena para lanzar el discurso en el que cuenta su terrible plan. La tensión se vuelve casi insoportable mientras vemos cómo los dos personajes, se lanzan a la cruenta batalla.   

El anuncio del "Sopinstant" irrumpe poderoso, destrozando el momento de tensión que la película había creado. Todas las emociones desaparecen, y dejan paso a una profunda ira que se desata en los dedos. Éstos, presos de los espasmódicos impulsos que el cerebro les envía, golpean sin cesar los botones del mando en busca del ansiado final de la película. Pero tú, ya no controlas la situación.

Irremediablemente, tus ojos están fijos en la pantalla, deseando que el suplicio termine pronto. Pero la intensidad del momento ya se ha perdido, y tu mente está más pendiente de lo que ocurre en el anuncio, que de recordar el momento álgido de la película. Otro final destrozado.

Tras varios minutos de espera, decides que ya has visto suficientes anuncios. Rendido, te retiras al lugar donde el final que deseas espera. No hay anuncios en los sueños.

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