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Etiquetas:   A pie de calle  

El doping aflora

Paco Milla
Paco Milla
jueves, 8 de junio de 2006, 03:02 h (CET)
Nadie, absolutamente nadie, cuenta cómo calienta el fuego como el quemado en la hoguera. Hace algún tiempo, Jesús Manzano, ciclista, fue echado a los perros, ya que le acusaban de doparse y contó con pelos y señales el olor de la carne quemada. ¿Él solito lo hacía? ¿Por afición? ¿Por superarse? ¿Por superar a los demás? Los médicos, entrenadores, técnicos, auxiliares de su equipo, claro está, nada sabían.

- ¡Oye chaval, venga, toma esto y baja a desayunar!
- ¿Y esto qué es?
- Que lo tomes y bajes a desayunar... hoy hay que hacer 200 km y tres puertos.

Conversaciones parecidas a esta se habrán desarrollado, sin duda, en muchas habitaciones de hoteles, donde los ciclistas ”recuperan fuerzas”. El famoso Director del Tour, con sus recientes declaraciones, parece ser que viene del país de los tontos que nada de nada saben.

“Lucharemos con todas nuestras fuerzas para que el Tour se vea limpio de doping en los corredores”. Pues en tus manos está y es bien fácil. Mira, yo te puedo sugerir una solución, y eso que nunca estuve encima de una bici más de 2 horas: poned etapas de 100 km, máximo un puerto de montaña, dejad recuperar a los deportistas del esfuerzo, alimentadlos según los cánones aportándoles hidratos de carbono, procurad, en fin, que tengan un equilibrio entre la ingesta y el esfuerzo, y de esta forma no se envenenarán. Y el que lo haga, ¡fuera!

Incluso siendo un profano, os voy a dar otra: cogéis una bici, os hacéis vosotros, directores, patrocinadores, entrenadores, médicos y masajistas una etapa de X kilómetros y lo que vosotros aguantéis hoy, que lo hagan los corredores mañana. ¿O es que el mero hecho de ser jóvenes los convierte en máquinas que han de echar la bilis al segundo día?

Nunca olvidaré el día que, yendo a trabajar, paré a ver una etapa de la Vuelta a Asturias. El final era en el alto de la Casa del Puerto (Tineo). La pendiente tiene un tanto por ciento que desconozco, pero si fastidia subirla andando me imagino lo que será hacerlo en bici.

Les habían metido ciento y muchos km antes de la llegada y uno por uno fueron pasando por donde me encontraba, literalmente reventados. En un momento dado, vi a un corredor que llevaba un colgajo en su barbilla... era baba, era saliva espumosa.

Yo, estaba solo en aquel paraje y ante mi sorpresa me dijo: "ayúdame". Pasaron tres o cuatro segundos hasta que reaccioné, así que me puse tras la bici y ante la ausencia de jueces o coche alguno, le empujé en la zona lumbar, durante 200 o 300 metros... lo que pude. Mientras, el corredor dejó de pedalear, para recuperarse un poco.

Cuando se me salía el corazón por la boca, le dije: "venga Miguel, campeón, es solo una pájara. Tú puedes. Hala, no te pares". Pero en el fondo sabíamos ambos que solo eran palabras vacías. Cuando un deportista agota sus reservas de glucosa y el músculo no tiene combustible que quemar, las frases de apoyo son inútiles porque es esos momentos la psique no funciona, no eres más que un muñeco roto encima de una bici o en una pista de atletismo o sobre unos esquís, es igual.

Aquel día vi un Miguel Induráin real, como digo, con una pájara impresionante y pensé: "no todos van dopados; si este hoy lo fuera, subiría como una posta". Y al final se lo conté a poca gente porque, ¿quién lo iba a creer?

Aquella noche, yo tenía cena con los chavales a los que entreno y casualmente el equipo de Induráin cenaba y dormía en el hotel Don Miguel de Tineo. Allí coincidimos los dos grupos y, aunque el “Indu” siempre fue un chaval llano y paciente, accedió de inmediato a hacer una foto conmigo cuando se lo pedí (yo me cuidé “muy mucho” de decirle: "¡oye, que soy el del empujón!"). Al final le di las gracias y él me dijo: "no, gracias a ti por lo de esta tarde". Las carcajadas bajaron el telón de este acto.

Resumiendo: si no queréis que se dopen, no les exijáis milagros. Es que parece que vengáis de otro mundo o que vuestro cinismo os nubla. Cuando tú, Sr. Leblanc, corrías, ¿eran tan exigentes contigo? ¿O es que ya te daban bidones de dudoso contenido?

Santi Perez, Chava, Roberto Heras, Pantani y tantos y tantos otros, son ídolos caídos, pero por la exigencia y presión a la que se ven sometidos, no por afición personal, de eso no tengo dudas.

Y digo más: Mínguez, como director deportivo, decía el pasado año que él no puede hacerse responsable de lo que tomen sus pupilos. Eso es cierto, pero sí puedes hacer análisis a los deportistas y echar al que se dope, pero claro, a ti también te exigen resultados, ¿verdad? ¡Pregúntale a Sainz!

Pues nada, sigamos con etapas mastodonticas y démosles barritas energéticas, y cuando les veamos echar el hígado por la boca, no pasa nada, que revienten, que para eso cobran.

¿No? ¿Sí? ¿O qué? ¿Será por eso que no vemos hijos de directores de equipo como ciclistas en equipos profesionales?
Mecachis, que mal “pensao” soy, puñeta!

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