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Etiquetas:   Pensatientos de un hombre o medio   -   Sección:   Opinión

La inexplicable levedad del ser

Sandra García

jueves, 8 de junio de 2006, 03:02 h (CET)
Desde tiempos inmemorables el hombre ha intentado dar respuesta a las preguntas más trascendentales de la humanidad: ¿Existe Dios? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Hay vida después de la muerte? Numerosos filósofos del pasado han creído tener la clave del secreto: Platón, Nietzsche, Kant e incluso otros más cercanos como Iker Jiménez.

Sin embargo hay otro tipo de incógnitas, quizá de menos relevancia pero que en definitiva nos resultan más cercanas a todos. E incluso me atrevería a decir que son casi más inexplicables que las anteriores.

Y una de ellas son los “record guinness”, que para el que aún no lo tenga claro, es algo así como: “a ver quién hace la salvajada más grande”. Como beberse un vaso de leche por la nariz y expulsarla por el ojo a una distancia de siete metros. Aunque el que acomete la hazaña deja claro que los metros son aproximados (como si aquí lo importante fueran los metros). O ¿qué me dicen del record de: “la paella más grande del mundo”? Para 110.000 raciones. ¡Pero si todos sabemos que la paella para más de seis, como que no sabe igual…! Pues esta lleva 6000 Kilos de arroz, 11000 Kilos de aceite de oliva extra (con el precio que tiene), 12500 Kilos de pollo y conejo, 5000 Kilos de verduras, etc… Parece más bien el balance de una ayuda humanitaria ¿verdad? Porque con estas cifras comería una buena parte de África. Pero ojo, no vayan a pensar que ellos no lo hacen por una buena causa. ¡Claro que sí!: entrar en “El libro de los record guinness”. Un libro que como todo el mundo sabe, es un bet-seller.

Otro de los interrogantes de la actualidad son “las estadísticas”. ¿De verdad son necesarias? O más bien, ¿todas son necesarias? Porque me consta que un número X de científicos y expertos en la materia (sea la que sea) ocupa su tiempo, su dedicación y todas esas cosas, en llegar a conclusiones tan profundas como: “Los hombres comen más chocolate de madrugada que las mujeres”. Y mi pregunta es: ¿cómo pueden saber esto? Espero que no lo hagan por teléfono, porque si a mí me llama alguien, por muy científico que sea a les tres de la mañana para preguntarme si estoy comiendo chocolate, pues como que me acuerdo de su familia. Además ¿para qué sirve esta estadística? Salvo para la casa Nestlé, para el resto, como que…

Y ya que estamos hablando de cosas paradigmáticas, hay una serie de raras concordancias que suceden a diario, en nuestras costumbres cotidianas, sin que a penas nos demos cuenta y que no tienen una aclaración lógica.

Por ejemplo, ¿por qué nos llevamos el periódico cuando vamos al baño? ¿Damos por hecho que el tema va para largo? Y si no es así…¿No lo leeríamos mejor tumbados en nuestro sofá?
O… ¿qué impulso nos empuja a cantar en la ducha, cuando en el resto del día no lo hacemos? ¿Qué extraña relación guarda el jabón con Verdi? Porque está demostrado que todo el mundo canta: “La Donna è mobile” en la ducha. (Al igual que a todo el mundo le da por cantar “América” de Nino Bravo en los karaokes). Seguro que ya hay una estadística de esas que lo ha comprobado.

Pero para extrañas relaciones la del ascensor y el tiempo. Y si no, ¿por qué cuando coincidimos en un ascensor con extraños acabamos diciendo cosas como: “Pues parece que se está poniendo feo”. “Pues sí, parece que va a llover”. “Falta que hace”. “Ya lo dijo el hombre del tiempo”…? A lo mejor porque el tiempo es una de las grandes incógnitas de la humanidad. . Sobre todo el “hombre del tiempo”. Y si no, ¿cómo es posible que nos de todos los días el parte meteorológico que aconteció hoy? ¡Pero si lo que ha sucedido hoy ya lo sabemos!. El que queremos saber es el de mañana. Y ahí sí que lo tenemos difícil porque si vemos diferentes cadenas de tv en el mismo intervalo de tiempo nos daremos cuenta de que en una va a llover mañana en nuestra comunidad, en otra dan nubes y claros y en la otra un sol radiante.

¿Y qué me dicen de la simbiosis oculta que une a los semáforos con los mocos? Porque está claro que en cuanto en semáforo se pone en rojo a todos nos entra una imperiosa necesidad de meternos el dedo en la nariz que no tiene lógica. ¿O sí? Todo un enigma.

Pero para enigma la relación entre los jubilados y la palabra “gratis”. ¿No se han fijado que allí donde haya un evento gratuito acuden más de doscientos jubilados? Da igual lo que sea, “jornada de puertas abiertas”, “degustación de lombardas” o “cocidito madrileño” (aunque sea en pleno Agosto) Y aguantan colas de horas y horas a 40 grados a la sombra. ¡Y tan contentos! Ahora, cuando les dices: “¡Abuelo, ¿puede usted ir a recoger un encargo? Si es aquí al lado”. Entonces te salen con que: “Hijo, si ya sabes que yo no puede estar mucho tiempo de pie”.

Es que eso de las colas es también un expediente X. Y si no, ¿cómo se puede explicar que haya una multitud de personas haciendo colas de metros y metros para entrar al Cristo de Medinaceli todos los viernes y sólo los viernes? ¿Es que acaso el Cristo “libra” de Sábado a Jueves? (Pues si es así vaya suerte que tiene) .
Aunque no quisiera entrar en el tema de la religión versus lógica, eso se lo dejo a Iker Jiménez. Pero debido al tema que nos ocupa no puedo dejar de preguntarme algo muy existencial que me corroe desde hace años: ¿Por qué los penitentes en Semana Santa van tapados con los llamados capirotes? ¿De qué se ocultan? Y sobre todo…¿qué extraña relación hay entre la Semana Santa y el “KuKusKlan”?

Aunque no crean, también me planteo dudas de suma importancia como por ejemplo… ¿por qué los futbolistas escupen en el césped tan a menudo? ¿Es qué acaso creen que es él el culpable de la ausencia de goles? O, ya que estamos en el tema… ¿por qué los futbolistas llaman a su entrenador “mister”? ¿Es que de verdad creen que Luis Aragonés o Benito Floro son los hombres más guapos de España?

Y es que en realidad, la vida está llena de incógnitas. Y como dijo aquél: “en filosofía son más esenciales las preguntas que las respuestas”. Y yo, que disto mucho de ser filósofo sólo me pregunto una última cuestión, aunque digamos que en definitiva es la más importante: ¿Qué demonios hago yo escribiendo estas estupideces en vez de trabajar? A este paso no acabo esa dichosa estadística.

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