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Etiquetas:   Momento de reflexión   -   Sección:   Opinión

Protección eficaz

Octavi Pereña
Octavi Pereña
jueves, 8 de junio de 2006, 03:02 h (CET)
La oleada de robos silenciosos en chalets y viviendas rurales, algunos de ellos acompañados de encarnizamiento gratuito con las víctimas que dormían tranquilamente, ignorando el allanamiento de su vivienda, ha despertado la alarma entre los residentes de zonas poco pobladas y un tanto descuidadas por la policía, por no considerarlas peligrosas. El gobierno central y los autonómicos han tomado cartas en el asunto y decidido reforzar la presencia de la policía en estas zonas con el propósito de frenar, dentro de lo posible, la actuación de los desaprensivos que de una manera organizada son amantes de lo ajeno. La alarma social es lógica. Los deseos de los residentes, en zonas que podríamos catalogar hoy de alto riesgo, de crear turnos de vigilancia para frenar la presencia de cacos, no lo es menos.

Con el fin de despertar expectación en su próxima venida gloriosa al final del tiempo, Jesús utiliza este símil que tiene que ver con el tema motivo de reflexión que hoy nos interesa: “Pero sabed esto: que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría horadar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados, porque el Hijo del Hombre, vendrá a la hora que no pensáis” (Mateo,24:43,44). Por lo que hace referencia a nuestro tiempo, el Señor da el visto bueno a la prudencia que manifiesta el padre de familia que toma medidas para impedir que el delincuente entre en su casa y se lleve lo que no le pertenece y que tal vez le ha costado mucho esfuerzo y sudor conseguir. Dejando a un lado la prudencia que deben manifestar los residentes en zonas despobladas, la experiencia adquirida debería enseñarnos que en el futuro no se siga el modelo de crecimiento urbano hoy tan de moda que consiste en construir viviendas unifamiliares que, además de ocupar excesivo suelo que se le arrebata a la agricultura, dificulta que la policía pueda ejercer un efectivo control.

Sin olvidar la prudencia que induce a tomar medidas de prevención, no deben olvidarse las palabras del salmista: “Si el Señor no protege la ciudad, en vano vela la guardia” (Salmo,127:1). Con estas palabras, el poeta no induce al lector a la indolencia, dejando exclusivamente la defensa de la ciudad en las manos de Dios. El sentido común dice que tal proceder es demencial. Lo que el escritor sagrado quiere compartir con el lector es de que no debe confiar solamente en sus propias fuerzas para enfrentarse a un enemigo superior en poder bélico, sino que, sin descuidar su responsabilidad de protegerse y prepararse para el combate,debe confiar en Dios que es su fortaleza y quien puede disuadir al enemigo a enfrentarse a él.

Este texto es de fácil aplicación al tema en el que hoy reflexionamos. No debemos dejar exclusivamente la protección de nuestros hogares en nuestras manos y en nuestro sentido común. Confiemos en el Señor sabiendo que la protección de nuestras vidas y de nuestros bienes se encuentran en las mejores manos.

Las palabras del salmista traen otro bien a quienes les prestan atención. Es muy posible que los ladrones nunca se fijen en nuestra vivienda para expoliarla. Pero nos darán tranquilidad ante el alud de noticias que se nos viene encima de asaltos silenciosos durante la noche: “En paz me acosté, y asimismo dormiré, porque sólo tu, Señor me haces vivir confiado” (Salmo,4:8).

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